DICCIONARIO MÉDICO
Tecoma
El tecoma es una neoplasia benigna del ovario que se origina en las células de la teca folicular. Pertenece al grupo de los tumores del estroma y los cordones sexuales, suele ser unilateral y, en buena parte de los casos, produce estrógenos. Representa entre el 1 y el 2 % de los tumores ováricos y aparece sobre todo después de la menopausia. El tecoma es una neoplasia ovárica de comportamiento mayoritariamente benigno que crece a partir de las células tecales del estroma ovárico. La clasificación de los tumores del ovario de la Organización Mundial de la Salud lo encuadra dentro del grupo de los tumores estromales puros, junto al fibroma, el fibrotecoma y el tumor estromal esclerosante. Es, por tanto, una entidad distinta del tumor de células de la granulosa, con el que comparte línea de origen embriológica pero no su potencial de malignidad. Etimológicamente, la palabra une la raíz griega θήκη (thḗkē), que significa caja, estuche o receptáculo, con el sufijo -ωμα (-ōma), empleado en medicina para designar formaciones tumorales o tumefacciones. La palabra «teca», documentada en español desde el siglo XVI a través del latín theca, designa en anatomía la envoltura de células estromales que rodea cada folículo ovárico, descrita por la histología clásica del siglo XIX como una «caja» que protege al óvulo en desarrollo. Cuando esa capa prolifera de manera autónoma y forma una masa, hablamos de tecoma. Conviene señalar, para evitar confusiones bibliográficas, que el género botánico Tecoma de las bignoniáceas no guarda relación etimológica con el término médico: su nombre procede del náhuatl tecomaxóchitl. En el ovario sano, las células de la teca interna rodean cada folículo y participan en la síntesis de hormonas esteroides. Estas células expresan receptores para la hormona luteinizante y producen andrógenos que las células de la granulosa convierten después en estrógenos. Es un trabajo en cadena. El tecoma reproduce parcialmente esa maquinaria endocrina, lo que explica que muchos de estos tumores sean funcionantes y liberen estrógenos al torrente circulatorio. La capacidad esteroidogénica varía mucho de unos casos a otros. Algunos tecomas son hormonalmente silentes y se descubren como hallazgo casual; otros generan un cuadro de hiperestrogenismo postmenopáusico que motiva la consulta. Existe además una variante luteinizada, en la que aparecen células luteinizadas dispersas (procedentes del proceso de luteinización) capaces de producir andrógenos, lo que invierte el perfil hormonal habitual y puede asociarse a signos de virilización. Inmunohistoquímicamente, las células del tecoma expresan inhibina, calretinina y el factor de transcripción FOXL2, marcadores compartidos con otros tumores derivados de los cordones sexuales. Macroscópicamente, el tecoma se presenta como una masa sólida y bien delimitada, casi siempre unilateral, con un tamaño que oscila desde pocos centímetros hasta lesiones de gran volumen. La superficie de corte tiene un color amarillento característico, debido al alto contenido lipídico intracelular de las células tecales, y suele alternar zonas firmes con áreas blandas o, ocasionalmente, focos de edema y hemorragia. Microscópicamente, predominan células fusiformes o redondeadas, con citoplasma claro y vacuolizado por la acumulación de lípidos, dispuestas en haces o nidos sobre un estroma fibroso de cantidad variable. Los tumores del estroma y los cordones sexuales constituyen alrededor del 5 al 8 % de las neoplasias ováricas y forman el tercer gran grupo, por detrás de los tumores epiteliales y de los gonadales de origen germinal. Dentro de ese grupo, el tecoma forma parte de los tumores estromales puros y se distingue tanto del tumor de células de la granulosa como del tumor de células de Sertoli-Leydig por su histología y por su comportamiento clínico. Tres son las formas habituales. El tecoma típico es la presentación clásica: tumor sólido, postmenopáusico, productor de estrógenos. El tecoma luteinizado contiene focos de células luteinizadas y puede aparecer en mujeres más jóvenes; con cierta frecuencia produce andrógenos en lugar de estrógenos. Existe también el fibrotecoma, una lesión mixta con áreas indistinguibles del fibroma ovárico, lo que refleja el solapamiento histológico entre ambas entidades. La proporción relativa de células tecales y fibroblásticas determina el diagnóstico final. Junto a estas variantes conviene mencionar la hipertecosis estromal, que no es un tumor sino una hiperplasia difusa de células luteinizadas en el estroma ovárico y que produce un cuadro endocrino parecido pero sin formación de masa. La edad media de presentación se sitúa cerca de los 59 años, con un claro predominio en mujeres postmenopáusicas; menos del 10 % de los casos se observa en menores de 30 años. Es excepcionalmente raro en la infancia. La frecuencia ronda el 1-2 % del conjunto de tumores ováricos y la malignización es muy baja, descrita en distintas series entre el 3 y el 5 %, aunque las cifras varían según los criterios histológicos aplicados. Su importancia clínica no procede tanto del tumor en sí como de las consecuencias de su actividad endocrina. La exposición prolongada a estrógenos sin la oposición de la progesterona, propia del periodo postmenopáusico, se asocia a una mayor frecuencia de hiperplasia endometrial y, en una proporción menor de pacientes, de carcinoma de endometrio, hallazgo bien documentado en las series patológicas. Tumor de células de la granulosa. Comparte con el tecoma la pertenencia a los tumores estromales y de cordones sexuales y el carácter funcionante con producción de estrógenos, pero su comportamiento biológico difiere de manera sustancial: el tumor de la granulosa tipo adulto se considera de malignidad baja a intermedia y muestra recidivas a largo plazo en una parte de las pacientes, mientras que el tecoma es, salvo excepciones, una neoplasia benigna. Fibroma ovárico. Comparte con el tecoma la morfología fusocelular y el origen estromal, hasta el punto de que las formas intermedias se denominan fibrotecomas. La distinción se hace por el contenido lipídico de las células tumorales y por la actividad hormonal: el fibroma es habitualmente inactivo y no produce hormonas, mientras que el tecoma sí lo hace en una proporción importante de casos. Síndrome de Meigs. Algunos tumores estromales benignos del ovario, sobre todo fibromas y, con menor frecuencia, tecomas, se asocian a ascitis y derrame pleural derecho que se resuelven tras extirpar la lesión: ese conjunto se conoce como síndrome de Meigs. No es una entidad tumoral propia, sino una asociación clínica. Tumores virilizantes. Cuando un tumor ovárico produce andrógenos en lugar de estrógenos, el diagnóstico diferencial incluye el tecoma luteinizado, el tumor de células de Leydig y el androblastoma (o tumor de células de Sertoli-Leydig). Solo el examen histopatológico permite separar estas entidades. Del griego θήκη (thḗkē), que significa caja o receptáculo, más el sufijo -ωμα (-ōma), con el que se forman en medicina los nombres de tumores y tumefacciones. Se refiere a la teca folicular, la envoltura celular que rodea cada folículo del ovario. El género botánico Tecoma de las bignoniáceas, pese al parecido fonético, procede del náhuatl y no comparte raíz. No, en la inmensa mayoría de los casos. La literatura describe potencial de malignización en torno al 3-5 % según las series, lo que sitúa al tecoma entre las neoplasias ováricas de pronóstico más favorable. Esa cifra es bastante inferior a la de otros tumores del mismo grupo, como el tumor de células de la granulosa. Los dos son tumores estromales benignos y comparten morfología fusiforme, pero el tecoma contiene células ricas en lípidos derivadas de la teca folicular y suele producir hormonas, mientras que el fibroma se compone de fibroblastos y colágeno y no es funcionante. Cuando ambos componentes coexisten en una misma lesión, el diagnóstico es fibrotecoma. La edad media de aparición ronda los 59 años. Las razones de esa preferencia por la menopausia no están del todo aclaradas, aunque se han propuesto factores ligados al cambio hormonal del eje hipotálamo-hipófiso-ovárico, que en esa etapa eleva las gonadotropinas circulantes y modifica el comportamiento del estroma ovárico residual. No. El tecoma es una neoplasia, es decir, un tumor con una masa identificable. La hipertecosis, en cambio, es una hiperplasia difusa de células luteinizadas dispersas por el estroma ovárico, sin formar una lesión circunscrita. Las dos entidades pueden producir hormonas esteroides, pero su sustrato anatomopatológico es distinto. Si desea profundizar en conceptos asociados al tecoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tecoma
Origen celular y actividad hormonal
Características macroscópicas y microscópicas
Clasificación dentro de los tumores estromales del ovario
Epidemiología y contexto clínico
Diferenciación con otros tumores ováricos del mismo grupo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra tecoma?
¿Es el tecoma un tumor maligno?
¿Cuál es la diferencia entre tecoma y fibroma ovárico?
¿Por qué el tecoma se asocia con la menopausia?
¿Es lo mismo tecoma que hipertecosis?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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