DICCIONARIO MÉDICO
Aprendizaje
El aprendizaje es el proceso por el que un organismo adquiere, modifica o refuerza conocimientos, conductas o habilidades a partir de la experiencia. No es una función aislada: depende de la memoria para consolidarse y de la plasticidad del sistema nervioso para hacerse posible. La psicología distingue varios tipos según el mecanismo implicado, desde el condicionamiento hasta el aprendizaje por observación. La palabra procede del latín apprehendere, formado por el prefijo ad- (hacia) y el verbo prehendere (asir, agarrar, percibir). El sentido original era casi físico: aprender era, en su origen, asir algo con la mente del mismo modo que la mano asía un objeto. De ese mismo verbo derivan también comprender y sorprender, construidos sobre la misma idea de capturar algo, ya sea un concepto o una situación. Junto al sentido común de la palabra, la Real Academia Española recoge una acepción específica de psicología: la adquisición por la práctica de una conducta duradera. Esa palabra, duradera, es la clave. Lo que distingue el aprendizaje de un cambio pasajero de conducta (la fatiga, por ejemplo, o el efecto de una sustancia) es que persiste más allá del momento en que se produjo el estímulo que lo originó. El efecto sobrevive a la causa. No es, además, un proceso único. Bajo el mismo nombre conviven mecanismos bastante distintos entre sí: unos dependen de la repetición y el refuerzo, otros de la observación de otros individuos, y otros se producen incluso sin que exista ninguna recompensa de por medio. Los siguientes apartados repasan los principales. Aprender deja una huella física en el cerebro. Cada vez que se repite un estímulo con la intensidad adecuada, las neuronas implicadas modifican sus conexiones sinápticas, aumentando las ramificaciones dendríticas que reciben la señal y, con ello, la fuerza de esa conexión. Este fenómeno, la plasticidad neuronal, es el sustrato biológico sin el cual no habría aprendizaje posible. El aprendizaje y la memoria no pueden separarse: no hay aprendizaje sin memoria que lo retenga, ni memoria sin un aprendizaje previo que la haya generado. La consolidación pasa primero por una fase frágil y fácil de perder, y solo con la repetición se convierte en un registro mucho más estable. Existe además una distinción clásica entre dos formas de aprender. El aprendizaje implícito, el más antiguo desde el punto de vista evolutivo, genera rutinas automáticas e inconscientes (montar en bicicleta, escribir a máquina) que resultan difíciles de explicar con palabras. El explícito, en cambio, es deliberado y consciente, y es el que permite recordar una fecha histórica o un dato concreto y poder enunciarlo. Con la práctica, muchos aprendizajes explícitos terminan por automatizarse y volverse implícitos. Cuando el aprendizaje depende de asociar dos estímulos, o un estímulo con una respuesta, se habla de condicionamiento. Dentro de esta familia, el condicionamiento clásico, descrito por Iván Pávlov a partir de sus experimentos con perros, es el ejemplo más conocido: un estímulo neutro termina provocando una respuesta que en un principio solo desencadenaba otro estímulo distinto. No todo aprendizaje necesita un refuerzo inmediato. El psicólogo Edward C. Tolman demostró, con experimentos de ratas en laberintos realizados en la década de 1930, que el conocimiento puede adquirirse sin manifestarse en la conducta hasta que existe un motivo para hacerlo. A este fenómeno se le llama aprendizaje latente, y su historia se desarrolla con más detalle en la entrada correspondiente del diccionario. Una tercera vía prescinde de la experiencia directa. Basta con observar a otra persona para aprender. El psicólogo Albert Bandura llamó a este proceso aprendizaje vicario, porque el observador aprende también de las consecuencias que recibe el modelo observado, y no solo de la conducta en sí misma. Muy relacionado con él, aunque no idéntico, está el modelado: la técnica que emplea deliberadamente esa observación para enseñar o modificar una conducta concreta. Cuando alguno de estos mecanismos se ve alterado de forma persistente, pueden aparecer dificultades específicas, como la dislexia, centrada en la lectura. El diccionario dedica una entrada propia a esa alteración. Del latín apprehendere, formado por ad- (hacia) y prehendere (asir, agarrar). El sentido original era casi físico: aprender era, literalmente, asir algo con la mente. No exactamente. El aprendizaje es el proceso de adquirir algo nuevo; la memoria es el sistema que lo retiene y permite recuperarlo después. Van siempre juntos, pero no son sinónimos. El condicionamiento clásico y el operante dependen en gran medida de asociaciones y consecuencias, pero no siempre hace falta refuerzo. El aprendizaje latente que describió Tolman en 1930 demostró que el conocimiento puede adquirirse sin ninguna recompensa inmediata y manifestarse solo cuando resulta útil. Sí existen diferencias, aunque no de forma tan tajante como suele pensarse. La plasticidad neuronal es máxima durante la infancia, pero no desaparece después: el cerebro adulto conserva capacidad de reorganizarse toda la vida, aunque el ritmo y la forma de aprender cambian con la edad. Si desea profundizar en conceptos asociados al aprendizaje, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el aprendizaje
Bases neurobiológicas: memoria y plasticidad
Tipos de aprendizaje según su mecanismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra aprendizaje?
¿Es lo mismo aprendizaje que memoria?
¿Todos los tipos de aprendizaje necesitan refuerzo o recompensa?
¿A qué edad se aprende mejor?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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