DICCIONARIO MÉDICO
Embolia
La embolia es la oclusión aguda de un vaso sanguíneo (arteria, vena o, rara vez, capilar) por un émbolo transportado por la corriente circulatoria desde un punto distante. Según la naturaleza del émbolo y el territorio vascular afectado, se distinguen múltiples formas: pulmonar, cerebral, arterial periférica, grasa, gaseosa, séptica, paradójica y otras. Embolia designa el evento patológico que se produce cuando un cuerpo extraño a la sangre (coágulo, burbuja de gas, glóbulo graso, fragmento de vegetación infectada, grupo de células tumorales) viaja por el torrente sanguíneo y se enclava en un vaso cuyo calibre ya no le permite avanzar. La obstrucción resultante priva de riego al tejido situado aguas abajo, causando isquemia y, si no se resuelve, necrosis. El vocablo proviene del griego ἐμβολή (embolḗ), sustantivo derivado de ἐμβάλλειν (embállein, "lanzar dentro"), formado por ἐν (en, "en") y βάλλειν (bállein, "arrojar"). La raíz compartida con émbolo (ἔμβολος, émbolos, "cuña, tapón") hace que ambos términos funcionen como pareja conceptual: el émbolo es el objeto, la embolia es el acontecimiento que ese objeto provoca al quedar atrapado. Rudolf Virchow introdujo la voz Embolia en la patología moderna entre 1846 y 1856, cuando demostró que las obstrucciones pulmonares que encontraba en sus autopsias no se formaban in situ, sino que procedían de trombos venosos periféricos. Esa observación, realizada en la Charité de Berlín, sentó las bases de toda la fisiopatología tromboembólica posterior. Para que se produzca una embolia hacen falta dos condiciones: un émbolo libre en la circulación y un vaso cuyo diámetro sea inferior al del émbolo. El punto donde queda atrapado marca el territorio que sufrirá la isquemia. Si el vaso ocluido pertenece a la llamada circulación terminal (zonas sin anastomosis que compensen la falta de flujo), el daño tisular es rápido y a menudo irreversible; la retina y amplias regiones del cerebro son ejemplos clásicos de territorios con escasa circulación colateral. Virchow fue el primero en sistematizar los factores que predisponen a la formación de trombos, agrupándolos en lo que hoy se conoce como tríada de Virchow: estasis sanguínea, daño endotelial e hipercoagulabilidad. No todos los émbolos nacen de un trombo (los de grasa o aire tienen otro origen), pero la inmensa mayoría sí, y es esa tríada la que explica gran parte de la epidemiología de las embolias en la práctica clínica. La fibrilación auricular, la inmovilización prolongada, las cirugías mayores ortopédicas y las valvulopatías figuran entre los escenarios que con mayor frecuencia ponen en marcha esta cadena de acontecimientos. Las embolias pueden ordenarse según varios criterios. El más extendido en la práctica toma como eje la composición del émbolo: tromboémbolo (el más frecuente con diferencia), émbolo graso, émbolo gaseoso, émbolo séptico, émbolo tumoral, émbolo de colesterol, émbolo de líquido amniótico y émbolo de cuerpo extraño. Cada tipo tiene su fisiopatología particular y se desarrolla en su propia entrada del diccionario. Otra clasificación habitual se basa en el territorio vascular obstruido. La embolia pulmonar, la embolia cerebral y la embolia coronaria reciben sus nombres del lecho donde se aloja el émbolo. La embolia arterial periférica suele afectar a las extremidades inferiores, y la embolia de la arteria central de la retina compromete la visión de forma abrupta. Un tercer criterio distingue la dirección del émbolo. En la forma anterógrada (la habitual), el émbolo se desplaza a favor de la corriente. La retrógrada, poco frecuente, ocurre cuando el peso del émbolo le permite descender contra un flujo venoso lento. Y en la embolia paradójica, un émbolo venoso cruza al sistema arterial a través de un defecto septal cardíaco. En español coexisten las voces embolia y embolismo, a menudo tratadas como sinónimos. El Diccionario de términos médicos de la Real Academia Nacional de Medicina registra ambas, y Fernando A. Navarro ha señalado en la Revista Española de Cardiología que la sinonimia entre las dos formas sigue el mismo patrón que pares como histeria/histerismo o peristalsis/peristaltismo. En la práctica clínica hispana, embolia es la forma predominante, y es la que se emplea de manera preferente en este diccionario. Del griego ἐμβολή (embolḗ, "lanzamiento dentro"), un sustantivo del verbo ἐμβάλλειν (embállein, "insertar, lanzar dentro"). Rudolf Virchow la introdujo en la terminología médica a mediados del siglo XIX para describir la oclusión de vasos pulmonares por fragmentos de coágulo procedentes de las venas de las piernas. No. La trombosis es la formación de un coágulo (trombo) en el interior de un vaso, adherido a la pared vascular. La embolia es la oclusión de un vaso por un cuerpo que ha viajado desde otro punto. Una trombosis puede dar lugar a una embolia si parte del trombo se desprende y migra, pero son dos procesos distintos. El concepto paraguas que engloba ambos es tromboembolismo. La embolia pulmonar, originada por tromboémbolos que viajan desde las venas profundas de las extremidades inferiores hasta las arterias pulmonares. Constituye, junto con la trombosis venosa profunda, lo que se conoce como tromboembolismo venoso, una de las principales causas de mortalidad hospitalaria prevenible. Ambas formas son correctas. Embolia tiene más arraigo en la tradición médica hispana; embolismo se ha extendido por influencia del inglés embolism. La Real Academia Nacional de Medicina acepta las dos como sinónimos. Si desea profundizar en conceptos asociados a la embolia, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la embolia
Mecanismo general de la embolia
Clasificación de las embolias
Embolia y embolismo: nota terminológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra embolia?
¿Es lo mismo embolia que trombosis?
¿Cuál es el tipo de embolia más frecuente?
¿Se usa embolia o embolismo en español?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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