DICCIONARIO MÉDICO
Leucemia aguda
La leucemia aguda es un grupo de cánceres hematológicos en los que células precursoras de la sangre —llamadas blastos— proliferan de forma descontrolada en la médula ósea, sin completar su proceso de maduración. Se subdivide en dos grandes tipos según la estirpe celular afectada: leucemia linfoblástica aguda (LLA), más frecuente en niños, y leucemia mieloide aguda (LMA), predominante en adultos. Dentro del conjunto de las leucemias, el adjetivo «aguda» no designa la gravedad de la enfermedad —como a veces se interpreta en el lenguaje común—, sino la velocidad con la que progresa y, sobre todo, el grado de inmadurez de las células malignas. En una leucemia aguda, la alteración genética se produce en una célula progenitora que pierde la capacidad de completar su diferenciación: se divide, pero no madura. El resultado es la acumulación de blastos —células inmaduras, funcionalmente inútiles— que invaden la médula ósea y desplazan la hematopoyesis normal. La etimología del adjetivo viene del latín acūtus, participio de acuĕre ("afilar, aguzar"). En medicina clásica, lo «agudo» es lo que se presenta de forma repentina y progresa con rapidez, en contraposición a lo «crónico» (del griego χρόνος, chrónos, "tiempo"), que evoluciona lentamente. La palabra «blasto», por su parte, procede del griego βλαστός (blastós, "germen, brote"), y en hematología se emplea para referirse a las células precursoras más inmaduras de la médula ósea. La definición operativa de leucemia aguda que utiliza la Organización Mundial de la Salud (OMS) exige que los blastos representen al menos el 20 % de la celularidad medular. Desde el punto de vista clínico, esa invasión masiva de blastos tiene una consecuencia directa: la médula ósea deja de producir cantidades suficientes de células sanguíneas maduras. Caen los eritrocitos, caen los leucocitos funcionales, caen las plaquetas. La progresión suele medirse en semanas — de ahí que, sin intervención, la enfermedad pueda comprometer la vida en un plazo corto. Lo que define a una leucemia como aguda no es un síntoma ni una localización, sino una observación de laboratorio: el porcentaje de blastos en la médula ósea. Cuando un hematólogo analiza un aspirado medular y encuentra más del 20 % de blastos (umbral establecido por la OMS; la clasificación FAB anterior utilizaba el 30 %), el diagnóstico se orienta hacia leucemia aguda. Ese umbral es el que separa formalmente las leucemias agudas de los síndromes mielodisplásicos, que también presentan células anómalas en la médula pero por debajo de ese porcentaje. Una vez establecido que hay blastos suficientes, el siguiente paso es determinar a qué línea celular pertenecen. Para ello se combinan cuatro herramientas: la morfología (cómo se ven al microscopio), la citoquímica (cómo reaccionan a determinadas tinciones), el inmunofenotipo por citometría de flujo (qué marcadores de superficie expresan) y el estudio citogenético y molecular (qué alteraciones genéticas presentan). Cada una de esas capas de información aporta datos complementarios, y su integración es lo que permite clasificar la leucemia aguda en un subtipo concreto. Leucemia linfoblástica aguda (LLA). La célula que se transforma pertenece a la línea linfoide, la que en condiciones normales da lugar a los linfocitos B y T. Es la neoplasia maligna más frecuente de la infancia —con un pico entre los 2 y los 5 años—, aunque también se diagnostica en adultos. La clasificación FAB distinguía tres subtipos morfológicos (L1, L2, L3), pero hoy la clasificación de la OMS prioriza las alteraciones genéticas subyacentes, que son las que más condicionan el comportamiento de la enfermedad. Leucemia mieloide aguda (LMA). Aquí la transformación afecta a la línea mieloide, que es la encargada de producir neutrófilos, monocitos, eosinófilos, basófilos, eritrocitos y plaquetas. Su incidencia aumenta con la edad y alcanza el máximo entre los 65 y los 75 años. La clasificación FAB estableció los subtipos M0 a M7 según el tipo celular predominante — desde la forma indiferenciada (M1) hasta la megacarioblástica (M7). Un subtipo de especial relevancia es la leucemia promielocítica aguda (M3), por su particular biología y por la mejora excepcional del pronóstico en las últimas décadas. La clasificación OMS vigente ha integrado criterios genéticos y moleculares que permiten definir entidades con implicaciones pronósticas más precisas. Existe además un pequeño grupo de leucemias agudas que no encajan limpiamente en ninguna de las dos categorías. La leucemia aguda indiferenciada no expresa marcadores claros de ninguna línea, y la leucemia de fenotipo mixto expresa marcadores de ambas, lo que complica la clasificación y el abordaje. La distinción entre leucemia aguda y crónica no es solo una cuestión de velocidad: es una diferencia en la biología de las células malignas. En las leucemias crónicas —la linfocítica crónica (LLC) y la mieloide crónica (LMC)—, las células malignas conservan cierta capacidad de maduración: son células relativamente diferenciadas que, además, se acumulan en parte porque viven más de lo normal, no solo porque se dividen más deprisa. En la práctica, esto se traduce en que muchas leucemias crónicas se detectan de forma casual en una analítica rutinaria, mientras que las agudas suelen debutar con un cuadro clínico manifiesto. Ahora bien, la frontera no es siempre estanca. La leucemia mieloide crónica puede evolucionar hacia una «crisis blástica» en la que la enfermedad se comporta como una leucemia aguda. Y ciertos síndromes mielodisplásicos de alto riesgo pueden progresar a LMA. Por eso, la distinción aguda/crónica es un punto de partida para la clasificación, pero no un compartimento estanco. No significa necesariamente «más grave», sino «de progresión rápida y con células inmaduras». El adjetivo viene del latín acūtus ("afilado") y en medicina indica un proceso de inicio brusco. En la leucemia aguda, los blastos se acumulan en semanas, a diferencia de las formas crónicas, que progresan a lo largo de meses o años. No. La leucemia aguda es el concepto general —que incluye tanto la linfoblástica como la mieloblástica—. La leucemia mieloblástica (o mieloide) aguda es uno de los dos grandes tipos de leucemia aguda, el que afecta a la línea mieloide. Es un error frecuente. La LLA sí tiene su mayor incidencia en la infancia, pero la LMA es más frecuente en adultos y alcanza su pico entre los 65 y los 75 años. Globalmente, la leucemia aguda puede presentarse a cualquier edad. Los síndromes mielodisplásicos se caracterizan también por células anómalas en la médula ósea, pero con un porcentaje de blastos inferior al 20 %. Un porcentaje significativo de ellos —entre el 30 y el 40 % según las series— puede evolucionar con el tiempo hacia una leucemia mieloide aguda. El umbral del 20 % de blastos que establece la OMS es, precisamente, la línea divisoria. La distinción entre formas agudas y crónicas se fue consolidando a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Virchow ya insinuó la existencia de formas de diferente velocidad en sus escritos de la década de 1850, pero la separación formal en dos categorías se atribuye a Ernst Neumann, quien en 1870 identificó la médula ósea como origen de la leucemia y diferenció las formas de curso rápido de las de evolución lenta. Consulte también la información clínica completa sobre la leucemia aguda Si busca información sobre manifestaciones clínicas, métodos de diagnóstico y opciones de atención, puede consultar la página completa sobre leucemia aguda del Área de Cáncer Hematológico del Cancer Center de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la leucemia aguda, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la leucemia aguda
El blasto como eje definitorio
Los dos grandes tipos: LLA y LMA
Diferenciación con las leucemias crónicas
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «aguda» en leucemia aguda?
¿Es lo mismo leucemia aguda que leucemia mieloblástica?
¿La leucemia aguda solo afecta a niños?
¿Qué relación hay entre un síndrome mielodisplásico y una leucemia aguda?
¿Cuándo se acuñó el nombre «leucemia aguda» como categoría diferenciada?
Referencias
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