DICCIONARIO MÉDICO
Hígado
El hígado es la víscera más voluminosa del cuerpo humano y la mayor de sus glándulas. Se aloja en el hipocondrio derecho, justo bajo el diafragma, y reparte su actividad entre el metabolismo de los nutrientes, el almacenamiento de energía, la fabricación de bilis y la depuración de la sangre que le llega desde el intestino. El hígado es un órgano glandular de gran tamaño situado en la parte superior derecha del abdomen, por debajo de las costillas. En un adulto pesa alrededor de kilo y medio, cifra que lo sitúa como el órgano interno más grande. Su color pardo rojizo y su consistencia blanda contrastan con la firmeza de la fina cápsula fibrosa que lo recubre, conocida como cápsula de Glisson. Detrás del nombre se oculta una historia gastronómica. Procede del latín ficatum, y no de iecur, que era la palabra clásica para designar esta víscera. En la Roma antigua se cebaba a las ocas con higos (ficus, en latín) y el plato resultante se llamaba iecur ficatum, es decir, hígado con higos. El uso fue abreviando la expresión a ficatum, que acabó nombrando el órgano de cualquier animal, también el del ser humano; de ahí derivó el fégado del castellano medieval y, más tarde, la forma hígado. El adjetivo hepático siguió otro rumbo y mantiene la antigua raíz griega hēpar. Por su cara anterior, el hígado se reparte en dos lóbulos principales: el derecho, más grande, y el izquierdo, separados por el ligamento falciforme, un repliegue del peritoneo que lo sujeta a la pared abdominal y al diafragma. La cara inferior muestra otros dos lóbulos menores, el cuadrado y el caudado, delimitados por surcos donde se acomodan la vesícula biliar y los grandes vasos. La entrada y salida de estructuras se concentra en un surco de esa cara inferior, el hilio hepático o porta del hígado. Por él penetran la arteria hepática y la vena porta, y de él salen los conductos hepáticos que recogen la bilis. Esa doble entrada de sangre distingue al hígado del resto de vísceras: cerca de tres cuartas partes del flujo que recibe no llega oxigenado desde el corazón, sino cargado de nutrientes desde el intestino por la vena porta. La pieza que se repite miles de veces dentro del órgano es el lobulillo hepático, de contorno más o menos hexagonal. En su centro discurre una vénula que recoge la sangre ya procesada; en los vértices se sitúan las tríadas portales, pequeños trípticos con una rama de la vena porta, otra de la arteria hepática y un conductillo biliar. Entre esos dos extremos se alinean los hepatocitos, las células que ejecutan casi todo el trabajo químico del hígado. Estas células se disponen en láminas separadas por capilares de pared porosa, los sinusoides, por donde la sangre circula despacio para que puedan filtrarla. Pegadas a esas paredes habitan las células de Kupffer, macrófagos que retiran bacterias, restos celulares y glóbulos rojos envejecidos. El parénquima hepático trabaja, así, como laboratorio y como filtro al mismo tiempo. Cuesta condensar en pocas líneas cuanto hace el hígado, porque participa en procesos muy distintos entre sí. Fabrica la bilis, el líquido verdoso que emulsiona las grasas en el intestino y cuya retención da lugar a la colestasis. Mantiene a raya el azúcar de la sangre: guarda glucosa en forma de glucógeno cuando sobra y la devuelve a la circulación cuando escasea. Elabora, además, la mayor parte de las proteínas del plasma, entre ellas la albúmina y los factores que permiten la coagulación. A esa cara constructora se le añade una depuradora. Transforma el amoníaco, residuo tóxico del metabolismo de las proteínas, en urea que el riñón expulsa. Neutraliza toxinas y procesa buena parte de los medicamentos que llegan a la sangre, casi siempre para inactivarlos y facilitar su salida. Almacena hierro y vitaminas A, D y B12. Y conserva una propiedad poco común entre las vísceras: un hígado sano recupera gran parte de su masa tras la pérdida de un fragmento, algo que ningún otro órgano interno logra en la misma medida. El nombre no viene del latín iecur ni del griego hēpar, sino de un plato de cocina. Los romanos engordaban las ocas con higos y llamaban al resultado iecur ficatum, hígado con higos. Con los siglos, el segundo término se quedó solo y ficatum terminó designando el órgano en sí, hasta llegar, tras varias transformaciones, al hígado del español actual. Alrededor de kilo y medio en una persona adulta. Ocupa el hipocondrio derecho, en la zona superior derecha del abdomen, alojado bajo el diafragma y protegido por las últimas costillas. Una pequeña porción cruza hacia el lado izquierdo, por encima del estómago. Sí. Es el único órgano interno capaz de reponer una parte considerable de su volumen tras perder tejido. Esa propiedad hace posible, por ejemplo, que una persona done una porción de su hígado. Son dos órganos distintos que colaboran. El hígado produce la bilis de forma continua; la vesícula biliar, una bolsa pequeña situada bajo el hígado, la almacena y la concentra entre comidas para verterla al intestino cuando llega la grasa. El hígado es una glándula voluminosa; la vesícula, un simple reservorio.Qué es el hígado
Anatomía y situación
Cómo se organiza por dentro
Para qué sirve el hígado
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama hígado si en latín esa víscera era iecur?
¿Cuánto pesa el hígado y dónde se encuentra?
¿Es verdad que el hígado se regenera?
¿En qué se diferencian el hígado y la vesícula biliar?
Referencias
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