DICCIONARIO MÉDICO
Embolia cerebral
La embolia cerebral es la obstrucción brusca de una arteria del cerebro por un émbolo que se ha formado a distancia y ha viajado por la circulación hasta enclavarse en un vaso intracraneal. El origen más habitual del émbolo es el corazón, lo que explica que la literatura médica hable de ictus cardioembólico para referirse a este tipo de accidente cerebrovascular. Representa entre el 20 y el 30 % de todos los ictus isquémicos. Cuando un fragmento de trombo, una vegetación infectada o cualquier otro material viaja por el torrente sanguíneo y se aloja en una arteria cerebral, el territorio que irriga esa arteria deja de recibir sangre. La isquemia resultante daña el tejido nervioso en cuestión de minutos, y si no se restablece el flujo con rapidez, el daño se hace irreversible: se produce un infarto cerebral. El concepto procede, como en todas las embolias, del griego ἐμβολή (embolḗ, "lanzamiento"); el adjetivo cerebral señala el territorio donde el émbolo termina su recorrido. No toda oclusión arterial cerebral es una embolia. La otra gran causa de ictus isquémico es la trombosis in situ, en la que el coágulo se forma directamente sobre una placa de aterosclerosis en la propia arteria cerebral o en la carótida. La distinción no es académica: el origen del émbolo condiciona la estrategia preventiva posterior. La fibrilación auricular es la causa individual más frecuente de embolia cerebral. Cuando la aurícula fibrila en lugar de contraerse de forma coordinada, la sangre se estanca en su interior y favorece la formación de trombos murales, sobre todo en la orejuela izquierda. Si uno de esos trombos se desprende, sale del corazón por la aorta y tiene una probabilidad elevada de alcanzar la circulación cerebral, porque las arterias que irrigan el cerebro nacen de los primeros centímetros de la aorta y del cayado aórtico. Fuera de la fibrilación auricular, otras fuentes cardíacas bien establecidas incluyen las valvulopatías (en particular la estenosis mitral reumática), las prótesis valvulares mecánicas, la endocarditis infecciosa, los trombos murales tras un infarto de miocardio extenso y, con menor frecuencia, los tumores intracardíacos como el mixoma auricular. Existe también un mecanismo arteria-arteria: placas ateromatosas inestables en la carótida interna o en el cayado aórtico pueden desprender fragmentos que ascienden hasta las arterias cerebrales. La arteria cerebral media recibe la mayor parte del flujo carotídeo, lo que la convierte en el vaso más frecuentemente ocluido en la embolia cerebral. El déficit neurológico dependerá del lado afectado y de la profundidad de la oclusión: puede manifestarse como debilidad en la mitad opuesta del cuerpo (hemiparesia), pérdida del habla (afasia) si se afecta el hemisferio dominante, alteraciones del campo visual o combinaciones variables de estos cuadros. Con menos frecuencia, el émbolo puede alojarse en ramas de la arteria cerebral anterior, en la circulación posterior (arterias vertebrales y basilar) o incluso en la arteria central de la retina, provocando pérdida visual súbita en un ojo. Un dato clásico en los textos de neurología vascular: el ictus cardioembólico tiende a presentarse de forma abrupta, con déficit máximo desde el inicio, frente al ictus aterotrombótico, que puede fluctuar o progresar en las primeras horas. No exactamente. El ictus es un término más amplio que abarca todos los accidentes cerebrovasculares, tanto isquémicos como hemorrágicos. La embolia cerebral es una causa concreta de ictus isquémico: aquella en la que la arteria se obstruye por un émbolo llegado de otra parte del cuerpo. Hay ictus isquémicos que no son embólicos (los trombóticos, por ejemplo) y hay ictus que no son isquémicos (los hemorrágicos). Directa. La fibrilación auricular hace que la sangre se estanque en la aurícula izquierda, lo que favorece la formación de trombos. Si un fragmento se desprende y viaja al cerebro, se produce la embolia. El riesgo anual de ictus en pacientes con fibrilación auricular no tratados varía entre el 1 y el 15 %, dependiendo de la coexistencia de otros factores como la edad, la hipertensión o la diabetes. Sí. Existe una categoría denominada ictus embólico de origen no determinado (ESUS, por sus siglas en inglés), que agrupa a pacientes cuyo ictus tiene características embólicas en la neuroimagen pero en los que no se identifica una fuente evidente tras un estudio estándar. En muchos de estos casos se sospecha fibrilación auricular paroxística no detectada o cardiopatía auricular subclínica. Consulte también la información clínica completa sobre el ictus Si busca información sobre manifestaciones clínicas, abordaje o evolución del accidente cerebrovascular, puede consultar la ficha completa del ictus elaborada por el Departamento de Neurología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la embolia cerebral, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la embolia cerebral
Origen cardioembólico y fibrilación auricular
Territorios vasculares afectados
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo embolia cerebral que ictus?
¿Qué relación tiene la fibrilación auricular con la embolia cerebral?
¿Se puede producir una embolia cerebral sin enfermedad cardíaca conocida?
Referencias
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