DICCIONARIO MÉDICO
Fibrosis
La fibrosis es un proceso patológico caracterizado por el depósito excesivo de tejido conectivo fibroso, sobre todo colágeno, en el intersticio de un órgano o tejido, que sustituye progresivamente al parénquima funcional y compromete la arquitectura y el rendimiento del órgano afectado. El vocablo fibrosis se construye a partir del latín fibra (filamento, hebra) y el sufijo griego -osis (ωσις), que indica estado patológico o proceso morboso. Apareció en la literatura médica a mediados del siglo XIX para describir la proliferación anómala de tejido conectivo que los patólogos observaban en órganos dañados de manera crónica. Conviene distinguir la fibrosis de la cicatrización fisiológica. Cuando un tejido sufre una lesión aguda (una herida, por ejemplo), los fibroblastos depositan colágeno y otras proteínas de la matriz extracelular para restaurar la integridad mecánica; después, el proceso se detiene y parte de la cicatriz se remodela. En la fibrosis, ese mecanismo de reparación no se apaga. La lesión persiste o se repite, y el depósito de matriz continúa hasta que el tejido funcional queda sepultado bajo una trama fibrosa densa e irreversible. La célula protagonista es el miofibroblasto, un fibroblasto que ha adquirido propiedades contráctiles y una capacidad secretora muy elevada. Su activación depende de señales procedentes de células inmunitarias, en particular macrófagos, que liberan citocinas profibróticas tras reconocer el daño tisular. Entre esas señales, el factor de crecimiento transformante beta 1 (TGF-β1) ocupa un lugar central: estimula la síntesis de colágeno de tipos I y III, inhibe las enzimas que degradan la matriz (metaloproteinasas) y favorece la transición de células epiteliales y mesoteliales hacia fenotipo mesenquimal. No es un proceso exclusivamente inflamatorio. Investigaciones publicadas en las dos últimas décadas han demostrado que las vías moleculares que sostienen la fibrosis pueden operar con relativa independencia de la inflamación, lo que explica por qué los antiinflamatorios clásicos rara vez consiguen frenar la progresión de la enfermedad fibrótica una vez establecida. Prácticamente cualquier órgano puede desarrollar fibrosis. Se han descrito dos patrones histológicos generales: la fibrosis intersticial (o reactiva), en la que el tejido conectivo se expande de forma difusa entre las estructuras funcionales, y la fibrosis de sustitución (o reparativa), donde una zona de parénquima muerto es reemplazada por una cicatriz colágena. En el pulmón, la acumulación de colágeno en los septos alveolares da lugar a la fibrosis pulmonar, que rigidifica el parénquima e impide el intercambio gaseoso. El hígado sometido a agresión crónica (alcohol, hepatitis viral, esteatosis) desarrolla tabiques fibrosos que distorsionan la arquitectura lobulillar y desembocan, en fases avanzadas, en cirrosis. A nivel cardíaco, la fibrosis miocárdica acompaña a la cardiopatía hipertensiva y a la miocardiopatía isquémica, mientras que la afectación predominante del endocardio configura la fibrosis endomiocárdica. Otras localizaciones relevantes son el peritoneo (la fibrosis peritoneal, relacionada con frecuencia con la diálisis peritoneal prolongada), el retroperitoneo (fibrosis retroperitoneal), el riñón y la piel. Una forma sistémica particularmente grave es la esclerosis sistémica, en la que la fibrosis afecta simultáneamente a piel, pulmones, tracto digestivo y vasos sanguíneos. Se ha estimado que las enfermedades fibróticas de distintos órganos contribuyen a cerca del 45 % de la mortalidad global en países industrializados, una cifra que incluye cirrosis hepática, insuficiencia cardíaca con componente fibrótico, enfermedad renal crónica avanzada y fibrosis pulmonar progresiva. Esta magnitud contrasta con la escasez de tratamientos que actúen directamente sobre el proceso fibrótico; la mayoría de las estrategias disponibles se dirigen a la causa subyacente o al control de la inflamación. Depende del órgano y del estadio. La fibrosis hepática incipiente puede regresar parcialmente si se elimina el agente agresor (por ejemplo, al suprimir el consumo de alcohol o erradicar el virus de la hepatitis C). En cambio, cuando la fibrosis ha alcanzado un grado avanzado con destrucción de la arquitectura tisular, el proceso se considera irreversible en la práctica clínica habitual. Ambos términos describen el endurecimiento patológico de un tejido, pero proceden de raíces distintas: fibrosis alude al depósito de fibras colágenas, mientras que esclerosis (del griego σκλήρωσις, endurecimiento) se emplea con un matiz más amplio que puede incluir calcificación, hialinización u otros cambios degenerativos. En la práctica, los dos conceptos se solapan con frecuencia. Solo en el nombre. La fibrosis quística es una enfermedad genética causada por mutaciones en el gen CFTR que afecta al transporte de cloro en las células epiteliales. Recibió su denominación porque uno de sus hallazgos anatomopatológicos en el páncreas es la presencia de fibrosis con formación de quistes, pero su mecanismo es completamente distinto al de la fibrosis tisular adquirida. El factor de crecimiento transformante beta (en particular su isoforma β1) es la citocina profibrótica mejor caracterizada. Activa los fibroblastos, promueve su diferenciación a miofibroblastos, estimula la producción de colágeno y frena la degradación de la matriz extracelular. Varios fármacos experimentales en desarrollo intentan bloquear selectivamente esta vía de señalización.Qué es la fibrosis
Mecanismo celular del proceso fibrótico
Formas de presentación según el tejido
Repercusión clínica global
Preguntas frecuentes
¿Es reversible la fibrosis?
¿Qué relación existe entre fibrosis y esclerosis?
¿La fibrosis quística guarda relación con la fibrosis en sentido general?
¿Qué papel desempeña el TGF-β en la fibrosis?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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