DICCIONARIO MÉDICO
Dislexia
La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que afecta a la precisión y la fluidez de la lectura, con base neurobiológica y de curso persistente. No depende de la inteligencia general del niño ni de la calidad de la escolarización, y afecta a alrededor del 5-10 % de la población en edad escolar. Es la más frecuente de las dificultades específicas del aprendizaje. Se denomina dislexia a la dificultad específica y persistente para adquirir la lectura precisa y fluida, en niños con inteligencia normal, escolarización adecuada y ausencia de déficits sensoriales que la justifiquen. El núcleo del problema se sitúa en el procesamiento fonológico: la capacidad para descomponer las palabras en sus unidades sonoras y para asociar cada grafema con su fonema correspondiente. Cuando esa vía funciona con dificultad, la lectura se vuelve costosa, lenta y con errores característicos, y la escritura hereda parte de los mismos problemas. La palabra combina el prefijo griego δυς- (dys, «defectuoso») y λέξις (léxis, «palabra, habla», de la raíz legein, «decir, leer»). El significado literal es «dificultad con las palabras». Su historia terminológica atraviesa la medicina europea del último tercio del siglo XIX: en 1877 Adolph Kussmaul acuñó el término alemán Wortblindheit («ceguera para las palabras») para describir a adultos que habían perdido la capacidad de leer sin haber perdido la vista; una década después, en 1887, el oftalmólogo alemán Rudolf Berlin, en Stuttgart, publicó su monografía Eine besondere Art der Wortblindheit (Dyslexie), donde propuso por primera vez el neologismo dislexia. El caso pediátrico fundacional llegó en 1896, cuando el médico inglés W. Pringle Morgan describió en el British Medical Journal el caso de Percy F., un niño de catorce años inteligente y sin lesión conocida que era incapaz de aprender a leer. Aquel artículo, breve, abrió el camino a la concepción de la dislexia como trastorno del desarrollo y no como una consecuencia de daño cerebral adquirido. La investigación de las últimas décadas, apoyada en resonancia magnética funcional y en estudios genéticos, ha situado el sustrato de la dislexia en las redes del hemisferio izquierdo dedicadas al lenguaje: la región temporoparietal (donde se conectan sonidos y letras), la occipitotemporal (donde se identifica la palabra escrita como forma visual reconocible) y la frontal inferior (donde se articula el habla interna necesaria para leer). En las personas con dislexia estas redes muestran patrones de activación diferentes, con un funcionamiento menos eficiente de la vía fonológica y una tendencia a apoyarse en circuitos compensatorios del hemisferio derecho. Hay un componente hereditario claro. Los estudios familiares muestran que un niño con un progenitor disléxico tiene un riesgo entre cuatro y ocho veces superior al de la población general. Se han identificado varios genes candidatos (DYX1C1, KIAA0319, DCDC2, ROBO1, entre otros), implicados en procesos de migración neuronal durante el desarrollo cortical. Ninguno de ellos explica por sí solo el trastorno; la dislexia se entiende hoy como un cuadro poligénico complejo, en el que la biología del desarrollo cortical y el entorno lingüístico interactúan para determinar el fenotipo final. Dislexia del desarrollo. Es la forma que aparece en la infancia durante el proceso de aprendizaje de la lectura y persiste, con distintos grados de compensación, en la vida adulta. Es a lo que se refiere habitualmente el término dislexia sin más precisión. Dislexia adquirida (o alexia). Corresponde a la pérdida de la capacidad lectora previamente adquirida, por lesión cerebral en el adulto (ictus, traumatismo, tumor). Se describe en la literatura neuropsicológica en variantes clásicas (superficial, fonológica, profunda) según la vía lectora dañada. Para el detalle específico de la forma adquirida existe una entrada propia en el diccionario, alexia. Dislexias por subtipos cognitivos. Dentro de la dislexia del desarrollo se han descrito subtipos según predomine el fallo fonológico (dificultad para descodificar palabras nuevas o pseudopalabras) o el visoortográfico (dificultad para reconocer palabras de golpe como conjuntos visuales, lo que se traduce en una lectura excesivamente lenta pero relativamente precisa). Estos subtipos guían la orientación reeducativa. Alexia. Pérdida adquirida de la capacidad de leer en una persona que sabía hacerlo. La dislexia del desarrollo, por definición, es una dificultad de adquisición desde el inicio. Afasia. Trastorno del lenguaje oral, hablado o comprendido, por lesión cerebral adquirida. La afasia afecta a la totalidad del sistema lingüístico; la dislexia se restringe al ámbito lectoescritor y no compromete el lenguaje oral coloquial. Dispraxia. Trastorno motor del planeamiento y la ejecución del gesto. Aunque puede coexistir con la dislexia (comorbilidad frecuente en los llamados perfiles neuroatípicos), la dispraxia pertenece al dominio motor, no al lingüístico. Retraso lector simple. Se distingue de la dislexia por su carácter transitorio y por la respuesta rápida a la intervención pedagógica. En la dislexia la dificultad es específica, persistente y desproporcionada respecto de las demás capacidades del niño. Del griego dys, «defectuoso», y léxis, «palabra». La acuñó Rudolf Berlin, oftalmólogo en Stuttgart, en su monografía de 1887 Eine besondere Art der Wortblindheit (Dyslexie). La idea que había detrás la había introducido Adolph Kussmaul una década antes con el término alemán Wortblindheit, «ceguera para las palabras». No. Ese es precisamente el criterio de definición: la dificultad lectora es desproporcionada respecto al nivel intelectual general del niño. La mayoría de las personas con dislexia tienen una inteligencia normal o superior, y muchas destacan en áreas no verbales. Sí, en gran medida. Alrededor de un 40-50 % de los hijos de padres con dislexia presentan también dificultades lectoras, y los estudios de gemelos confirman una heredabilidad elevada. La transmisión es poligénica: participan múltiples variantes de pequeño efecto individual. La dislexia no desaparece. Las bases neurobiológicas persisten a lo largo de la vida. Con intervención adecuada muchos niños alcanzan una lectura funcional, y los adultos disléxicos desarrollan estrategias eficaces de compensación. Lo que cambia con los años es el impacto en la vida cotidiana, no la naturaleza del trastorno. No. La imagen popular de la dislexia como una «visión invertida» de las letras es un malentendido persistente. Las inversiones de letras aparecen con normalidad en las primeras fases del aprendizaje lector en cualquier niño y no son un signo específico. El núcleo del trastorno está en el procesamiento fonológico, no en la percepción visual. Para profundizar en los conceptos vinculados con la dislexia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la dislexia
Bases neurobiológicas
Formas del trastorno
Diferenciación con términos afines
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra dislexia?
¿La dislexia tiene relación con la inteligencia?
¿Se hereda?
¿Se cura o desaparece con la edad?
¿Es lo mismo dislexia que confundir letras al leer?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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