DICCIONARIO MÉDICO
Embolia grasa
La embolia grasa es la obstrucción de vasos sanguíneos por glóbulos de grasa que han accedido a la circulación. Se asocia sobre todo a fracturas de huesos largos (fémur, tibia, pelvis), y sus manifestaciones clínicas aparecen, de forma característica, entre 24 y 72 horas después del traumatismo. Conviene aclarar una distinción terminológica que la propia literatura médica maneja con cierta laxitud. Se habla de embolismo graso cuando se detecta grasa en la microcirculación sin que ello produzca repercusión clínica apreciable; el fenómeno, de hecho, ocurre en la mayoría de las fracturas de huesos largos y pasa inadvertido. El síndrome de embolia grasa, en cambio, designa el cuadro que aparece cuando esos glóbulos grasos provocan daño tisular suficiente para generar manifestaciones en el pulmón, el sistema nervioso central o la piel. Solo una pequeña proporción de los pacientes con embolismo graso desarrolla el síndrome completo. El término embolia, del griego ἐμβολή (embolḗ, "lanzamiento"), ya se empleaba en medicina desde el siglo XIX para designar la oclusión vascular por un cuerpo transportado por la corriente sanguínea. Friedrich Albert von Zenker realizó en 1862 la primera observación anatomopatológica documentada de glóbulos de grasa en los capilares pulmonares de un paciente politraumatizado. Once años más tarde, Ernst von Bergmann describió el cuadro clínico completo en un enfermo vivo por primera vez. Dos teorías, no excluyentes entre sí, intentan explicar cómo la grasa alcanza los vasos y por qué produce lesión. La llamada teoría mecánica postula que la fractura rompe las vénulas de la médula ósea y permite que los glóbulos de grasa medular entren directamente en el sistema venoso; desde allí viajan al pulmón y, si son lo bastante pequeños o si existe un foramen oval permeable, pueden cruzar a la circulación arterial sistémica. La teoría bioquímica, propuesta para completar las lagunas de la anterior, sostiene que la grasa intravascular es hidrolizada por la lipasa plasmática, liberando ácidos grasos libres que resultan tóxicos para el endotelio vascular y para el neumocito. El daño endotelial desencadena una cascada inflamatoria con activación plaquetaria, edema intersticial y, en el pulmón, la aparición de un cuadro similar al distrés respiratorio agudo. Los dos mecanismos probablemente coexisten: el primero explica la llegada de la grasa a los vasos; el segundo, la desproporción entre la cantidad de grasa detectada y la gravedad del cuadro clínico, que a veces no guarda relación directa. Las fracturas cerradas de huesos largos constituyen la causa más frecuente. No es casualidad: la diáfisis femoral, por ejemplo, contiene una cavidad medular amplia y muy vascularizada. La fijación quirúrgica con clavos intramedulares puede, paradójicamente, facilitar la entrada de grasa en los vasos al elevar la presión intramedular durante el fresado del canal. Fuera del ámbito traumatológico, la embolia grasa se ha descrito tras cirugías ortopédicas programadas (artroplastias de cadera y rodilla), en la liposucción con transferencia de grasa, en quemaduras extensas, en la drepanocitosis con crisis vasooclusiva y, con menor frecuencia, en la pancreatitis aguda y en algunas formas de esteatosis hepática. Los datos de incidencia varían mucho según las series, desde menos del 1 % hasta cifras del 20 % en politraumatizados, lo que refleja diferencias en los criterios empleados para definir el cuadro. De la combinación del griego ἐμβολή (embolḗ, "inserción, lanzamiento") con el adjetivo graso, que alude a la naturaleza lipídica del émbolo. El término empezó a utilizarse en la literatura médica alemana del siglo XIX, tras los hallazgos de Zenker en 1862. No. Son entidades distintas tanto en el material que obstruye el vaso como en el mecanismo y el contexto clínico. En la embolia gaseosa el émbolo es una burbuja de aire o gas; en la embolia grasa, un glóbulo lipídico procedente de la médula ósea o de otra fuente. Comparten, eso sí, su pertenencia al grupo de las embolias no trombóticas. En 1970, Alan R. Gurd propuso un sistema que clasifica los hallazgos clínicos en criterios mayores (insuficiencia respiratoria, afectación neurológica, petequias axilares o subconjuntivales) y criterios menores (fiebre, taquicardia, alteraciones retinianas, grasa en orina, caída brusca del hematocrito). No existe una prueba de laboratorio única que confirme el cuadro, así que el reconocimiento sigue dependiendo en gran medida de la sospecha clínica ante un paciente politraumatizado que se deteriora entre las 24 y las 72 horas posteriores a la lesión. No, aunque el traumatismo es la causa que concentra la inmensa mayoría de los casos. Existen causas no traumáticas bien documentadas: cirugía ortopédica electiva, liposucción, drepanocitosis con necrosis medular, pancreatitis aguda y quemaduras extensas, entre otras. Su frecuencia individual es baja, pero conviene tenerlas presentes. Si desea profundizar en conceptos asociados a la embolia grasa, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la embolia grasa
Origen del émbolo graso y mecanismo de daño
Contextos clínicos habituales
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "embolia grasa"?
¿Se confunde la embolia grasa con la embolia gaseosa?
¿En qué consisten los criterios de Gurd?
¿La embolia grasa ocurre solo tras un traumatismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026