DICCIONARIO MÉDICO
Biopsia de médula ósea
La biopsia de médula ósea es un procedimiento que extrae un pequeño cilindro de tejido del interior de la cavidad medular de un hueso, habitualmente de la cresta ilíaca posterior, para su examen microscópico. El aspirado medular obtiene material líquido con células en suspensión; la biopsia, en cambio, conserva intacta la arquitectura del tejido hematopoyético y permite valorar la celularidad, la distribución de las distintas series celulares y la presencia de fibrosis. Se trata de una modalidad de biopsia dirigida específicamente al tejido que ocupa la cavidad interior de ciertos huesos. La médula ósea, un tejido blando y muy vascularizado, alberga las células madre responsables de la hematopoyesis: la producción continua de eritrocitos, leucocitos y plaquetas. El objetivo de la biopsia es obtener una muestra sólida, un cilindro de entre 1,5 y 2 centímetros de longitud (la OMS recomienda al menos 1,5 cm), que se fija, se descalcifica y se procesa para cortes histológicos. Etimológicamente, la voz «médula» procede del latín medulla, que significaba tuétano o meollo, la parte más interna de una estructura. El adjetivo «ósea» deriva de osseus, a su vez de os, ossis (hueso). En español, la expresión «médula de los huesos» se documenta ya en textos médicos del siglo XVI, aunque el concepto de que ese tejido fuera el lugar de fabricación de las células sanguíneas no se estableció hasta 1868, cuando Ernst Neumann lo demostró en la Universidad de Königsberg. La primera obtención documentada de tejido medular con finalidad diagnóstica se atribuye al italiano Giovanni Ghedini, que en 1908 describió una técnica de raspado tibial con cucharilla quirúrgica en la Universidad de Génova. El método no tuvo continuidad práctica. Fue el hematólogo ruso Mijaíl Arinkin quien, entre 1927 y 1929, popularizó la punción esternal con aguja como recurso fiable para examinar las células de la médula en vida del paciente. La técnica cambió de localización décadas más tarde: en 1958, McFarland y Dameshek trasladaron el punto de acceso a la cresta ilíaca posterior, un hueso con mayor volumen de médula activa y menor riesgo de complicaciones que el esternón. Esa sigue siendo la localización estándar. Conviene distinguir dos procedimientos que suelen realizarse de forma consecutiva en la misma sesión, porque aportan información complementaria. El aspirado medular utiliza una aguja hueca conectada a una jeringa: la succión arrastra un pequeño volumen de líquido con células en suspensión. Esas células se extienden en portaobjetos para análisis citológico (la observación de la morfología individual de cada célula), y también pueden destinarse a estudios de citología de flujo o a análisis citogenéticos. La biopsia propiamente dicha emplea un trócar de calibre mayor, que se introduce mediante presión y rotación hasta obtener un cilindro sólido de tejido medular con su armazón óseo trabecular incluido. El diseño más extendido es la aguja de Jamshidi, introducida en 1971, cuyo extremo biselado permite cortar y retener el cilindro sin fragmentarlo. Lo que distingue a este cilindro del aspirado es que conserva la disposición espacial de los elementos: el patólogo puede evaluar si la proporción entre tejido graso y tejido hematopoyético es la adecuada para la edad del paciente, si existe fibrosis reticulínica o colágena, y si la distribución de megacariocitos, precursores eritroides y serie granulocítica se ajusta a lo esperable. Procesar este cilindro exige un paso adicional que el aspirado no necesita: la descalcificación. El hueso trabecular que rodea la médula debe reblandecerse con ácidos diluidos o con agentes quelantes antes de poder cortarse en secciones finas para el microscopio. Ese procesamiento lleva entre 24 y 48 horas, lo cual explica que el informe de la biopsia tarde más que el del aspirado, que puede leerse el mismo día. La biopsia ósea y la biopsia de médula ósea comparten instrumental similar, pero se dirigen a tejidos distintos con objetivos diferentes. En la biopsia ósea, el interés recae sobre la propia estructura del hueso: el tejido cortical y el hueso esponjoso (trabecular), su mineralización, su remodelado. Se solicita ante la sospecha de enfermedades que alteran el metabolismo óseo o que originan lesiones focales en el esqueleto. En la biopsia de médula ósea, lo relevante no es el hueso en sí, sino lo que hay dentro: el tejido hematopoyético que rellena los espacios intertrabeculares. Un mismo cilindro puede contener información sobre ambos compartimentos si el patólogo lo examina con intención doble, pero en la práctica clínica la petición, el procesamiento y el informe suelen orientarse hacia uno u otro. Del latín medulla (tuétano, la parte más interna) y osseus (relativo al hueso). «Medulla» comparte raíz con medius, lo que en el fondo remite a la idea de «lo que está en el medio», el centro del hueso. En 1868 Ernst Neumann estableció que ese tejido, hasta entonces considerado un simple relleno graso, era el lugar donde se fabricaban las células de la sangre, y la expresión «médula ósea» adquirió el peso clínico que tiene hoy. No. El aspirado recoge un líquido con células individuales y el análisis se centra en la morfología celular. La biopsia obtiene un fragmento sólido de tejido que conserva la arquitectura, lo que permite estudiar la celularidad global y la relación entre los distintos componentes de la médula. Las dos pruebas se complementan y suelen realizarse en el mismo acto. En el adulto, la médula roja hematopoyéticamente activa se concentra en unos pocos huesos: vértebras, esternón, costillas, pelvis y extremos proximales de fémur y húmero. La cresta ilíaca posterior reúne tres ventajas que explican su preferencia: un gran volumen de médula activa, una localización subcutánea accesible y una distancia de seguridad suficiente respecto a estructuras vasculares y nerviosas importantes. En lactantes menores de 18 meses, cuando la pelvis aún no ha desarrollado un volumen medular suficiente, puede utilizarse la cara anteromedial de la tibia. El hemograma analiza las células una vez que ya circulan por la sangre periférica. Si los recuentos son anormales, el hemograma dice cuántas células hay, pero no por qué. La biopsia de médula ósea permite ver el sitio de producción: cómo de celular es la médula, si las líneas maduran con normalidad, si existe fibrosis que sustituya al tejido funcional o si hay células ajenas al tejido medular que no deberían estar allí. Si desea ampliar conceptos vinculados a la biopsia de médula ósea, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la biopsia de médula ósea
Aspirado medular y biopsia con trócar
Diferenciación con la biopsia ósea
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «médula ósea»?
¿Es lo mismo el aspirado medular que la biopsia de médula ósea?
¿Por qué se elige la cresta ilíaca para la punción?
¿Qué información aporta la biopsia que el hemograma no muestra?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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