DICCIONARIO MÉDICO
Diálisis peritoneal
La diálisis peritoneal es una de las dos grandes modalidades de terapia renal sustitutiva para pacientes con insuficiencia renal crónica avanzada. No emplea un filtro artificial como la hemodiálisis, sino la membrana natural del propio paciente, el peritoneo, para depurar la sangre y eliminar el exceso de agua. Se realiza en el domicilio y permite mantener una vida social y laboral considerablemente autónoma. La diálisis peritoneal es un procedimiento que sustituye parcialmente la función depuradora del riñón utilizando el peritoneo como membrana semipermeable. En la cavidad abdominal se introduce, a través de un catéter permanente, un líquido estéril llamado líquido de diálisis o dializado. Ese líquido queda en contacto con la cara interna del peritoneo, que está intensamente vascularizada, y a través de esa membrana peritoneal los productos de desecho pasan desde la sangre hacia el líquido, del que después se drenan. El término combina dos raíces griegas. «Diálisis» procede de διάλυσις (diálysis), «separación» o «disolución», formada por διά (diá, «a través») y λύσις (lýsis, «acción de soltar, disolver»). «Peritoneal» deriva de περιτόναιον (peritónaion), la membrana que envuelve las vísceras abdominales, literalmente «lo que se extiende alrededor». La primera aplicación clínica documentada de esta técnica se atribuye al alemán Georg Ganter, en Würzburg, en 1923; el uso ambulatorio moderno solo fue posible tras el desarrollo del catéter blando por Henry Tenckhoff en 1968. Dos fenómenos físicos rigen el intercambio entre la sangre y el líquido de diálisis. La difusión desplaza solutos, principalmente urea, creatinina y potasio, desde la sangre capilar peritoneal, donde la concentración es alta, hacia el líquido, donde inicialmente es nula. La ultrafiltración arrastra agua desde la sangre hacia la cavidad abdominal siguiendo un gradiente osmótico creado artificialmente por el propio líquido de diálisis, que contiene una elevada concentración de un agente osmótico, habitualmente glucosa, y menos frecuentemente icodextrina o aminoácidos. El peritoneo actúa como una barrera heterogénea. Sus capilares están tapizados por poros de distinto calibre, y también por acuaporinas, canales específicos para el agua. Esta arquitectura explica por qué distintas moléculas atraviesan la membrana con velocidades diferentes y por qué la eficacia depurativa depende tanto del área expuesta como del tiempo de contacto entre sangre y líquido. La caracterización individual del transporte peritoneal, mediante el test de equilibrio peritoneal, orienta la elección del régimen de intercambios de cada paciente. Cada ciclo de diálisis peritoneal se llama intercambio y consta de tres fases: infusión del líquido en la cavidad abdominal, permanencia durante un tiempo determinado y drenaje del líquido cargado de desechos. La técnica se realiza en el domicilio del paciente, tras un periodo de adiestramiento por parte del equipo de nefrología, y admite dos grandes modalidades. Diálisis peritoneal continua ambulatoria (DPCA). El paciente realiza manualmente entre tres y cinco intercambios distribuidos a lo largo del día. Cada intercambio dura unos veinte o treinta minutos; el resto del tiempo el líquido permanece en la cavidad haciendo su trabajo mientras la persona continúa con su actividad habitual. Diálisis peritoneal automatizada (DPA). Una máquina llamada ciclador realiza los intercambios durante la noche, mientras el paciente duerme, con tiempos y volúmenes programados. Al despertar, se desconecta y el día queda libre. Existen variantes intermedias, como la diálisis peritoneal intermitente y la modalidad corriente o tidal, que se emplean en situaciones concretas. La elección entre unas y otras depende del tipo de transporte peritoneal, del ritmo de vida del paciente y de las circunstancias familiares. Ambas modalidades comparten un objetivo, sustituir la función del riñón, y unos principios físicos, difusión y ultrafiltración. Las diferencias, sin embargo, son sustanciales. La hemodiálisis emplea un filtro externo, el dializador, y requiere un acceso vascular (fístula, prótesis o catéter). Se realiza habitualmente en un centro hospitalario, tres veces por semana, en sesiones de cuatro horas, y depura de forma intermitente pero muy rápida. La diálisis peritoneal utiliza el peritoneo del paciente, prescinde de acceso vascular, se hace en el domicilio y funciona de forma continua o casi continua. La depuración es más lenta pero también más suave, con menos oscilaciones bruscas de la volemia y de la presión arterial. La preservación de la función renal residual tiende a ser mayor durante los primeros años. De la combinación del griego διάλυσις, «separación» o «disolución», y περιτόναιον, «lo que se extiende alrededor», nombre de la membrana serosa que reviste el abdomen. La primera diálisis peritoneal se practicó en 1923 en Alemania, y su versión ambulatoria continua se hizo posible en la década de 1960 con el catéter de Tenckhoff, todavía en uso con variantes. La mayoría sí. La técnica requiere una cavidad abdominal libre de adherencias importantes, un peritoneo funcionalmente conservado y una persona (el propio paciente o un cuidador) capaz de manejar el material con las condiciones de higiene necesarias. Algunas cirugías abdominales previas o determinadas hernias pueden dificultarla, pero rara vez la contraindican de forma absoluta. Depende. Puede mantenerse durante años, en cuyo caso suele acompañar al paciente hasta el trasplante renal o hasta una transición ordenada a hemodiálisis. Con el tiempo, la exposición prolongada a las soluciones de diálisis produce cambios estructurales en el peritoneo que reducen su capacidad de ultrafiltración; ese momento marca a menudo la necesidad de cambiar de técnica. En gran medida, sí. La modalidad automatizada permite viajar, trabajar y estudiar con relativa comodidad, ya que el tratamiento se concentra en las horas de sueño. La ambulatoria requiere pausas breves durante el día, pero muchas personas la integran sin dificultad en su rutina. La técnica exige, eso sí, escrupulosidad con la asepsia para prevenir la complicación más temida, la peritonitis. No. La diálisis peritoneal es una terapia de sustitución de la función renal que actúa como filtro externo. El trasplante renal, en cambio, es la implantación de un riñón nuevo procedente de donante vivo o fallecido, y restituye la función renal de forma mucho más completa. La diálisis peritoneal es habitualmente un puente hacia el trasplante en los candidatos elegibles, y una terapia definitiva de calidad en quienes no lo son. Consulte también la información clínica completa sobre la diálisis en la Clínica Universidad de Navarra Si busca información sobre la indicación, la técnica y el seguimiento clínico de la diálisis, incluida la modalidad peritoneal, puede consultar la página completa sobre diálisis elaborada por el Departamento de Nefrología de la Clínica Universidad de Navarra. Estas definiciones del Diccionario médico ayudan a completar el marco conceptual de la diálisis peritoneal:Qué es la diálisis peritoneal
Cómo depura la membrana peritoneal
El procedimiento: intercambios y modalidades
Diferenciación con la hemodiálisis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término diálisis peritoneal?
¿Puede cualquier persona con enfermedad renal recibir diálisis peritoneal?
¿Cuánto dura un tratamiento con diálisis peritoneal?
¿La diálisis peritoneal permite hacer vida normal?
¿Es lo mismo diálisis peritoneal que trasplante?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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