DICCIONARIO MÉDICO
Cavidad peritoneal
La cavidad peritoneal es el espacio virtual comprendido entre las dos hojas del peritoneo —la parietal, que tapiza la pared interna de la cavidad abdominal, y la visceral, que envuelve los órganos—. Tiene un volumen mínimo en condiciones normales (en torno a 10 mL de líquido seroso lubricante), está contenida dentro de la cavidad abdominal pero es conceptualmente distinta de ella, y constituye el espacio anatómico de referencia para entender la diseminación de patología abdominal, los abordajes quirúrgicos peritoneales y la diálisis peritoneal. La cavidad peritoneal es un espacio virtual: las dos hojas del peritoneo (parietal y visceral) están en aposición continua, separadas únicamente por una fina película de líquido peritoneal que las lubrica. Su grosor en condiciones normales es comparable al de un cabello. En el adulto sano contiene aproximadamente 10 mL de líquido seroso compuesto por agua, electrólitos, fosfatidilcolina, leucocitos y anticuerpos, secretado por las células mesoteliales del peritoneo y reabsorbido principalmente por los vasos linfáticos de la cara inferior del diafragma, que se mantienen activos de forma constante. Esta dinámica produce-absorbe permite la renovación continua del líquido y la limpieza del espacio peritoneal. El nombre cavidad peritoneal deriva del adjetivo peritoneal, derivado a su vez del sustantivo peritoneo, voz que la Real Academia Española documenta del latín tardío peritonaeum y este del griego περιτόναιον (peritónaion), de περίτονος (perítonos, "cubierto con algo estirado o tenso"). El desarrollo etimológico completo, con la primera documentación en Galeno (siglo II d. C.), se encuentra en la entrada principal peritoneo. Una precisión conceptual relevante: en la cavidad peritoneal, en condiciones normales, no hay órganos. Las vísceras se sitúan dentro de la cavidad abdominal y se relacionan con el peritoneo (envolviéndose con su hoja visceral, situándose detrás de él o por debajo) sin entrar en el espacio virtual entre las dos hojas. La analogía clásica es la de un globo lleno de agua: presionar el globo con el puño cambia su forma alrededor del puño, pero el puño no entra dentro del globo. Algunas fuentes divulgativas afirman incorrectamente que "los órganos abdominales se hallan en la cavidad peritoneal"; lo correcto es que se hallan en la cavidad abdominal y se clasifican topográficamente respecto al peritoneo. Tras la rotación gástrica embrionaria y el desarrollo de la curvatura mayor del estómago, la cavidad peritoneal queda dividida en dos sacos comunicados entre sí por un único orificio. El saco mayor es la porción principal y de mayor extensión: ocupa la mayor parte del espacio peritoneal y es la cavidad a la que se accede al practicar una incisión quirúrgica a través de la pared abdominal anterolateral. El saco menor o bolsa omental es una subdivisión retrogástrica: se encuentra detrás del estómago y del epiplón menor, sobre el páncreas y delante del retroperitoneo. La comunicación entre ambos sacos se establece a través del orificio omental o foramen epiploico, conocido históricamente como hiato de Winslow: una apertura natural cuyo borde anterior está formado por el ligamento hepatoduodenal con el pedículo hepático (vena porta, arteria hepática y colédoco) y cuyos otros tres bordes están delimitados por la vena cava inferior (posterior), el lóbulo caudado del hígado (superior) y la primera porción del duodeno (inferior). El desarrollo anatómico-quirúrgico de la bolsa omental se encuentra en la entrada transcavidad de los epiplones. Una segunda subdivisión topográfica, complementaria de la anterior y relevante en cirugía abdominal y en imagen, organiza el saco mayor en dos regiones por la inserción del mesocolon transverso —repliegue peritoneal que une el colon transverso con la pared abdominal posterior—. La región supramesocólica, por encima del mesocolon transverso, aloja estómago, hígado, bazo y porción superior del duodeno. La región inframesocólica, por debajo del mesocolon, aloja yeyuno, íleon, colon ascendente y descendente, y se prolonga caudalmente hacia la pelvis. Esta partición topográfica explica patrones de diseminación de líquido peritoneal patológico —ascitis, sangre, contenido infeccioso— por gravedad y por flujos peritoneales fisiológicos, y orienta las vías de abordaje quirúrgico según la localización de la patología. La relación que cada víscera abdominal establece con el peritoneo es académicamente fundamental y vertebra la anatomía topográfica abdominal. Se distinguen tres situaciones. Intraperitoneal: víscera envuelta casi por completo por peritoneo visceral, conectada a la pared posterior por un repliegue (mesenterio o meso) que le aporta la vascularización e inervación. Son intraperitoneales el estómago, el bazo, el hígado, el yeyuno, el íleon, el ciego, el colon transverso y el colon sigmoideo. Retroperitoneal: víscera situada por detrás del peritoneo parietal, en contacto con la pared abdominal posterior. Pueden ser retroperitoneales primarias (lo han sido siempre: riñones, glándulas suprarrenales, uréteres, aorta abdominal, vena cava inferior, gran parte del duodeno y del páncreas) o retroperitoneales secundarias (lo son por fusión peritoneal secundaria: colon ascendente, colon descendente, parte del duodeno). Subperitoneal: víscera situada por debajo del peritoneo parietal, en la pelvis. Son subperitoneales la vejiga urinaria, el recto distal, el útero, la próstata y las vesículas seminales. Esta clasificación no es académica abstracta: condiciona los abordajes quirúrgicos, las vías de diseminación de procesos infecciosos y oncológicos, y los hallazgos en imagen. Una colección peritoneal libre tiende a acumularse en los puntos declives de la cavidad peritoneal (fosa pélvica, espacio subfrénico derecho, gotieras paracólicas), mientras que un absceso retroperitoneal se mantiene confinado por la fascia retroperitoneal sin pasar al saco peritoneal libre. La cavidad peritoneal presenta una diferencia anatómica relevante entre sexos. En el hombre, es un espacio completamente cerrado: el peritoneo parietal no se interrumpe en ningún punto y no comunica con el exterior. En la mujer, en cambio, la cavidad peritoneal presenta dos puntos de comunicación con el exterior a nivel del pabellón de las trompas uterinas (también llamadas trompas de Falopio): el extremo distal de cada trompa, próximo al ovario, está abierto al espacio peritoneal por un lado y se continúa por el otro con la cavidad uterina, que a su vez se comunica con la vagina y, por tanto, con el exterior. Es la única apertura natural del saco peritoneal en el adulto. Esta asimetría tiene implicaciones clínicas concretas: la cavidad peritoneal femenina constituye una vía potencial de ascenso de infecciones desde el tracto genital inferior, mecanismo de la enfermedad pélvica inflamatoria; el embarazo ectópico abdominal —raro pero descrito— se explica por la fertilización tubárica con implantación peritoneal. También condiciona el patrón de diseminación de algunas patologías oncológicas ginecológicas, como la carcinomatosis peritoneal de origen ovárico, abordada en la entrada carcinomatosis peritoneal. La cavidad peritoneal es el espacio anatómico que se aborda en la mayor parte de la cirugía abdominal abierta y mínimamente invasiva. Su acceso quirúrgico se desarrolla en las entradas laparotomía (cirugía abierta tras incidir todas las capas de la pared abdominal hasta el peritoneo parietal) y laparoscopia (cirugía mínimamente invasiva mediante insuflación previa de la cavidad con CO₂ y trocares). La cavidad peritoneal aloja con frecuencia colecciones patológicas que dan nombre a entidades clínicas con entradas propias: ascitis (acumulación de líquido seroso, por hipertensión portal o hipoalbuminemia), hemoperitoneo (sangre, generalmente por traumatismo o rotura visceral), neumoperitoneo (aire libre, casi siempre por perforación de víscera hueca), absceso peritoneal y peritonitis. La evaluación directa de este contenido se realiza mediante paracentesis abdominal (punción evacuadora con fines diagnósticos y terapéuticos) o lavado peritoneal diagnóstico (instilación de cristaloides y aspiración para detectar hemoperitoneo). Las complicaciones cicatriciales postquirúrgicas dan lugar a adherencias peritoneales. Una aplicación terapéutica de gran relevancia es la diálisis peritoneal, técnica de depuración extrarrenal que aprovecha las propiedades semipermeables del peritoneo. Se introduce una solución de diálisis en la cavidad peritoneal a través de un catéter permanente; las toxinas urémicas y el exceso de agua difunden desde la sangre capilar peritoneal hacia la solución, que se drena y reemplaza periódicamente. Es alternativa a la hemodiálisis en pacientes con insuficiencia renal terminal. No. La cavidad abdominal es un espacio macroscópico continente: el volumen anatómico delimitado por las paredes abdominales, el diafragma y el suelo pélvico, donde se alojan las vísceras. La cavidad peritoneal es un espacio virtual interior: el espacio comprendido entre las dos hojas del peritoneo (parietal y visceral), con apenas unos 10 mL de líquido lubricante en condiciones normales. La cavidad peritoneal está contenida dentro de la cavidad abdominal pero es conceptualmente distinta. La diferenciación con tres ejes contrastivos (naturaleza del espacio, contenido, implicaciones clínicas) se desarrolla en la entrada cavidad abdominal. No en condiciones normales. Las vísceras abdominales se sitúan dentro de la cavidad abdominal y se relacionan con el peritoneo de tres formas: intraperitoneales (envueltas casi por completo por peritoneo visceral), retroperitoneales (situadas por detrás del peritoneo parietal) o subperitoneales (por debajo de él en la pelvis). Ninguna víscera está dentro del espacio virtual entre las dos hojas peritoneales. Algunas fuentes divulgativas afirman incorrectamente que "los órganos se hallan en la cavidad peritoneal"; la formulación rigurosa es que se hallan en la cavidad abdominal y se clasifican topográficamente respecto al peritoneo. En dos sacos comunicados a través del orificio omental (hiato de Winslow): el saco mayor (porción principal, a la que se accede directamente al abrir el abdomen) y el saco menor o bolsa omental (subdivisión retrogástrica desarrollada en la entrada transcavidad de los epiplones). El saco mayor se subdivide a su vez en una región supramesocólica (por encima del mesocolon transverso, con estómago, hígado y bazo) y una región inframesocólica (por debajo del mesocolon, con intestino delgado y otros). Esta partición explica los patrones de diseminación de líquidos peritoneales patológicos y orienta los abordajes quirúrgicos. Por la disposición del extremo distal de las trompas uterinas, abierto al espacio peritoneal cerca de cada ovario. En el hombre, la cavidad peritoneal es un saco completamente cerrado sin comunicación con el exterior. En la mujer, las trompas uterinas comunican el espacio peritoneal con la cavidad uterina y, por tanto, con la vagina y el exterior. Es la única apertura natural del saco peritoneal en el adulto sano. Tiene implicaciones clínicas (vía potencial de ascenso de infecciones desde el tracto genital inferior, mecanismo del embarazo ectópico abdominal raro, patrón de diseminación de algunas patologías oncológicas ginecológicas). Si desea profundizar en conceptos asociados a la cavidad peritoneal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cavidad peritoneal
Subdivisión: saco mayor y bolsa omental
Clasificación topográfica de las vísceras respecto al peritoneo
Ccavidad cerrada en el hombre, abierta en la mujer
Aplicación clínica y quirúrgica
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo cavidad peritoneal que cavidad abdominal?
¿Hay órganos dentro de la cavidad peritoneal?
¿En qué se divide la cavidad peritoneal?
¿Por qué la cavidad peritoneal es distinta en hombres y mujeres?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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