DICCIONARIO MÉDICO
Disgeusia
La disgeusia es un trastorno cualitativo del sentido del gusto en el que los sabores se perciben modificados, atenuados o directamente desagradables, sin que la sensibilidad gustativa esté completamente abolida. Puede aparecer de forma transitoria tras una infección respiratoria o mantenerse durante meses en el contexto de medicamentos, radioterapia o enfermedades neurológicas. Se denomina disgeusia a la percepción anómala del sabor: el paciente sigue sintiendo el gusto, pero lo experimenta distorsionado. Un alimento familiar puede tener un fondo metálico persistente, un sabor amargo donde antes no lo había, o simplemente resultar irreconocible. Es un síntoma sensorial, no una enfermedad en sí misma, y aparece asociado a causas muy diversas. Etimológicamente el término procede del griego δυς- (dys, «mal, defectuoso») y γεῦσις (geûsis, «gusto»). La misma raíz gustativa da nombre al nervio glosofaríngeo o a la propia «geusia» que sirve de base a los términos ageusia (pérdida completa) e hipogeusia (disminución). En su acepción actual, la palabra empezó a circular en la literatura otorrinolaringológica de finales del siglo XIX, cuando se ordenaron las alteraciones del olfato y del gusto en una nosología común. La pandemia de COVID-19 devolvió esta palabra al lenguaje corriente. Antes era un término reservado a las consultas de otorrinolaringología, oncología y neurología; la infección por SARS-CoV-2 la convirtió, junto con la anosmia, en uno de los síntomas de reconocimiento popular más amplio de los últimos años. La percepción del sabor no es un proceso puramente lingual. Los botones gustativos, agrupados en las papilas fungiformes, foliadas y caliciformes de la lengua, detectan cinco sabores básicos: dulce, salado, ácido, amargo y umami. La señal viaja por tres vías nerviosas distintas según la localización: la cuerda del tímpano (rama del nervio facial) para los dos tercios anteriores de la lengua, el nervio glosofaríngeo para el tercio posterior y el vago para la epiglotis y la faringe. Todas confluyen en el núcleo del tracto solitario del tronco encefálico y desde allí ascienden al tálamo y a la corteza gustativa primaria. A esta información propiamente gustativa se suma la olfatoria retronasal, responsable de gran parte de lo que llamamos «sabor» de un alimento. Por eso una nariz obstruida atenúa el gusto y por eso las alteraciones olfativas se confunden a menudo con problemas del gusto. La disgeusia puede originarse, en consecuencia, en cualquier punto de esa cadena: desde el propio botón gustativo (que se renueva cada diez a catorce días) hasta la corteza cerebral, pasando por la saliva que disuelve los estímulos y los pone en contacto con los receptores. Parageusia. El paciente percibe un sabor cualitativamente distinto del real. Un café puede saber a metal, una fruta a jabón. Es la forma más frecuente en el contexto de fármacos y de infecciones víricas. Cacogeusia. Sabor persistente desagradable, muchas veces descrito como pútrido, metálico o químico, que aparece de forma espontánea sin necesidad de que haya un alimento en la boca. Se asocia con más frecuencia a alteraciones del nervio glosofaríngeo, a enfermedades neurológicas y a algunas causas psiquiátricas. Fantogeusia (o alucinación gustativa). Percepción de un sabor en ausencia de estímulo, sin la connotación necesariamente desagradable de la cacogeusia. Puede formar parte del aura de determinadas crisis epilépticas del lóbulo temporal. La disgeusia no tiene una única etiología. Su interés clínico está precisamente en que obliga a rastrear varios frentes al mismo tiempo. Los mecanismos por los que un fármaco produce disgeusia van desde la modificación de la composición salival hasta la interferencia directa con los canales iónicos del botón gustativo; los inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, la terbinafina, el metronidazol, el litio o determinados citostáticos se citan de forma recurrente en la bibliografía. Las infecciones virales de la vía aérea superior, con la COVID-19 como caso paradigmático reciente, alteran de forma transitoria la mucosa y la inervación gustativa. El déficit de zinc, la xerostomía por síndrome de Sjögren o por medicación anticolinérgica, la candidiasis oral y el reflujo faringolaríngeo son causas locales que a menudo se olvidan en el diagnóstico diferencial. La radioterapia de cabeza y cuello lesiona los botones gustativos de manera dosis-dependiente y su recuperación puede tardar meses. Las lesiones del nervio facial (por ejemplo en cirugías del oído medio o en la parálisis de Bell) afectan a la cuerda del tímpano y con ella al gusto de los dos tercios anteriores de la lengua. Enfermedades neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la esclerosis múltiple o los tumores de fosa posterior figuran también entre las causas descritas. Ageusia. Ausencia total de percepción gustativa. En la disgeusia el sabor sigue percibiéndose; en la ageusia no hay sabor en absoluto. La ageusia completa es infrecuente; la parcial afecta solo a determinadas cualidades (por ejemplo, amargo). Hipogeusia. Disminución generalizada de la sensibilidad gustativa, sin distorsión. Los sabores están, pero apagados. Muchos pacientes que se quejan de hipogeusia tienen en realidad hiposmia y no lo saben. Parosmia. Distorsión del olfato, no del gusto. Es habitual que se confunda con la disgeusia porque el sabor de los alimentos depende en gran parte del olfato retronasal. La distinción es importante porque orienta hacia el nervio olfatorio y no hacia las vías gustativas. Del griego δυς- (dys), que indica un funcionamiento defectuoso, y γεῦσις (geûsis), «gusto». Literalmente significa «gusto alterado». La misma raíz aparece en ageusia, hipogeusia e incluso en el nombre científico del sentido del gusto en la nomenclatura clásica. No. Perder el gusto por completo se denomina ageusia. En la disgeusia el sabor está presente, pero se percibe modificado o desagradable. La distinción no es solo terminológica: apunta a mecanismos distintos y a causas distintas. El sabor metálico persistente es una forma característica de parageusia y una queja habitual asociada a algunos medicamentos (metronidazol, terbinafina, sales de litio), a los tratamientos oncológicos y a determinados suplementos con hierro. También puede aparecer durante el embarazo, con base hormonal. En la mayoría de las personas la disgeusia postvírica desaparece en semanas o pocos meses. Un porcentaje menor mantiene alteraciones durante más tiempo. La recuperación depende del grado de lesión de los botones gustativos y de la mucosa olfatoria, que se renuevan de forma continua a lo largo de la vida. Para profundizar en los términos vinculados a la percepción del sabor y sus alteraciones, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la disgeusia
Bases neurofisiológicas del sabor
Formas clínicas
Causas más frecuentes
Diferenciación con ageusia, hipogeusia y parosmia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra disgeusia?
¿Es lo mismo disgeusia que perder el gusto?
¿Por qué muchos alimentos me saben a metal?
¿Puede recuperarse el gusto después de una COVID-19?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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