DICCIONARIO MÉDICO
Mutismo
El mutismo es la ausencia de emisión verbal en una persona que previamente había adquirido la capacidad de hablar. A diferencia de la mudez congénita, el mutismo implica que el lenguaje se ha desarrollado con normalidad y que la pérdida del habla obedece a una causa neurológica, psiquiátrica o psicógena, no a un defecto estructural de los órganos fonatorios. Los dos subtipos más relevantes en la práctica clínica son el mutismo selectivo (trastorno de ansiedad infantil) y el mutismo acinético (estado neurológico por lesión frontal o mesencefálica). La palabra procede del francés mutisme, derivado a su vez del latín mutus, "mudo". El Diccionario histórico de la RAE documenta su primera aparición en francés en 1741 y su primera documentación en español médico en 1821, en el Suplemento al Diccionario de Medicina y Cirugía de Hurtado de Mendoza y Martínez Caballero, donde se registra como sinónimo de mudez (mutitas). En la acepción general del DRAE actual —"silencio voluntario o impuesto"— se pierde el matiz clínico, pero en medicina el término tiene un significado más preciso: designa la supresión del habla en un individuo que posee —o poseía— la competencia lingüística para expresarse verbalmente. Es importante separar el mutismo de la afonía y de la afasia. En la afonía, el paciente intenta hablar pero no produce sonido porque las cuerdas vocales no vibran adecuadamente —por parálisis, inflamación o lesión del nervio laríngeo recurrente—; el problema es periférico, fonatorio. En la afasia, el daño afecta a las áreas corticales del lenguaje (Broca, Wernicke) o a las conexiones entre ellas, y el paciente puede perder la capacidad de producir lenguaje, de comprenderlo, o ambas cosas. En el mutismo, las vías motoras y las áreas del lenguaje pueden estar anatómicamente intactas; lo que falta es la iniciación del acto de hablar, ya sea por un trastorno de la voluntad, de la motivación, de la regulación emocional o por una desconexión funcional entre las estructuras implicadas. El mutismo selectivo es el tipo más frecuente en la práctica pediátrica. El DSM-5-TR lo clasifica como un trastorno de ansiedad: el niño habla con normalidad en entornos donde se siente seguro —típicamente en casa, con los padres—, pero se muestra incapaz de emitir palabra en situaciones sociales específicas donde se espera que hable, como el aula o la consulta médica. No se trata de una elección voluntaria: la inhibición está ligada a una ansiedad social intensa. La incidencia se sitúa entre el 0,1 y el 1,9 % de los menores de quince años, y el inicio suele producirse antes de los cinco años, aunque el diagnóstico a menudo se retrasa hasta el comienzo de la escolarización. El mutismo acinético —denominado también "coma vigil" por algunos autores— es un cuadro neurológico descrito por primera vez por Cairns, Oldfield, Pennybacker y Whitteridge en 1941 a propósito de una adolescente con un quiste del tercer ventrículo. El paciente permanece despierto, con los ojos abiertos y capaz de seguir estímulos con la mirada, pero no habla ni se mueve de forma espontánea. No hay parálisis en sentido estricto: si se le aplican estímulos lo bastante intensos, puede emitir alguna respuesta motora o verbal mínima. La lesión suele localizarse en el giro cingulado anterior (variante frontal) o en la formación reticular del mesencéfalo (variante mesencefálica), dos regiones implicadas en la activación motora y la iniciación de la conducta. El mutismo psicógeno —llamado también mutismo histérico en la terminología clásica— aparece como manifestación de un trastorno conversivo: el paciente deja de hablar tras un acontecimiento emocionalmente traumático, sin que exista lesión neurológica demostrable. La capacidad fonadora se conserva (puede toser o emitir sonidos involuntarios), y el mutismo suele resolverse con intervención psicoterapéutica. En el contexto psiquiátrico, el mutismo puede también formar parte del cuadro de catatonía, donde se asocia a inmovilidad, negativismo y otros signos psicomotores. La frontera entre estas entidades no siempre es nítida en la práctica clínica, pero conceptualmente son distintas. En la afonía, el paciente articula pero no produce sonido: el defecto está en la laringe o en su inervación. En la afasia, el trastorno afecta al procesamiento cortical del lenguaje: según la localización, puede perderse la producción (afasia de Broca), la comprensión (afasia de Wernicke) o ambas. En la anartria y la disartria, lo que falla es la ejecución motora de la articulación: el paciente sabe qué quiere decir, pero los músculos de la lengua, los labios o el paladar no ejecutan los movimientos con la precisión necesaria. En el mutismo, ninguno de esos niveles está necesariamente dañado: la incapacidad para hablar radica en la falta de iniciación del acto verbal, por una causa que puede ser ansiosa, motivacional, conversiva o por lesión de los circuitos de activación frontal o reticular. Del francés mutisme, atestiguado desde 1741, que a su vez deriva del latín mutus ("mudo"). En español médico aparece por primera vez en 1821. El DRAE lo define como "silencio voluntario o impuesto", pero en medicina tiene un alcance más específico: la ausencia de habla en una persona con capacidad lingüística previa, por causa neurológica, psiquiátrica o psicógena. No en sentido estricto. "Mudez" se ha usado históricamente para referirse a la incapacidad congénita o permanente de hablar, a menudo asociada a la sordera (la antigua "sordomudez"). "Mutismo" implica que el habla se había adquirido previamente y se ha perdido o se inhibe por una causa identificable. En la práctica coloquial, ambos términos se solapan, pero en la terminología clínica actual se prefiere "mutismo" para los cuadros adquiridos. Son entidades completamente distintas. El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad, típico de la infancia, en el que el niño habla con normalidad en ciertos entornos pero se inhibe en otros. El mutismo acinético es un cuadro neurológico grave, causado por lesión cerebral, en el que el paciente no habla ni se mueve de forma espontánea a pesar de estar aparentemente despierto. La causa, el mecanismo, la edad de presentación y el pronóstico son radicalmente distintos. Sí, aunque es mucho menos frecuente que en la infancia. Cuando persiste sin tratamiento desde la edad infantil, puede mantenerse en la vida adulta. También se han descrito casos de inicio tardío, generalmente asociados a trastornos de ansiedad social graves. El DSM-5-TR no establece un límite de edad para el diagnóstico. Si desea profundizar en conceptos asociados al mutismo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el mutismo
Formas clínicas principales
Diferenciación con afonía, afasia y anartria
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "mutismo"?
¿Es lo mismo mutismo que mudez?
¿El mutismo selectivo es lo mismo que el mutismo acinético?
¿Puede un adulto tener mutismo selectivo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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