DICCIONARIO MÉDICO
Dispraxia
La dispraxia es una alteración de la capacidad para planificar y ejecutar secuencias motoras coordinadas de forma voluntaria. En su acepción actual, corresponde en gran medida al trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) del DSM-5, y se manifiesta como torpeza motora persistente desde la infancia. La dispraxia designa una dificultad neurológica para elaborar y ejecutar el plan motor de una acción intencional. La persona con dispraxia sabe qué quiere hacer y tiene fuerza suficiente para hacerlo, pero el paso desde la intención al movimiento organizado se realiza con esfuerzo, con imprecisión y a veces con resultados que no coinciden con la intención inicial. Afecta a la motricidad gruesa (correr, saltar, mantener el equilibrio), a la fina (escribir, abrocharse un botón, manejar los cubiertos) y a menudo también a la organización espacial y temporal de las tareas cotidianas. Su etimología procede del griego δυσ- (dys-), "dificultad", y πρᾶξις (prâxis), "acción, práctica, ejecución", derivada del verbo πράττω (práttō), "hacer". La lectura literal es "acción dificultosa". El término se acuñó por analogía con apraxia, más antiguo, que describía la pérdida de la capacidad para realizar movimientos con propósito en un paciente que la había poseído. La distinción entre ambos términos, matizada durante el siglo XX, es hoy uno de los ejes clínicos del concepto: la apraxia se adquiere; la dispraxia, en su acepción moderna, es del desarrollo. Todo movimiento voluntario complejo depende de una cadena de operaciones cerebrales en las que participan la corteza premotora, la corteza parietal posterior, el cerebelo y los ganglios basales. Un gesto tan cotidiano como escribir un número requiere que el cerebro seleccione el plan motor apropiado, lo secuencie en el tiempo, ajuste la fuerza y la dirección de cada trazo, y monitorice el resultado en tiempo real para corregirlo. En la dispraxia, alguna parte de esta cadena no se ha desarrollado con normalidad, y el resultado son movimientos lentos, imprecisos o incompletos, con un rendimiento por debajo de lo esperable para la edad. No hay debilidad muscular. No hay problema sensitivo periférico. Tampoco hay una lesión cerebral única identificable, como sí ocurre en la apraxia adquirida del adulto. Lo característico es un patrón difuso de dificultad de aprendizaje motor que persiste a pesar de la práctica repetida. La equivalencia entre dispraxia y trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC) es la formulación aceptada en la clasificación DSM-5 y en la CIE-11. Ambas se emplean casi indistintamente en la literatura clínica actual, aunque cada una arrastra matices propios: la palabra dispraxia proviene de la tradición neurológica europea y pone el acento en la planificación del gesto; el término TDC, más reciente y de raíz americana, subraya el impacto funcional del cuadro en la vida diaria. El DSM-5 exige, para el diagnóstico de TDC, cuatro condiciones. La adquisición y ejecución de habilidades motoras coordinadas debe ser sustancialmente inferior a la esperada para la edad. Esa dificultad debe interferir de forma persistente en las actividades de la vida diaria, en el rendimiento escolar o en el ocio. Los síntomas deben iniciarse en el periodo del desarrollo temprano. El déficit no debe explicarse por una discapacidad intelectual, una discapacidad visual, ni por trastornos neurológicos con afectación motora directa (parálisis cerebral, distrofia muscular). La prevalencia estimada se sitúa entre el 5% y el 6% de los niños en edad escolar, con predominio masculino. Tres términos vecinos comparten el prefijo del movimiento y conviene diferenciarlos. Apraxia. Pérdida adquirida de la capacidad para realizar movimientos con propósito en un paciente que antes los ejecutaba con normalidad. Se debe a una lesión cerebral focal (accidente cerebrovascular, traumatismo, enfermedad neurodegenerativa) y se ve casi siempre en adultos. Dispraxia. En su uso moderno, alude a la dificultad del desarrollo para adquirir y ejecutar habilidades motoras coordinadas, ya presente en la infancia. La coordinación motora no llega a consolidarse siguiendo la trayectoria esperada. Ataxia. Trastorno de la coordinación del movimiento por lesión del cerebelo o de sus vías, con dismetría, disdiadococinesia y ampliación de la base de sustentación al caminar. La diferencia clave con la dispraxia es que en la ataxia hay una lesión cerebelosa identificable y el patrón neurológico es característico. Suele coexistir con otros trastornos del neurodesarrollo, en particular con el trastorno por déficit de atención con hiperactividad y con la dislexia. Cuando el habla se ve afectada por dificultades de planificación motora oral, se habla de dispraxia verbal o apraxia del habla infantil, entidad relacionada pero clínicamente distinta. Del griego δυσ- (dys-), "dificultad, alteración", y πρᾶξις (prâxis), "acción, práctica, ejecución", del verbo πράττω (práttō), "hacer". Se construyó por analogía con apraxia, término más antiguo que se refería a la pérdida de la capacidad para ejecutar movimientos con propósito. La forma moderna del término, aplicada a los cuadros del desarrollo, se consolidó a lo largo del siglo XX. No. La apraxia es una pérdida adquirida de la capacidad para ejecutar movimientos que antes se realizaban con normalidad, casi siempre por una lesión cerebral focal en el adulto. La dispraxia, en su acepción actual, se refiere a la dificultad del desarrollo para adquirir habilidades motoras coordinadas y se manifiesta desde la infancia. La una arranca de una pérdida; la otra, de un aprendizaje que nunca llegó a consolidarse. Son prácticamente sinónimos en la clasificación diagnóstica actual. El DSM-5 y la CIE-11 utilizan preferentemente el nombre trastorno del desarrollo de la coordinación (TDC), mientras que dispraxia sigue empleándose ampliamente en la práctica clínica, sobre todo en la tradición neurológica europea. No. El diagnóstico exige, precisamente, descartar que la dificultad motora se explique por una discapacidad intelectual. La inteligencia general suele estar preservada, aunque la dispraxia puede acompañarse de otros trastornos del neurodesarrollo como el trastorno por déficit de atención con hiperactividad o la dislexia, lo que a veces oscurece el diagnóstico. Las estimaciones internacionales sitúan la prevalencia entre el 5% y el 6% de los niños en edad escolar. La proporción entre varones y niñas es aproximadamente de dos a uno. La detección precoz permite orientar el apoyo educativo y evitar el impacto acumulado sobre la autoestima y el rendimiento académico. Si desea profundizar en conceptos asociados a la dispraxia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la dispraxia
De la intención al movimiento: la planificación motora
Dispraxia y trastorno del desarrollo de la coordinación
Diferencias con la apraxia y la ataxia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra dispraxia?
¿Es lo mismo dispraxia que apraxia?
¿Y con el trastorno del desarrollo de la coordinación?
¿Es una discapacidad intelectual?
¿Cuántos niños la presentan?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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