DICCIONARIO MÉDICO
Bilis
La bilis es una secreción líquida de color amarillo verdoso que el hígado produce de forma continua y que se almacena en la vesícula biliar entre las comidas. Interviene en la digestión y absorción de las grasas en el intestino delgado y funciona, además, como vía de excreción de sustancias de desecho, entre ellas la bilirrubina. Su producción diaria oscila entre 500 y 1 000 mililitros. La palabra proviene directamente del latín bīlis, que designaba tanto la secreción hepática como, en sentido figurado, la cólera o el mal humor. El castellano heredó la voz culta bilis y la patrimonial hiel (del latín fel, fellis), ambas referidas a la misma sustancia. En la teoría hipocrática de los humores, la bilis amarilla (χολή, cholḗ) representaba el temperamento colérico, y la expresión latina atra bilis (bilis negra) dio origen a la palabra melancolía y al adjetivo atrabiliario. Desde el punto de vista fisiológico, la bilis es un líquido isoosmótico respecto del plasma, compuesto en un 95 % por agua. El resto lo constituyen sales biliares (derivadas del colesterol), fosfolípidos (sobre todo lecitina), bilirrubina conjugada, electrolitos y pequeñas cantidades de proteínas. Los hepatocitos la secretan hacia los canalículos biliares mediante transporte activo de sales biliares, un paso que arrastra por ósmosis el agua y los electrolitos restantes. La función más conocida es la emulsificación de los lípidos de la dieta. Las sales biliares actúan como detergentes biológicos: fragmentan las gotas de grasa en partículas diminutas llamadas micelas, lo que multiplica la superficie disponible para que actúen las lipasas pancreáticas. Sin ese fraccionamiento previo, la absorción de grasas y de vitaminas liposolubles (A, D, E y K) en el intestino delgado se vería gravemente comprometida. Menos evidente, pero igual de relevante, es su papel como vía de excreción. A través de la bilis el organismo elimina bilirrubina (el pigmento que resulta de la degradación de la hemoglobina), colesterol excedente, metabolitos de fármacos y otras sustancias potencialmente tóxicas. Plinio el Viejo ya utilizó la expresión bilis suffusa para describir la ictericia, esa coloración amarillenta de la piel que aparece cuando la bilirrubina no consigue eliminarse con normalidad. Entre comidas, alrededor del 75 % de la bilis se desvía hacia la vesícula biliar a través del colédoco y el conducto cístico. La vesícula absorbe hasta el 90 % del agua, de modo que concentra la bilis varias veces antes de liberarla. Cuando el alimento (sobre todo si contiene grasa) llega al duodeno, la mucosa intestinal secreta colecistoquinina, una hormona que provoca la contracción de la vesícula y la relajación del esfínter de Oddi. La vesícula vacía entonces entre el 50 y el 75 % de su contenido en pocos minutos. Una vez vertidas en el duodeno, las sales biliares recorren el intestino delgado cumpliendo su función emulsificante. La mayor parte (cerca del 90 %) es reabsorbida activamente en el íleon terminal y regresa al hígado por la vena porta. Allí, los hepatocitos las recaptan, las conjugan si es necesario y las secretan de nuevo hacia los canalículos. Este circuito, que recibe el nombre de circulación enterohepática, se repite entre 10 y 12 veces al día. Solo una fracción pequeña escapa a la reabsorción y se pierde con las heces, obligando al hígado a sintetizar sales biliares nuevas a partir del colesterol. La eficiencia de este reciclaje no es un dato menor. Cada día el cuerpo humano utiliza entre 20 y 30 gramos de sales biliares, pero apenas necesita fabricar medio gramo diario para reponer lo que se pierde. Del latín bīlis, que significaba a la vez la secreción hepática y la cólera. En la medicina hipocrática, la bilis amarilla (en griego χολή, cholḗ) era uno de los cuatro humores corporales y se asociaba al temperamento colérico. De esa raíz griega proceden términos como colecistitis, colédoco o cólera. La voz popular castellana para la misma sustancia es hiel, heredada del latín fel. No. Cuando se extirpa (colecistectomía), la bilis pasa directamente del hígado al intestino delgado sin almacenamiento intermedio. La digestión de las grasas puede verse algo afectada en las primeras semanas, pero la mayoría de las personas se adapta sin secuelas relevantes. Directa. La bilirrubina conjugada que viaja con la bilis hasta el intestino es transformada por las bacterias colónicas en pigmentos llamados urobilinógeno y estercobilina, responsables del tono marrón habitual de las deposiciones. Si la bilis no llega al intestino (por ejemplo, ante una obstrucción del colédoco), las heces se vuelven pálidas, casi blancas, un fenómeno que los clásicos denominaban acolia. Sí. Bilis es la voz culta tomada del latín y hiel la forma patrimonial derivada de fel. En el uso médico se prefiere bilis; en el lenguaje coloquial persiste hiel, casi siempre con connotación figurada de amargura. Si desea profundizar en conceptos asociados a la bilis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la bilis
Funciones de la bilis en el organismo
Almacenamiento y liberación
Circulación enterohepática de las sales biliares
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra bilis?
¿La vesícula biliar es imprescindible?
¿Qué relación tiene la bilis con el color de las heces?
¿Bilis y hiel son lo mismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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