DICCIONARIO MÉDICO
Afonía
La afonía es la pérdida completa o prácticamente completa de la voz. Se produce cuando las cuerdas vocales, situadas en la laringe, no pueden vibrar con normalidad y el aire espirado atraviesa la glotis sin generar sonido. Sus causas van desde una laringitis vírica común hasta lesiones neurológicas o trastornos psicógenos. En sentido clínico estricto, la afonía designa la incapacidad de emitir sonidos vocales, aunque la persona conserve la capacidad de articular palabras en forma de susurro. La Real Academia Española la define de forma concisa como «falta de voz». Conviene distinguirla de la disfonía, que abarca cualquier alteración en la calidad, el tono o el volumen de la voz sin que esta desaparezca del todo. La afonía, desde ese punto de vista, constituye el grado extremo de la disfonía. El término procede del griego ἀφωνία (aphōnía), formado por el prefijo privativo ἀ- (a-, «sin») y φωνή (phōnḗ, «voz» o «sonido»). La palabra aparece ya en textos hipocráticos para describir la pérdida de voz en pacientes con enfermedades febriles, y entró en la literatura médica española a principios del siglo XVII: el Diccionario médico de Alonso López de Corella (1606) recoge la entrada «Aphonía» como voz técnica establecida. Para que se genere la voz, el aire espirado desde los pulmones debe pasar por la glotis mientras las cuerdas vocales se encuentran en posición de aducción (aproximadas entre sí). La columna de aire las hace vibrar, y esa vibración produce una onda sonora que después se modula en la faringe, la cavidad oral y las fosas nasales para convertirse en habla articulada. Cualquier factor que impida la aproximación adecuada de los pliegues vocales o que altere su capacidad vibratoria puede derivar en afonía. En la práctica, las causas se agrupan en tres categorías. Las orgánicas incluyen inflamaciones (laringitis aguda por infección vírica, la causa más habitual), lesiones estructurales como nódulos vocales, pólipos o tumores, y traumatismos directos sobre la laringe, por ejemplo tras una intubación prolongada. Las neurológicas implican daño en la inervación de la musculatura laríngea, sobre todo la parálisis laríngea por lesión del nervio laríngeo recurrente (complicación posible de cirugías cervicales o torácicas). Las funcionales carecen de lesión orgánica demostrable: la afonía psicógena, por ejemplo, aparece en contextos de estrés emocional intenso y se caracteriza porque el paciente pierde la voz de forma súbita pero conserva intacta la tos sonora, un dato que orienta al clínico. La mayoría de los episodios de afonía son agudos y autolimitados. Una infección respiratoria de vías altas que inflama los pliegues vocales puede dejar al paciente sin voz durante unos días; al remitir el edema, la fonación se recupera. El abuso vocal (gritar en un evento deportivo, cantar de forma forzada) provoca un cuadro similar que cede con reposo. Cuando la pérdida de voz se prolonga más de dos o tres semanas, la evaluación por un otorrinolaringólogo resulta necesaria. Una laringoscopia permite visualizar directamente las cuerdas vocales y descartar lesiones que requieran un abordaje específico. En fumadores, la ronquera persistente obliga a excluir un proceso neoplásico. Afonía, disfonía y disartria designan tres problemas distintos de la comunicación oral. La afonía implica ausencia de sonido laríngeo: el paciente no puede producir voz. La disfonía, en cambio, altera la calidad de la voz que sí se emite (ronquera, voz soplada, voz tensa). Son dos puntos de un mismo espectro, pero el uso popular tiende a confundirlos y emplear «afonía» para referirse a cualquier ronquera, lo que carece de precisión clínica. La disartria es un trastorno de naturaleza diferente. Se origina en el sistema nervioso y afecta a la articulación del habla (la capacidad de formar fonemas y palabras), no a la producción del sonido laríngeo en sí. Una persona con disartria puede tener una voz perfectamente audible y, sin embargo, resultar difícil de entender por la imprecisión en sus consonantes o su ritmo. Del griego ἀφωνία (aphōnía), compuesto por ἀ- («sin») y φωνή («voz»). La voz φωνή es también la raíz de palabras como fonética, fonología o foniatría. El término estaba en uso clínico ya en la Grecia clásica: Hipócrates lo emplea en varios de sus aforismos para referirse a enfermos que pierden la voz durante fiebres graves. No. La afonía supone la pérdida total de la voz; la disfonía, una alteración parcial de su calidad o intensidad. En el lenguaje coloquial se usan indistintamente, pero en la práctica médica la diferencia es relevante porque orienta hacia causas y gravedades distintas. Si la voz no se recupera en dos o tres semanas, sobre todo en personas fumadoras o mayores de 50 años. También cuando la afonía se acompaña de dificultad para respirar o para tragar, o cuando aparece sin una causa evidente como un resfriado o un esfuerzo vocal reciente. En esos casos la evaluación con laringoscopia es prudente. Sí. La afonía psicógena, incluida dentro de las disfonías funcionales, aparece de forma brusca tras un episodio de estrés o conflicto emocional intenso. Un dato clínico llamativo: estos pacientes no pueden hablar, pero su tos sigue siendo sonora, lo que indica que la musculatura laríngea funciona correctamente cuando la fonación no es voluntaria. Si desea ampliar la información sobre trastornos de la voz y estructuras del aparato fonador, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la afonía
Producción de la voz y mecanismo del fallo
Afonía aguda y afonía persistente
Diferenciación con la disfonía y la disartria
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra afonía?
¿Es lo mismo afonía que disfonía?
¿Cuándo hay que consultar al médico por una pérdida de voz?
¿Puede la afonía tener un origen emocional?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026