DICCIONARIO MÉDICO
Ovario
El ovario es la gónada femenina, un órgano par situado en la pelvis con una doble tarea: produce los ovocitos que dan origen al óvulo y sintetiza las hormonas que sostienen el ciclo reproductivo, sobre todo estrógenos y progesterona. El término ovario procede del latín ovarium, formado sobre ovum (huevo), y designa de forma literal el órgano que produce el huevo o célula reproductora femenina. La palabra se instaló en el vocabulario anatómico antes de que se comprendiera del todo su función: durante siglos se discutió si el óvulo se formaba en el útero a partir de la sangre menstrual o si, por el contrario, procedía de un órgano propio de la mujer. Fue el anatomista holandés Regnier de Graaf quien, en 1672, describió por primera vez los folículos ováricos en su tratado De mulierum organis generationi inservientibus, aportando la primera evidencia anatómica de que el huevo se origina en el ovario y no en el útero. Cada mujer cuenta con dos ovarios, de forma ovalada y un tamaño comparable al de una almendra grande, de dos a tres centímetros de longitud. Se localizan en la fosa ovárica, a ambos lados del útero, sujetos por el mesovario (una prolongación del peritoneo) y por los ligamentos suspensorio y propio del ovario. Por fuera, el ovario está recubierto de un epitelio cúbico simple que antiguamente recibía el nombre, poco afortunado, de epitelio germinal: no genera directamente células germinales, solo tapiza la superficie del órgano. Debajo se encuentra la túnica albugínea, una capa de tejido conectivo denso y poco vascularizado. Dentro de la albugínea se distinguen dos regiones bien diferenciadas. La corteza, la más externa, contiene el estroma ovárico y aloja los folículos ováricos en sus distintos estadios de desarrollo. La médula ocupa la zona central, rica en vasos sanguíneos, vasos linfáticos y fibras nerviosas, y comunica con el resto del organismo a través del hilio ovárico. Dos funciones convergen en este órgano, estrechamente entrelazadas entre sí: la germinal y la endocrina. La primera consiste en albergar y madurar los ovocitos, las células que, al completar su desarrollo, pueden liberarse en la ovulación. En las células de la teca y de la granulosa recae buena parte de la función endocrina: son ellas las que sintetizan estrógenos y progesterona bajo el control del eje hipotálamo-hipófiso-ovárico. Ese trabajo depende, en gran medida, de la aromatasa, la enzima que transforma los andrógenos en estrógenos dentro de la granulosa. El ovario secreta, además, otras proteínas reguladoras (inhibinas, activina, folistatina) que modulan a su vez la secreción hipofisaria de gonadotropinas. Antes del nacimiento queda fijada la reserva de ovocitos, que ya no vuelve a renovarse. Entre los dos ovarios, una recién nacida cuenta con uno a dos millones de ovocitos; hacia los 25 años esa cifra ha descendido a unos 65.000, y a los 35 años ronda los 16.000. El declive es progresivo y no se detiene. Cuando el número de folículos primordiales cae por debajo de un umbral aproximado de 1.000, sobreviene la menopausia. El conjunto de cambios cíclicos que experimenta el ovario mes a mes, desde el reclutamiento folicular hasta la formación del cuerpo lúteo, se conoce como ciclo ovárico. Existe, en el varón, un órgano homólogo al ovario: el testículo. Ambos proceden de la misma gónada bipotencial, presente en el embrión hacia la quinta semana de gestación. La expresión del gen SRY, localizado en el cromosoma Y, desvía ese esbozo común hacia la vía testicular; en su ausencia, el desarrollo sigue por defecto la vía ovárica. Cuando esta bifurcación no se resuelve con nitidez, puede aparecer una gónada mixta, el ovotestis, con tejido ovárico y testicular presentes en el mismo órgano. Del latín ovarium, formado sobre ovum (huevo). El término refleja una intuición anterior a la microscopía: la idea de que en este órgano se genera la célula reproductora femenina. Entre uno y dos millones, repartidos entre los dos ovarios. Ese número es el máximo que alcanzará jamás: a partir del nacimiento solo puede disminuir. No. El ovario es el órgano; el ovocito es la célula que se forma dentro de él. Confundir ambos términos es habitual en el lenguaje coloquial, pero designan realidades distintas: uno es el órgano, el otro es la célula que produce. Sí, y es una de las cuestiones más llamativas de la embriología reproductiva. Durante las primeras semanas de gestación existe una gónada bipotencial, indiferenciada, capaz de convertirse en ovario o en testículo según qué genes se activen. El gen SRY es el interruptor principal de la vía masculina. Si no se expresa, la gónada sigue por defecto la ruta femenina. Este origen compartido explica por qué el ovario y el testículo conservan estructuras homólogas, pese a que en la vida adulta desempeñan funciones muy especializadas.Qué es el ovario
Organización interna
Función germinal y endocrina
La reserva ovárica a lo largo de la vida
Diferenciación con otras estructuras
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra ovario?
¿Cuántos ovocitos tiene una mujer al nacer?
¿Es lo mismo el ovario que el ovocito?
¿El ovario y el testículo proceden de la misma estructura?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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