DICCIONARIO MÉDICO
Hepatitis fulminante
La hepatitis fulminante es la forma más grave y veloz de deterioro del hígado. Se define por la aparición de encefalopatía, una alteración de la conciencia por fallo del órgano, cuando la función hepática se hunde de manera brusca en una persona que no tenía enfermedad del hígado previa. La medicina actual suele englobarla en el concepto más amplio de fallo hepático agudo. El adjetivo lo dice casi todo. Fulminante viene del latín fulmen, fulminis (rayo), y del verbo fulminare, «herir con el rayo». La palabra traslada al hígado la imagen de algo súbito y devastador, un colapso que sobreviene con la rapidez de una descarga. Frente a las hepatitis que se instalan poco a poco, esta irrumpe. La definición de referencia la formularon Trey y Davidson en 1970. La describieron como la aparición de encefalopatía hepática dentro de las ocho semanas siguientes al inicio del cuadro, en alguien sin enfermedad hepática conocida. Dos rasgos, por tanto, la delimitan: la brusquedad con que se pierde la función del hígado y el terreno previamente sano sobre el que ocurre. En el fondo del cuadro hay una destrucción masiva de hepatocitos. Cuando muere de golpe una gran parte del tejido, el órgano deja de cumplir sus tareas esenciales. Falla la fabricación de los factores que coagulan la sangre, de modo que aparece una tendencia al sangrado. Y falla la depuración de sustancias tóxicas, que se acumulan y alcanzan el cerebro. Esa intoxicación es la que produce la encefalopatía hepática, con confusión que puede progresar hasta el coma, acompañada a menudo de edema cerebral. La encefalopatía y el trastorno de la coagulación son las dos señas de identidad del proceso. Su presencia marca la diferencia entre una hepatitis grave y este colapso funcional del hígado. Con los años, la definición original se refinó. Hoy se prefiere el término paraguas de fallo hepático agudo, que abarca todo el espectro. Dentro de él, los autores han propuesto subdivisiones según el tiempo que media entre las primeras manifestaciones y la encefalopatía, porque ese intervalo agrupa causas y pronósticos parecidos. O'Grady y colaboradores distinguieron en 1993 formas hiperaguda, aguda y subaguda. Bernuau reservó el término fulminante para los casos con encefalopatía en las dos semanas siguientes a la ictericia, y llamó subfulminante a los más lentos. La abundancia de nombres refleja un hecho: no existe una única nomenclatura aceptada por todos. Lo que sí comparten todas las definiciones es el núcleo del concepto, el fallo brusco de un hígado sano. El desencadenante varía mucho según la región del mundo. En los países occidentales, la causa aislada más frecuente es la intoxicación por sobredosis de paracetamol. En amplias zonas de Asia y de otros territorios, el peso recae en los virus: el de la hepatitis B, el de la hepatitis A y, sobre todo en algunos países, el de la hepatitis E. A ellos se añaden otras causas tóxicas, como determinadas setas venenosas, y trastornos metabólicos, vasculares o autoinmunes capaces de fulminar el hígado. Identificar el origen tiene un valor práctico inmediato, porque algunas causas admiten una respuesta específica. Dos rasgos separan la hepatitis fulminante de otros fallos del hígado: la rapidez y el hígado sano de partida. La hepatitis crónica se sitúa en el extremo contrario del eje temporal, con una inflamación que dura años. Y el deterioro que sufre quien ya padece una cirrosis es una descompensación sobre un órgano previamente enfermo, no un fallo surgido de la nada. La fulminante golpea un hígado que hasta entonces funcionaba. Por el rayo. El término procede del latín fulmen, «rayo», y evoca lo súbito y arrasador del cuadro. Nombra un fallo del hígado que se instala con rapidez extrema. Prácticamente sí. Fallo hepático agudo es el término moderno y más amplio con el que hoy suele designarse este proceso. Hepatitis fulminante es la denominación clásica, todavía muy usada, para el mismo colapso rápido de la función del hígado. La definición histórica de Trey y Davidson señaló las ocho semanas desde el inicio del cuadro hasta la encefalopatía. Sobre esa base se han propuesto subclasificaciones más finas, hiperaguda, aguda y subaguda, según el intervalo concreto, ya que el tiempo condiciona el pronóstico. Sí. Es precisamente uno de sus rasgos definitorios. La hepatitis fulminante afecta a personas sin enfermedad hepática previa, lo que la distingue de la descompensación de una hepatopatía ya establecida.Qué es la hepatitis fulminante
Qué ocurre en el hígado
El concepto de fallo hepático agudo y sus variantes
Las causas
Frente a la hepatitis crónica y a la descompensación del cirrótico
Preguntas frecuentes
¿Por qué «fulminante»?
¿Es lo mismo hepatitis fulminante que fallo hepático agudo?
¿Cuánto tiene que tardar en aparecer para llamarse fulminante?
¿Puede aparecer en alguien con el hígado sano?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026