DICCIONARIO MÉDICO

Afasia

La afasia es un trastorno adquirido del lenguaje que aparece como consecuencia de una lesión cerebral, habitualmente en el hemisferio izquierdo. Puede comprometer la expresión oral, la comprensión auditiva, la lectura, la escritura o varias de estas capacidades a la vez. El accidente cerebrovascular constituye su causa más frecuente, y se estima que entre el 21 % y el 38 % de los pacientes con ictus agudo desarrollan alguna forma de afasia.

Qué es la afasia

Se define como afasia la pérdida o deterioro de la capacidad lingüística en una persona que previamente la poseía con normalidad. No se trata de un problema motor de la articulación (eso sería una disartria) ni de un trastorno del desarrollo infantil del lenguaje: la afasia es siempre adquirida, lo que significa que sobreviene tras un daño en las regiones cerebrales encargadas de procesar el lenguaje.

El término procede del griego ἀφασία (aphasía), formado por el prefijo privativo ἀ- y el verbo φημί (phēmí, «hablar» o «decir»). Literalmente significa «imposibilidad de hablar». Lo acuñó en 1864 el internista francés Armand Trousseau para sustituir la voz aphémie que Paul Broca había propuesto tres años antes; Trousseau argumentó que aphémie podía confundirse con ἀφημία, un vocablo griego que aludía a la infamia y no a la pérdida del habla. La propuesta de Trousseau se impuso con rapidez y el término afasia quedó incorporado al vocabulario médico internacional antes de acabar la década de 1860.

En la mayoría de las personas, las funciones lingüísticas residen en el hemisferio cerebral izquierdo. Esto se cumple en más del 95 % de las personas diestras y en cerca de dos tercios de las zurdas; en el tercio restante, el lenguaje se distribuye en el hemisferio derecho o de forma bilateral. Cualquier lesión que afecte a la corteza cerebral de ese hemisferio dominante, o a las fibras de sustancia blanca que conectan sus áreas lingüísticas, puede producir afasia.

Causas y datos de frecuencia

El infarto cerebral es, con diferencia, la etiología más habitual. Según datos del National Institute on Deafness and Other Communication Disorders (NIDCD), aproximadamente dos millones de personas conviven con afasia solo en Estados Unidos, y se registran unos 180 000 casos nuevos cada año en ese país. Otras causas incluyen el traumatismo craneoencefálico, los tumores cerebrales, las infecciones del sistema nervioso central y las enfermedades neurodegenerativas.

Merece una mención aparte la afasia primaria progresiva, en la que el deterioro del lenguaje no se debe a un evento vascular agudo sino a una degeneración gradual de las redes corticales lingüísticas. A diferencia de las formas vasculares, que suelen mejorar parcialmente en los primeros meses, la afasia primaria progresiva sigue un curso de empeoramiento lento y mantenido.

Las áreas cerebrales del lenguaje

Dos regiones corticales concentran las funciones lingüísticas principales. El área de Broca, situada en la circunvolución frontal inferior izquierda, interviene en la programación motora del habla y en la construcción gramatical de las oraciones. Fue identificada en 1861 por Paul Broca tras estudiar al paciente Louis Victor Leborgne, un hombre que llevaba años sin poder pronunciar otra cosa que la sílaba «tan».

Trece años después, en 1874, el neurólogo alemán Carl Wernicke describió una segunda región, en el tercio posterior del giro temporal superior izquierdo, cuya lesión provocaba un cuadro opuesto: habla fluida pero incomprensible, con neologismos y sustituciones de palabras, y una comprensión auditiva gravemente alterada. El propio Wernicke postuló que un haz de fibras debía conectar ambas áreas, y que su interrupción produciría un tercer tipo de afasia. Esa predicción resultó correcta: el fascículo arqueado, esa vía de sustancia blanca que recorre la convexidad del hemisferio izquierdo, quedó confirmado como pieza anatómica esencial del circuito del lenguaje.

Clasificación de las afasias

La taxonomía más extendida en la práctica clínica procede de la escuela de Boston, desarrollada por Norman Geschwind y sus colaboradores a partir de los años sesenta del siglo XX. Clasifica las afasias atendiendo a tres ejes: fluidez de la expresión, capacidad de comprensión y capacidad de repetición. Ningún sistema es perfecto, y muchos pacientes presentan cuadros que no encajan limpiamente en un solo tipo, pero esta clasificación sigue siendo la referencia habitual.

Entre las afasias no fluentes, la afasia de Broca es el prototipo. El paciente habla con esfuerzo, emite frases cortas, omite artículos y preposiciones, pero conserva una comprensión razonablemente buena. Suele acompañarse de hemiplejia derecha porque la lesión frontal izquierda afecta también a la corteza motora adyacente.

En el polo opuesto se sitúa la afasia de Wernicke. Aquí el habla es fluida, incluso abundante, pero cargada de parafasias y palabras inventadas; la comprensión está muy deteriorada y el paciente no suele ser consciente de sus errores. Cuando la producción verbal se vuelve completamente ininteligible, se habla de jergafasia.

La afasia de conducción se distingue por un dato llamativo: el paciente comprende bien y habla con fluidez aceptable, pero fracasa al intentar repetir frases que se le dictan. La lesión suele asentar en el fascículo arqueado o en la corteza perisilviana posterior.

Existe un grupo de afasias en el que ocurre lo contrario: la repetición se conserva de forma sorprendente. Son las afasias transcorticales, que se subdividen en motora, sensitiva y mixta según cuál sea la función más comprometida. Aparecen típicamente en infartos de las zonas limítrofes entre territorios vasculares.

La afasia nominal o anomia consiste en la dificultad selectiva para encontrar las palabras adecuadas, sobre todo sustantivos y nombres propios. Es la forma más leve y también la más frecuente como secuela residual cuando otras afasias mejoran con el tiempo.

Por último, la afasia global combina un déficit grave de expresión y comprensión, con repetición abolida. Resulta de lesiones extensas que destruyen simultáneamente las áreas de Broca y Wernicke, habitualmente por oclusión completa de la arteria cerebral media izquierda.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra afasia?

Del griego ἀφασία (aphasía), compuesto por el prefijo privativo ἀ- y el verbo φημί (phēmí), que significa «hablar» o «decir». El internista francés Armand Trousseau introdujo el término en 1864 para reemplazar la forma aphémie que había propuesto Paul Broca en 1861. Trousseau consideró que aphémie era etimológicamente confusa porque su raíz podía interpretarse como referida a la infamia, no al habla.

¿Es lo mismo afasia que disartria?

No. La afasia afecta al lenguaje como función cognitiva: la capacidad de formular o comprender palabras y oraciones. La disartria es un trastorno de la ejecución motora del habla, causado por debilidad, falta de coordinación o rigidez de la musculatura orofacial. Un paciente con disartria sabe lo que quiere decir y construye mentalmente las frases con normalidad, pero no consigue articularlas con claridad. Un paciente con afasia, en cambio, tiene comprometida la propia elaboración lingüística.

¿Se puede recuperar el lenguaje después de una afasia?

Depende de la causa, la extensión de la lesión y la precocidad de la rehabilitación. En las afasias de origen vascular, la mayor parte de la recuperación espontánea ocurre en los tres a seis primeros meses, aunque estudios recientes muestran que la mejoría puede continuar durante años con terapia logopédica sostenida. La logopedia especializada es el pilar de la rehabilitación. Cuando la afasia se debe a un proceso neurodegenerativo, como la afasia primaria progresiva, el objetivo del abordaje es más bien compensatorio, orientado a mantener la comunicación funcional el mayor tiempo posible.

¿Afecta la afasia a la inteligencia?

No, al menos no de forma directa. La afasia compromete la herramienta lingüística, no la capacidad intelectual global. Muchos pacientes conservan intactos el razonamiento, la memoria visual, el reconocimiento de caras y la orientación espacial, pero su dificultad para expresarse verbalmente puede dar la impresión equivocada de un deterioro cognitivo general. Esa confusión es una de las fuentes de frustración más habituales para las personas con afasia y para sus familias.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Afasia. MedlinePlus en español.
  2. National Institute on Deafness and Other Communication Disorders. Aphasia. NIH.
  3. Manual MSD, versión para profesionales. Afasia. Merck & Co.
  4. Mayo Clinic. Afasia: síntomas y causas. Mayo Foundation for Medical Education and Research.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en los distintos tipos de afasia y en conceptos asociados al lenguaje y su patología, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Afasia de Broca: afasia no fluente con expresión reducida, agramatismo y comprensión relativamente conservada.
  • Afasia de Wernicke: afasia fluente con habla abundante pero incoherente y comprensión gravemente alterada.
  • Afasia de conducción: afasia con comprensión y fluidez aceptables pero incapacidad marcada para repetir.
  • Afasia transcortical: grupo de afasias que se definen por conservar la capacidad de repetición.
  • Afasia nominal: dificultad selectiva para encontrar palabras, especialmente nombres.
  • Afasia motora: denominación descriptiva de las afasias con predominio expresivo.
  • Afasia sensitiva: denominación descriptiva de las afasias con predominio comprensivo.
  • Afasia epiléptica adquirida: pérdida del lenguaje en la infancia asociada a actividad epiléptica durante el sueño (síndrome de Landau-Kleffner).
  • Área de Broca: región de la corteza frontal inferior izquierda implicada en la producción del habla.
  • Disartria: trastorno de la articulación del habla por alteración neuromuscular.
  • Agnosia: incapacidad para reconocer estímulos sensoriales pese a tener conservada la percepción.
  • Alexia: pérdida adquirida de la capacidad de leer por lesión cerebral.
  • Agrafía: pérdida adquirida de la capacidad de escribir por lesión cerebral.

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