DICCIONARIO MÉDICO
Lesión hepática
Una lesión hepática es cualquier alteración estructural o funcional del hígado producida por un agente tóxico, infeccioso, metabólico, inmunitario o vascular. Puede manifestarse como una inflamación aguda (hepatitis), como una acumulación de grasa en los hepatocitos (esteatosis), como una sustitución del tejido funcional por tejido cicatricial (cirrosis) o como la muerte celular por falta de riego (infarto hepático). "Hepático" viene del griego hepar, hepatos, "hígado". El hígado es el órgano metabólico central del organismo: procesa los nutrientes que absorbe el intestino, sintetiza proteínas (entre ellas la albúmina y los factores de coagulación), produce la bilis, almacena glucógeno y detoxifica fármacos y sustancias exógenas. Esa función detoxificadora lo convierte también en un blanco frecuente de agresiones: muchos fármacos, tóxicos industriales y drogas de abuso lesionan el hígado precisamente porque es en él donde se metabolizan. Una característica singular del hígado, relevante para entender sus lesiones, es su extraordinaria capacidad de regeneración. Tras una hepatectomía parcial, el hígado remanente puede recuperar el volumen original en semanas. Pero esa capacidad tiene límites: cuando la agresión es crónica y persistente, la regeneración se acompaña de fibrosis progresiva que acaba por desestructurar la arquitectura del órgano y comprometer su función —el camino hacia la cirrosis—. Tóxicas y farmacológicas. La lesión hepática inducida por fármacos (hepatotoxicidad) es una causa importante de daño hepático agudo. El paracetamol en sobredosis es el ejemplo paradigmático de hepatotoxicidad dosis-dependiente: produce necrosis centrolobulillar masiva que puede evolucionar a insuficiencia hepática fulminante. Otros fármacos (antiinflamatorios, antibióticos, antiepilépticos, estatinas) pueden causar daño idiosincrásico —no predecible ni dependiente de la dosis— por mecanismos inmunológicos o metabólicos. El alcohol es el tóxico crónico más frecuente: produce un espectro que va desde la esteatosis hepática simple hasta la esteatohepatitis y la cirrosis. Infecciosas. Los virus hepatotropos (A, B, C, D, E) son agentes clásicos de lesión hepática. La hepatitis B y la hepatitis C pueden cronificarse y evolucionar a cirrosis y hepatocarcinoma. Otros microorganismos (amebas, esquistosomas, bacterias piógenas) producen lesiones hepáticas focales como el absceso amebiano o el absceso piógeno. Metabólicas. La enfermedad hepática metabólica (antes llamada esteatosis hepática no alcohólica, hoy MASLD por sus siglas en inglés) es la causa más frecuente de lesión hepática crónica en los países occidentales. Está asociada a la obesidad, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico, y sigue un espectro similar al del alcohol: esteatosis, esteatohepatitis, fibrosis, cirrosis. Autoinmunes. En la hepatitis autoinmune, el sistema inmunitario ataca los hepatocitos. Otras enfermedades autoinmunes que afectan al hígado son la cirrosis biliar primaria (colangitis biliar primaria) y la colangitis esclerosante primaria, que lesionan los conductos biliares. Vasculares. La lesión isquémica del hígado puede producirse por hipotensión grave (hepatitis isquémica o "hígado de shock"), por trombosis de la arteria hepática (tras trasplante hepático, por ejemplo) o por síndrome de Budd-Chiari (trombosis de las venas hepáticas). La hipertensión portal es una consecuencia de la lesión hepática crónica, no una causa, pero agrava el daño al producir congestión y derivación del flujo sanguíneo. Cuando se evalúa una lesión hepática en la analítica, se distinguen tres patrones según qué marcadores predominan. En la lesión hepatocelular, la célula dañada es el hepatocito: suben las transaminasas (ALT y AST). En la lesión colestásica, el daño afecta a los conductos biliares o al flujo de bilis: sube la fosfatasa alcalina y la bilirrubina, y puede aparecer colestasis clínica con ictericia y prurito. El patrón mixto combina ambos. Esa distinción, que se hace con una simple analítica de sangre, orienta el diagnóstico diferencial y las decisiones clínicas. Del griego hepar, hepatos, "hígado". La raíz aparece en hepatitis (inflamación del hígado), hepatocito (célula del hígado), hepatomegalia (aumento de tamaño del hígado) y hepatectomía (extirpación quirúrgica de una parte del hígado). Sí, y de forma notable. El hígado es el único órgano interno con capacidad de regeneración significativa: tras la resección de hasta el 70 % de su masa, puede recuperar el volumen funcional en semanas. Pero esa regeneración tiene un precio cuando la agresión es crónica: cada ciclo de daño y reparación deposita tejido fibroso que, acumulado, lleva a la cirrosis. Las transaminasas (ALT y AST) son enzimas que están dentro de los hepatocitos. Cuando los hepatocitos se dañan, estas enzimas se liberan a la sangre y su concentración sube. Unas transaminasas elevadas indican que hay lesión hepatocelular, pero no dicen por sí solas cuál es la causa: puede ser un virus, un fármaco, alcohol, una enfermedad metabólica o un proceso autoinmune. No exactamente. La hepatitis es un tipo concreto de lesión hepática: la que cursa con inflamación del hígado. Pero "lesión hepática" es más amplio: incluye también la esteatosis (acumulación de grasa sin inflamación), la fibrosis, la colestasis, la necrosis isquémica y las lesiones focales (abscesos, tumores, quistes). Si desea profundizar en conceptos asociados a la lesión hepática, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es una lesión hepática
Causas principales de lesión hepática
Patrones de lesión: hepatocelular, colestásico y mixto
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «hepático»?
¿El hígado puede regenerarse después de una lesión?
¿Qué significa "transaminasas elevadas"?
¿Es lo mismo lesión hepática que hepatitis?
Referencias
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