DICCIONARIO MÉDICO
Interleuquina
Una interleucina es una proteína de señalización, un tipo de citoquina, que los glóbulos blancos y otras células utilizan para hablar entre sí y coordinar la defensa del organismo. El nombre reúne el latín inter (entre) y el griego leukós (blanco), por los leucocitos: mensajeros que circulan entre leucocitos. Bajo esa etiqueta se agrupan hoy cerca de cuarenta proteínas, numeradas por orden de descubrimiento (IL-1, IL-2, IL-3 y sucesivas), con papeles que van desde encender la inflamación hasta apagarla. Las interleucinas forman un subgrupo dentro de las citoquinas, la amplia familia de proteínas solubles con las que las células se transmiten órdenes. Se secretan en cantidades diminutas y actúan a corta distancia: sobre la célula vecina (efecto paracrino) o sobre la propia célula que las libera (efecto autocrino). Cada interleucina se reconoce por un receptor específico en la superficie de su célula diana; el acoplamiento entre ambos desencadena una cascada interna que cambia el comportamiento de la célula, ya sea dividirse, madurar, desplazarse o morir. El término nació ligado a los leucocitos, pero pronto se comprobó que muchas de estas moléculas las fabrican también células que no pertenecen a la sangre, como fibroblastos o células epiteliales. Dos rasgos definen su comportamiento. Una misma interleucina puede provocar efectos distintos según el tejido y el momento (pleiotropía), y varias interleucinas diferentes pueden producir un mismo resultado (redundancia). De ahí que el sistema inmunitario funcione como una red, y no como una cadena de mandos lineal. Durante los años sesenta, a los mediadores liberados por los linfocitos se los llamó linfocinas, un nombre que sugería, erróneamente, que solo procedían de esas células. En 1974 se propuso el término citoquina, más neutro. El vocablo interleucina llegó en 1979, en el Segundo Taller Internacional de Linfocinas celebrado en Ermatingen (Suiza), a través de una carta al director de la revista Journal of Immunology. Su propósito era ordenar el creciente catálogo de factores conocidos por nombres dispares y asignar designaciones uniformes a las dos primeras: IL-1, identificada como el pirógeno que induce fiebre, e IL-2, entonces conocida como factor de crecimiento de los linfocitos T. Desde entonces la numeración crece por orden cronológico de identificación, con la supervisión de la Unión Internacional de Sociedades Inmunológicas (IUIS) y la Organización Mundial de la Salud. Se han reconocido de manera formal al menos treinta y ocho interleucinas, de la IL-1 a la IL-38, y más de sesenta citoquinas han recibido en algún momento esa designación. El número, conviene advertirlo, no indica parentesco: la IL-2 y la IL-15 se parecen mucho, mientras que la IL-1 y la IL-2, consecutivas, apenas tienen relación estructural. Como la numeración no refleja la biología, los inmunólogos agrupan las interleucinas por el tipo de receptor que utilizan y por su forma tridimensional. Las principales agrupaciones son estas: Algunas designaciones se resisten a la clasificación. La IL-8 es en rigor una quimiocina, una proteína dedicada a atraer células mediante gradientes químicos, y suele estudiarse fuera del grupo. La IL-14 y otras designaciones antiguas conservan el número por motivos históricos más que por función. El repertorio de tareas es enorme. Las interleucinas ordenan a los linfocitos que se multipliquen, dirigen la maduración de las células sanguíneas en la médula ósea (hematopoyesis), reclutan defensas hacia el foco de una infección y deciden qué tipo de respuesta montará el organismo frente a un microbio concreto. También regulan la temperatura corporal y la producción hepática de proteínas de alarma. Este poder tiene dos caras. Algunas interleucinas encienden la inflamación (proinflamatorias) y otras la contienen (antiinflamatorias); el equilibrio entre ambas mantiene la defensa dentro de límites tolerables. Cuando ese equilibrio se rompe, el mismo mensajero que protege puede dañar. Por eso buena parte de la investigación biomédica reciente se dirige a bloquear o imitar interleucinas concretas mediante anticuerpos y proteínas de diseño, una vía que ha transformado el abordaje de enfermedades inflamatorias y de algunos tumores. De la unión del prefijo latino inter (entre) y el griego leukós (blanco), que da nombre también a los leucocitos o glóbulos blancos. La idea que quiso captar en 1979 es la de una señal que viaja entre glóbulos blancos, aunque hoy sepamos que su alcance es mucho mayor. Las dos formas son correctas en español. La grafía interleucina, con c, es la más frecuente en la literatura médica actual; interleuquina, con qu, es una variante igualmente válida y todavía habitual. Ambas designan exactamente la misma proteína. No. Toda interleucina es una citoquina, pero no al revés. La categoría de las citoquinas abarca además los interferones, las quimiocinas, los factores de crecimiento y otras proteínas de señalización. Interleucina es, por tanto, una casilla dentro de un armario mucho más grande. La lista oficial llega en la actualidad hasta la IL-38, con al menos treinta y ocho miembros reconocidos, y sigue abierta. La cifra ha crecido de forma sostenida desde que en 1979 solo había dos, y cada nueva molécula debe pasar por la validación de los organismos internacionales de nomenclatura antes de recibir su número.Qué es una interleucina
Origen del término y numeración
Cómo se clasifican
Para qué sirven en el organismo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra interleucina?
¿Se escribe interleucina o interleuquina?
¿Es lo mismo una interleucina que una citoquina?
¿Cuántas interleucinas existen?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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