DICCIONARIO MÉDICO
Lenguaje
El lenguaje es la facultad humana de expresar y comprender ideas mediante un sistema organizado de signos, principalmente sonoros, aunque también gráficos o gestuales. Desde la perspectiva médica, depende de la integridad de una red de áreas corticales y subcorticales situadas sobre todo en el hemisferio cerebral izquierdo, y su alteración es uno de los indicadores más sensibles de lesión neurológica. La Real Academia Española lo define como la facultad del ser humano de expresarse y comunicarse con los demás a través del sonido articulado o de otros sistemas de signos. La palabra procede del provenzal antiguo lenguatge, derivado a su vez del latín lingua, que designaba tanto el órgano físico (la lengua) como el idioma que se habla con él. Es un caso llamativo de metonimia que ha pervivido en todas las lenguas romances: el instrumento que articula los sonidos acabó dando nombre a la capacidad abstracta de comunicarse. Conviene no confundir tres conceptos que en el habla coloquial se usan como sinónimos pero que en medicina y en logopedia significan cosas distintas. El lenguaje es la capacidad simbólica: elegir palabras, organizarlas en oraciones, comprender su significado. El habla es el acto motor de articular esos símbolos, coordinando labios, lengua, paladar, laringe y músculos respiratorios para producir sonidos inteligibles. Y la voz es el sonido que generan las cuerdas vocales al vibrar con el paso del aire. Un paciente puede tener el lenguaje intacto y el habla alterada, como ocurre en la disartria, o puede perder la capacidad de formular lenguaje conservando la mecánica del habla, como sucede en ciertas formas de afasia. El lenguaje no reside en un punto único del cerebro, sino en una red distribuida de regiones corticales y subcorticales. Dos áreas clásicas han dominado la neurología del lenguaje desde el siglo XIX. El área de Broca, en la circunvolución frontal inferior del hemisferio izquierdo (áreas 44 y 45 de Brodmann), se ocupa de la producción del lenguaje: la planificación fonológica y la organización morfosintáctica de las frases. Su lesión produce la afasia de Broca, en la que el paciente comprende lo que se le dice pero no logra expresarse con fluidez. Paul Broca la describió en 1861 tras estudiar el cerebro de un enfermo que solo podía pronunciar la sílaba "tan". El área de Wernicke, en la porción posterior de la circunvolución temporal superior del mismo hemisferio (área 22 de Brodmann), se encarga de la comprensión: la decodificación de los sonidos en significados. Carl Wernicke la identificó en 1874. Cuando se daña, aparece la afasia de Wernicke: el paciente habla con fluidez pero su discurso carece de sentido, y no comprende lo que otros le dicen. Ambas áreas están conectadas por el fascículo arqueado, un haz de fibras de sustancia blanca cuya lesión origina la afasia de conducción, en la que el paciente comprende y habla con fluidez pero no puede repetir. La neuroimagen funcional ha demostrado que la realidad es más compleja que el modelo clásico de Broca y Wernicke: intervienen también la circunvolución angular, la ínsula anterior, el cerebelo y estructuras subcorticales como el tálamo y los ganglios basales. Aun así, el modelo de las dos áreas sigue sirviendo como marco de referencia clínico. En la mayoría de las personas diestras, y en buena parte de las zurdas, las áreas del lenguaje se localizan en el hemisferio izquierdo. Esta lateralización no es absoluta al nacer. El cerebro infantil posee una plasticidad notable, y una lesión temprana del hemisferio izquierdo puede compensarse en parte con el derecho. Esa ventana de plasticidad se estrecha con la edad, lo que explica por qué las afasias adquiridas en el adulto tienen peor pronóstico de recuperación que las lesiones perinatales. El desarrollo normal sigue una secuencia bien caracterizada: balbuceo hacia los 6 meses, primeras palabras alrededor del año, combinación de dos palabras hacia los 18 a 24 meses (el llamado lenguaje telegráfico) y explosión del vocabulario y de la complejidad gramatical entre los 2 y los 5 años. Las desviaciones marcadas de estos hitos pueden orientar hacia un trastorno del desarrollo del lenguaje, un déficit auditivo o una condición del neurodesarrollo como el trastorno del espectro autista. Afasia y disartria. La afasia afecta a la capacidad simbólica de formular o comprender mensajes. La disartria es un trastorno del habla: la capacidad lingüística está preservada, pero la ejecución motora de la articulación falla por lesión de nervios craneales, cerebelo o vías motoras. Un paciente disártrico sabe con exactitud qué quiere decir y no puede pronunciarlo con claridad; un paciente afásico puede tener la musculatura intacta y aun así no encontrar las palabras. Trastorno y retraso simple del lenguaje. En pediatría, el retraso simple implica que el niño recorre la misma secuencia de desarrollo que los demás, solo que con un calendario más tardío, y el pronóstico es favorable. El trastorno del lenguaje supone un patrón cualitativamente distinto, con dificultades que no se explican por déficit auditivo, discapacidad intelectual ni falta de estimulación, y que requiere intervención logopédica específica. Mutismo y afasia global. El mutismo es la ausencia de producción verbal, y sus causas son muy diversas: lesión del área motora suplementaria, mutismo selectivo de origen psicógeno en niños o estados de conciencia alterada. La afasia global combina la pérdida de producción con la de comprensión, y se debe a lesiones extensas del hemisferio dominante. Del provenzal antiguo lenguatge, derivado del latín lingua, que significaba tanto el órgano de la boca como el idioma. Es una metonimia que pervive en todas las lenguas romances: el instrumento que articula los sonidos acabó nombrando la facultad abstracta de comunicarse. No. El lenguaje es la capacidad simbólica de formular y comprender mensajes; el habla es el acto motor de articularlos con los órganos de la fonación. Un paciente con disartria tiene el habla alterada y el lenguaje intacto; uno con afasia tiene el lenguaje alterado y la mecánica del habla potencialmente preservada. Se produce la afasia de Broca, también llamada afasia motora o no fluente: el paciente comprende lo que se le dice, pero su producción verbal es escasa, entrecortada y costosa. Suele conservar palabras sueltas y expresiones automatizadas, aunque no logra organizar frases completas. Depende de la edad y la extensión de la lesión. El cerebro infantil tiene una plasticidad considerable: ante lesiones precoces del hemisferio izquierdo, el derecho puede asumir en parte funciones lingüísticas. Esa capacidad de reorganización disminuye con la maduración, y en el adulto las afasias adquiridas presentan un pronóstico más variable. La ecolalia, repetición involuntaria de palabras o frases oídas, puede ser un fenómeno normal en el niño pequeño (ecolalia fisiológica) o aparecer como signo de trastorno del espectro autista, afasia transcortical o demencia. El contexto clínico determina si es patológica. Si desea profundizar en conceptos asociados al lenguaje, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el lenguaje
Bases cerebrales del lenguaje
Lateralización y desarrollo
Diferenciación con entidades que se confunden
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "lenguaje"?
¿Es lo mismo lenguaje que habla?
¿Qué ocurre cuando se lesiona el área de Broca?
¿Puede un niño recuperarse de una lesión cerebral que afecte al lenguaje?
¿La ecolalia es un trastorno del lenguaje?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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