DICCIONARIO MÉDICO
Ageusia
La ageusia es la pérdida completa del sentido del gusto. La persona afectada no detecta ninguno de los cinco sabores básicos (dulce, salado, ácido, amargo y umami), con independencia de la concentración del estímulo. Se trata de un trastorno poco frecuente en su forma pura; la mayoría de los pacientes que consultan por «pérdida del gusto» presentan en realidad una alteración del olfato, que es el sentido que más contribuye a la percepción de los sabores complejos. El término se forma con el prefijo privativo griego ἀ- (a-, «sin») y γεῦσις (geûsis, «gusto», «acción de probar»), de la raíz indoeuropea *geus-, «probar, degustar», que dio también el latín gustus. Ageusia significa, en sentido literal, «ausencia de gusto». La voz entró en la terminología médica moderna durante el siglo XIX, cuando la fisiología experimental comenzó a separar de forma sistemática las contribuciones del gusto y del olfato a la percepción del sabor. Para comprender por qué la ageusia verdadera es tan infrecuente conviene recordar cómo se organiza la percepción gustativa. Las papilas de la lengua contienen los botones gustativos, cada uno de los cuales agrupa entre 50 y 100 células receptoras que se renuevan cada 10 a 14 días. La información viaja desde la lengua al tronco encefálico a través de tres pares craneales: el nervio facial (VII par, rama cuerda del tímpano) recoge los dos tercios anteriores; el nervio glosofaríngeo (IX par), el tercio posterior; y el nervio vago (X par) inerva una pequeña zona de la epiglotis y la faringe. Para que se produzca una ageusia total, la lesión tendría que afectar a las tres vías simultáneamente o al área cortical donde convergen, algo que en la práctica sucede pocas veces. Las infecciones de las vías respiratorias altas son la causa más habitual de alteración del gusto, pero en la inmensa mayoría de estos casos lo que se pierde es el componente olfativo del sabor, no la percepción gustativa propiamente dicha. La pandemia de COVID-19 puso esta confusión en primer plano: muchos pacientes referían «no notar sabor a nada», cuando en realidad conservaban la capacidad de distinguir dulce de salado si se les presentaban soluciones puras en la lengua. Entre las causas que sí producen ageusia genuina se encuentran las lesiones del tronco encefálico o del tálamo, ciertos traumatismos craneoencefálicos, la radioterapia dirigida a cabeza y cuello (que puede destruir los botones gustativos de forma irreversible) y la acción de algunos medicamentos. La cirugía del oído medio, cuando lesiona la cuerda del tímpano, reduce la percepción gustativa de los dos tercios anteriores de la lengua ipsilateral, aunque rara vez provoca una pérdida total porque las demás vías compensan parcialmente. El envejecimiento también contribuye: a partir de los 50 años se reduce de forma progresiva el número de papilas gustativas funcionales. La ageusia ocupa el extremo más grave del espectro de los trastornos gustativos. La hipogeusia es una reducción parcial de la sensibilidad: el paciente percibe los sabores, pero necesita concentraciones más altas de lo normal para identificarlos. La disgeusia, en cambio, no implica una pérdida sino una distorsión: los alimentos adquieren un sabor metálico, rancio o sencillamente irreconocible. Pueden coexistir dos o incluso tres de estos trastornos en un mismo paciente. Conviene también separar la ageusia de la anosmia. La percepción del sabor integra información gustativa (captada en la lengua) e información olfativa retronasal (aromas que ascienden desde la faringe hasta la mucosa olfatoria al masticar). Cuando falla solo el olfato, la persona conserva la capacidad de distinguir dulce, salado, ácido, amargo y umami, pero pierde la riqueza aromática que diferencia, por ejemplo, un café de un chocolate. Las pruebas gustométricas permiten al otorrinolaringólogo separar ambos componentes. Del griego ἀ- («sin») y γεῦσις («gusto»). Comparte raíz con el latín gustus y con el castellano «gusto» y «degustar». En textos médicos aparece de forma habitual desde mediados del siglo XIX. No. La verdadera ageusia es poco frecuente. En la mayoría de los pacientes que refieren «no saborear nada», la causa real es una anosmia o una hiposmia. La confusión se explica porque el olfato retronasal aporta buena parte de lo que llamamos sabor. Un modo sencillo de comprobar la diferencia: si la persona distingue el dulce del salado al colocar unas gotas de solución en la lengua, su gusto funciona; lo que falla es el olfato. Depende de la causa. Las formas asociadas a infecciones virales suelen resolverse en semanas o meses. Cuando el origen es una radioterapia de cabeza y cuello, la recuperación puede ser incompleta porque los botones gustativos no siempre se regeneran del todo. Las lesiones del tronco encefálico tienen un pronóstico variable según la extensión del daño. Al nacer se dispone de unas 10 000 papilas gustativas. A partir de los 50 años su número empieza a descender y, pasados los 70, la pérdida puede ser considerable, sobre todo para los sabores salado y amargo. Ese declive explica, al menos en parte, por qué muchas personas mayores tienden a sazonar más los alimentos. Si desea profundizar en conceptos vinculados a la ageusia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la ageusia
Causas de la ageusia
Diferenciación con la hipogeusia y la disgeusia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «ageusia»?
¿Es lo mismo perder el gusto que perder el olfato?
¿La ageusia puede ser permanente?
¿Cuántas papilas gustativas se pierden con la edad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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