DICCIONARIO MÉDICO

Sistema inmunitario

El sistema inmunitario es el aparato biológico encargado de producir la inmunidad: detecta sustancias extrañas al organismo, las neutraliza y las elimina. No ocupa un lugar anatómico único —como el corazón o el hígado—, sino que funciona como una red distribuida de órganos linfoides, células circulantes y proteínas solubles que operan de forma coordinada en prácticamente todos los tejidos del cuerpo.

Qué es el sistema inmunitario

Se lo denomina también sistema inmunológico o sistema inmune, tres expresiones que en español se usan como sinónimos. "Inmunitario" deriva del latín immunitas, "exención"; "inmunológico" añade el sufijo griego -λογικός (-logikós), "relativo al estudio de". La forma "inmunitario" es la que prefiere la Real Academia Nacional de Medicina de España por ajustarse mejor a la morfología del español, aunque "inmunológico" circula con igual frecuencia en el habla clínica.

¿Y qué lo diferencia del concepto de inmunidad? La relación es la de un aparato con su función. Inmunidad es el estado de resistencia frente a un patógeno; sistema inmunitario, la maquinaria —los órganos donde se forman y maduran las células de defensa, las propias células, y las proteínas que estas producen—. Entender uno exige conocer el otro, pero cada entrada tiene su foco: la de inmunidad explica los tipos y las clasificaciones; esta describe los componentes y cómo se organizan.

Mapa anatómico del sistema inmunitario con los órganos linfoides primarios (médula ósea y timo) y secundarios (bazo, ganglios linfáticos y tejido linfoide asociado a mucosas), junto a las principales células de defensa —neutrófilo, macrófago, célula dendrítica, linfocitos B y T, célula NK— y moléculas solubles: anticuerpos, complemento y citocinas.

Órganos linfoides primarios y secundarios

Los órganos del sistema inmunitario se agrupan en dos categorías según su papel. Los primarios son aquellos en los que las células inmunitarias se generan y maduran: la médula ósea, donde nacen todos los leucocitos a partir de células madre hematopoyéticas y donde maduran los linfocitos B; y el timo, donde los precursores linfocitarios que migran desde la médula se convierten en linfocitos T funcionales y aprenden a distinguir lo propio de lo ajeno.

Los secundarios son los territorios donde las células maduras se encuentran con los antígenos y se activan. El bazo filtra la sangre y captura antígenos que circulan por vía hemática. Los ganglios linfáticos, distribuidos en cadenas a lo largo de los vasos linfáticos, recogen antígenos que llegan por la linfa desde los tejidos periféricos. Y el tejido linfoide asociado a las mucosas (MALT) —que incluye las amígdalas, las placas de Peyer del intestino y el tejido linfoide bronquial— vigila las superficies que están en contacto directo con el exterior: tubo digestivo, vías respiratorias, tracto urogenital.

Las células: quién hace qué

Todas las células del sistema inmunitario derivan de la célula madre hematopoyética de la médula ósea y pertenecen a la familia de los leucocitos, pero sus funciones son muy distintas. Los neutrófilos son los más numerosos en sangre y los primeros en llegar a un foco infeccioso: fagocitan bacterias y hongos. Los monocitos circulan en sangre y, al migrar a los tejidos, se convierten en macrófagos, capaces tanto de fagocitar como de presentar antígenos a los linfocitos T. Los eosinófilos participan en la defensa antiparasitaria y en la modulación de las reacciones alérgicas. Los basófilos y los mastocitos almacenan histamina y median las reacciones de hipersensibilidad inmediata.

Las células dendríticas son el puente entre la inmunidad innata y la adaptativa: capturan antígenos en los tejidos, los procesan y migran a los ganglios linfáticos para presentarlos a los linfocitos T. Y las células NK (del inglés natural killer) destruyen células infectadas por virus o células tumorales sin necesidad de activación previa por un antígeno específico: actúan como patrullas de vigilancia rápida.

Los linfocitos ocupan un lugar aparte porque son las células de la respuesta adaptativa. Los B producen anticuerpos; los T CD4+ coordinan la respuesta liberando citocinas; los T CD8+ destruyen células diana. Y entre todos generan algo que ninguna otra célula inmunitaria puede: memoria. Es esa memoria la que permite al organismo responder más deprisa cuando se reencuentra con un patógeno que ya conoce, y es el fundamento de la vacunación.

Las moléculas solubles

Además de células, el sistema inmunitario emplea proteínas que circulan libres por la sangre y los líquidos corporales. Las inmunoglobulinas (anticuerpos) son las más conocidas, pero no las únicas. El sistema del complemento —una cascada de más de treinta proteínas plasmáticas— puede perforar la membrana de bacterias, facilitar la fagocitosis y amplificar la inflamación. Las citocinas (interferones, interleucinas, factor de necrosis tumoral) son mensajeros que las células se envían entre sí para coordinar la respuesta. Sin esas señales solubles, cada célula actuaría por su cuenta y el sistema perdería su coherencia.

Cuando el sistema falla

Tres grandes categorías de patología derivan del mal funcionamiento del sistema inmunitario. En las inmunodeficiencias, uno o varios componentes faltan o no funcionan: el resultado son infecciones recurrentes, graves o por microorganismos oportunistas. En la hipersensibilidad, la respuesta es excesiva o mal dirigida y causa daño en los propios tejidos: alergias, enfermedades autoinmunes, rechazo de trasplantes. Y en ciertas neoplasias hematológicas, las células inmunitarias proliferan de forma clonal y descontrolada —linfomas, leucemias—, con lo que el sistema deja de cumplir su función defensiva.

Preguntas frecuentes

¿Se dice "sistema inmunitario" o "sistema inmunológico"?

Ambas formas son correctas y se usan indistintamente en español. "Inmunitario" (de immunitas, exención) designa lo relativo a la inmunidad; "inmunológico" (de immunología, estudio de la inmunidad) añade el matiz de "relativo a la ciencia que lo estudia". La RANME prefiere "inmunitario" para referirse al sistema biológico, pero en la práctica clínica la alternancia es constante y ninguna de las dos es incorrecta.

¿El sistema inmunitario es un órgano?

No en el sentido clásico del término. A diferencia del corazón o del riñón, no tiene una ubicación anatómica única ni una forma definida. Es una red funcional compuesta por órganos dispersos (médula ósea, timo, bazo, ganglios), células circulantes (leucocitos) y moléculas solubles (anticuerpos, complemento, citocinas) que cooperan desde distintos puntos del organismo.

¿Los antibióticos fortalecen el sistema inmunitario?

No. Los antibióticos matan o inhiben el crecimiento de bacterias, pero no actúan sobre el sistema inmunitario. Es el propio sistema inmunitario el que, en la mayoría de las infecciones, elimina al patógeno; el antibiótico le ayuda reduciendo la carga bacteriana. Usados innecesariamente, los antibióticos pueden alterar la microbiota intestinal —que tiene una relación estrecha con la inmunidad mucosa— y favorecer la aparición de resistencias.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Sistema inmunitario y sus enfermedades. MedlinePlus en español.
  2. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Respuesta inmunitaria. MedlinePlus, enciclopedia médica en español.
  3. Fernandez J. Generalidades sobre los trastornos alérgicos y atópicos. Manual MSD, versión para profesionales.
  4. Real Academia Nacional de Medicina de España. Sistema inmunitario. Diccionario de términos médicos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en los componentes y funciones del sistema inmunitario, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Inmunidad: la capacidad de resistencia que el sistema inmunitario hace posible.
  • Respuesta inmunitaria: el proceso que se pone en marcha cuando el sistema detecta un antígeno.
  • Tejido linfoide: los órganos y estructuras donde maduran y actúan los linfocitos.
  • Linfocito B: célula productora de anticuerpos, protagonista de la inmunidad humoral.
  • Linfocito T: célula efectora y coordinadora de la inmunidad celular.
  • Célula NK: linfocito de la inmunidad innata capaz de destruir células infectadas o tumorales.
  • Inmunoglobulina: proteína efectora de la inmunidad humoral, sinónimo de anticuerpo.
  • Complemento: cascada de proteínas plasmáticas que perfora membranas y amplifica la inflamación.
  • Hipersensibilidad: respuesta inmunitaria excesiva que causa daño tisular.
  • Inmunodeficiencia: fallo de uno o varios componentes del sistema, con susceptibilidad a infecciones.
  • Tolerancia inmune periférica: mecanismo que impide al sistema atacar los tejidos propios.

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