DICCIONARIO MÉDICO
Lengua
La lengua es un órgano muscular móvil situado en el suelo de la cavidad oral. Combina fibras propias, que modifican su forma, con otras que la fijan a los huesos vecinos y le permiten desplazarse. Su cara superior está tapizada por miles de papilas de cuatro tipos, y de su integridad dependen funciones tan distintas como saborear, tragar y hablar. La lengua es un órgano musculomembranoso alojado en el suelo de la boca, dotado de una movilidad poco común entre las vísceras. Interviene en la percepción de los sabores, empuja el alimento durante la masticación, impulsa el bolo hacia la faringe en el momento de tragar y modela los sonidos que la laringe convierte en palabras. En latín clásico se llamaba lingua, pero la forma más antigua que se conserva es dingua, con una d inicial que después se perdió. El cambio de dingua a lingua suele atribuirse a la influencia del verbo lingere (lamer), que terminó tiñendo la pronunciación de la palabra. Detrás de ambas formas está la misma raíz protoindoeuropea que dio el inglés tongue y el alemán Zunge. De esa familia léxica proceden hoy términos como lingüística o bilingüe. Desde el punto de vista topográfico se distinguen tres zonas: la punta o ápice, el cuerpo y la raíz, esta última anclada al hueso hioides y al suelo bucal. Una hendidura en forma de uve invertida, el surco terminal, separa los dos tercios anteriores (móviles) del tercio posterior. En el vértice de esa uve se abre el agujero ciego, una pequeña depresión que señala el punto por donde descendió la glándula tiroides durante el desarrollo. Bajo la mucosa trabajan dos grupos de músculos. Los intrínsecos, sin inserción en el hueso, cambian la forma de la lengua: la acortan, la estrechan o la curvan. Los extrínsecos (geniogloso, hiogloso, estilogloso y palatogloso) nacen en estructuras vecinas y modifican su posición dentro de la boca. Casi toda esa maquinaria recibe órdenes del nervio hipogloso, el duodécimo par craneal. La sensibilidad se reparte de un modo curioso. El tacto y la temperatura de los dos tercios anteriores viajan por el nervio lingual; el gusto de esa misma zona lo recoge la cuerda del tímpano, una rama del facial. El tercio posterior, en cambio, confía tanto el gusto como la sensibilidad general al nervio glosofaríngeo. La textura aterciopelada del dorso se debe a las papilas, pequeños relieves de la mucosa que se agrupan en cuatro variedades. Las filiformes son las más abundantes y las únicas sin botones gustativos: cónicas y queratinizadas, aportan aspereza y ayudan a manejar el alimento. Las fungiformes, con forma de hongo, se concentran en la punta y los bordes, y sí alojan receptores del gusto. Más atrás, dibujando la uve lingual, se alinean las caliciformes o circunvaladas, las de mayor tamaño, rodeadas por un surco donde vierten su secreción las glándulas de von Ebner. Quedan las foliadas, unos pliegues laterales bastante rudimentarios en el ser humano y mucho más desarrollados en animales como el conejo. El gusto, por tanto, no reside en todas ellas. Los botones gustativos, repartidos entre fungiformes, foliadas y caliciformes, detectan los cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. La vieja imagen del mapa lingual, con una zona exclusiva para cada sabor, quedó desmentida hace décadas: cualquier región percibe cualquier gusto, aunque con sensibilidades algo distintas. Hacia la cuarta semana de gestación asoman en el suelo de la faringe primitiva dos abultamientos laterales y uno central, el tubérculo impar, todos derivados del primer arco branquial. De su fusión nacen los dos tercios anteriores. El tercio posterior procede de una elevación situada por detrás, la eminencia hipobranquial, formada sobre todo a partir del tercer arco. El surco terminal marca en el adulto la antigua línea de sutura entre ambas porciones. El agujero ciego recuerda el lugar donde la tiroides inició su descenso hacia el cuello. Ese doble origen embrionario explica por qué la lengua reparte su inervación entre nervios distintos según la región. Del latín lingua y, antes, de la forma dingua. El paso de la d a la l se atribuye al influjo del verbo lamer, lingere en latín. La raíz es la misma del inglés tongue. No. Las papilas filiformes, que son las más numerosas, carecen de botones gustativos y cumplen una función mecánica y táctil. El gusto depende de las fungiformes, las foliadas y las caliciformes. Se describen cuatro músculos intrínsecos y cuatro extrínsecos a cada lado de un tabique fibroso central. Los intrínsecos modifican la forma del órgano; los extrínsecos, su posición. La coordinación entre ambos grupos es la que permite movimientos tan finos como los del habla. El dorso lingual responde a numerosos estímulos y puede adoptar aspectos llamativos sin que medie una enfermedad grave. Una capa blanquecina de restos y bacterias origina la lengua saburral. Cuando las papilas filiformes se alargan y retienen queratina aparece la lengua vellosa. Los surcos profundos definen la lengua escrotal, y las placas rojizas cambiantes, la lengua geográfica. La mayoría son variantes benignas.Qué es la lengua
Regiones y musculatura
Las papilas linguales
Desarrollo embrionario
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra lengua?
¿Todas las papilas sirven para saborear?
¿Cuántos músculos tiene la lengua?
¿Por qué la lengua cambia de aspecto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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