DICCIONARIO MÉDICO
Hemoperitoneo
El hemoperitoneo es la presencia de sangre libre en la cavidad peritoneal, el espacio que envuelve los órganos del abdomen. También se le denomina hemorragia intraperitoneal o intraabdominal, expresiones que apuntan al mismo hecho: sangre donde en condiciones normales no la hay. El término une haima (αἷμα, sangre) con peritonaion (περιτόναιον), el nombre griego del peritoneo, la fina membrana que tapiza la pared interna del abdomen y recubre las vísceras. Entre sus dos hojas queda un espacio, la cavidad peritoneal, que apenas contiene una mínima cantidad de líquido. Cuando la sangre se derrama en ese espacio, el resultado es un hemoperitoneo. Un rasgo de esta cavidad condiciona todo lo demás: es muy distensible. Puede alojar volúmenes grandes de sangre, en ocasiones por encima de los dos litros, sin oponer apenas resistencia. Esa amplitud explica que la pérdida hacia el interior del abdomen llegue a ser cuantiosa. Las causas se agrupan en dos grandes bloques. El primero, el más frecuente, es el traumatismo. Un golpe abdominal cerrado, típico de los accidentes de tráfico y las caídas, o una herida penetrante pueden lacerar órganos que sangran con facilidad. El hígado y el bazo encabezan esa lista, seguidos de los vasos que irrigan el intestino. El segundo bloque reúne los orígenes no traumáticos, en los que la sangre aparece sin un impacto externo evidente. Entran aquí la rotura de un aneurisma de la arteria esplénica, la rotura espontánea de órganos debilitados por enfermedades como la cirrosis o ciertos tumores, y los trastornos de la coagulación o el efecto de tratamientos anticoagulantes. Entre las causas de origen ginecológico figura la rotura de un embarazo ectópico, que puede verter sangre a la cavidad de forma abrupta. La cavidad peritoneal se comporta como un reservorio. Al no oponer barrera, la sangre se distribuye por los huecos entre las vísceras y tiende a descender hacia las zonas más bajas, como el fondo de saco situado en la pelvis. Esta distribución tiene una consecuencia peculiar: cuando la sangre alcanza la cara inferior del diafragma, puede notarse una molestia referida al hombro, lejos del punto donde realmente está el problema. La misma amplitud que permite acumular tanto volumen hace que, en las fases iniciales, una cantidad moderada de sangre pase casi inadvertida dentro del abdomen. El espacio la absorbe sin manifestarse de inmediato. Interesa distinguirlo de otros contenidos anómalos de la cavidad. La ascitis es la acumulación de líquido de aspecto seroso, no de sangre; el coleperitoneo corresponde a la presencia de bilis, y el neumoperitoneo, a la de aire. Conviene además separar la hemorragia intraperitoneal, que ocupa la cavidad, de la que se produce por detrás de ella, en el retroperitoneo, un compartimento distinto con su propio comportamiento. Se compone del griego haima, sangre, y peritonaion, el peritoneo. Literalmente, sangre en el peritoneo. No. La ascitis es líquido seroso acumulado en la cavidad peritoneal, mientras que el hemoperitoneo es sangre. Aunque ambos ocupen el mismo espacio, la naturaleza del contenido es distinta y también lo es su origen. En los casos traumáticos, sobre todo el hígado y el bazo, por su rica vascularización y su tendencia a sangrar ante un impacto. También pueden intervenir los vasos del mesenterio y los grandes vasos abdominales. Sí. La cavidad peritoneal es muy distensible y admite volúmenes considerables, de manera que en las primeras fases una acumulación moderada puede no hacerse notar. Esa capacidad de contener sangre es también lo que la vuelve delicada, porque la pérdida puede ser mayor de lo que aparenta.Qué es el hemoperitoneo
De dónde procede la sangre
Cómo se acumula y por qué importa el espacio
Hemoperitoneo y términos vecinos
Preguntas frecuentes
¿Qué quiere decir la palabra hemoperitoneo?
¿Es lo mismo que la ascitis?
¿Qué órganos suelen ser el origen de la sangre?
¿Puede una cantidad de sangre pasar desapercibida en el abdomen?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026