DICCIONARIO MÉDICO
Prolactina
La prolactina (PRL) es una hormona proteica secretada principalmente por las células lactotropas de la adenohipófisis, el lóbulo anterior de la hipófisis. Su función más conocida es estimular el desarrollo de la glándula mamaria durante el embarazo y la producción de leche tras el parto, pero se le han documentado más de 300 acciones biológicas en distintos tejidos, lo que la convierte en una de las hormonas con el repertorio funcional más amplio del organismo. Es una hormona polipeptídica de 199 aminoácidos y unos 23 kilodaltons de peso molecular, sintetizada y almacenada en las células lactotropas, que constituyen entre el 15 % y el 50 % de las células de la adenohipófisis según las series consultadas. Pertenece a la misma familia que la hormona del crecimiento (GH) y el lactógeno placentario, con las que comparte origen evolutivo y buena parte de su estructura tridimensional. La etimología es descriptiva y sencilla: el prefijo latino pro- ("a favor de") se une a la raíz lac, lactis ("leche"). Literalmente, "la que favorece la leche". El nombre lo acuñó el fisiólogo Oscar Riddle en 1932, en la Carnegie Institution de Washington, tras años de trabajo con extractos de hipófisis que se probaban sobre el buche de las palomas: Riddle y sus colaboradores demostraron que el efecto lactogénico de esos extractos no correspondía a ninguna de las hormonas hipofisarias ya conocidas (ni la del crecimiento, ni las gonadotropas, ni la tiroidea), sino a una sustancia distinta, que publicaron formalmente en 1933. Identificar la prolactina en el ser humano costó casi cuarenta años más. La hormona del crecimiento humana, a diferencia de la de otras especies, tiene por sí misma una notable actividad lactogénica, lo que enmascaraba la presencia de la prolactina en los extractos hipofisarios humanos y llevó a muchos endocrinólogos a dudar de que existiera como hormona propia. No fue hasta 1970 cuando Henry Friesen logró distinguirla de la hormona del crecimiento mediante un bioensayo específico, confirmando así que se trataba de una molécula independiente. Desde el punto de vista nosológico, la prolactina no es una enfermedad sino una molécula de señalización endocrina cuya medición en sangre tiene relevancia clínica directa: la elevación de sus niveles, la hiperprolactinemia, es uno de los trastornos endocrinos que más se diagnostican, y el tumor hipofisario que la produce en exceso, el prolactinoma, es el adenoma hipofisario más frecuente. La prolactina es la única hormona de la adenohipófisis cuyo control primario es inhibitorio. Las demás se liberan cuando el hipotálamo envía una señal estimuladora a través del eje hipotálamo-hipofisario; la prolactina, en cambio, se mantiene frenada de forma constante por la dopamina, que el hipotálamo vierte de manera continua en el sistema portal hipofisario y que se une a receptores específicos de las células lactotropas, bloqueando tanto la síntesis como la liberación de la hormona. Para que la prolactina se libere, por tanto, no hace falta un estímulo positivo sino la retirada de ese freno. Durante la lactancia materna, la succión del pezón envía impulsos nerviosos al hipotálamo que inhiben transitoriamente la liberación de dopamina, lo que permite un pico brusco de prolactina y, con él, la producción de leche. En cuanto el lactante deja de succionar, el freno se restablece y la prolactina desciende. Este mecanismo explica, de paso, por qué ciertos fármacos que bloquean la dopamina pueden elevar la prolactina como efecto secundario. La producción de leche da nombre a la hormona, pero no agota su repertorio. La revisión clásica de Bole-Feysot y colaboradores, publicada en 1998, catalogó más de 300 acciones biológicas distintas de la prolactina en vertebrados, frente a las apenas 85 que se le atribuían unas décadas antes. Intervienen ahí funciones reproductivas (mantenimiento del cuerpo lúteo, supresión de la ovulación durante la lactancia), metabólicas, inmunitarias y de conducta, entre otras. Además, no se produce solo en la hipófisis: se sintetiza también en el endometrio, la decidua placentaria, ciertas células del sistema inmunitario, el cerebro, la mama, la próstata y el tejido adiposo, donde actúa de forma local en lugar de circular por la sangre. Este hallazgo, relativamente reciente, ha desplazado la idea de la prolactina como simple "hormona de la leche" hacia la de una molécula de señalización mucho más extendida por el organismo, con implicaciones descritas incluso en enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso sistémico. La prolactina es la hormona; la hiperprolactinemia es la elevación de sus niveles en sangre por encima de lo normal, habitualmente por encima de 25 ng/ml en mujeres no embarazadas, una condición que puede tener causas fisiológicas (embarazo, lactancia, estrés), farmacológicas o patológicas. El prolactinoma es el adenoma benigno de las células lactotropas que produce ese exceso; es, como se ha dicho, el tumor hipofisario más frecuente. Y la galactorrea es la secreción de leche fuera del periodo de lactancia, uno de los signos que puede acompañar a la hiperprolactinemia. Tampoco debe confundirse con el lactógeno placentario, una hormona estructuralmente emparentada pero producida por la placenta durante el embarazo, ni con la hormona del crecimiento, con la que se confundió durante décadas hasta que Friesen logró separarlas en 1970. Tienen origen genético común, pero no son la misma molécula ni cumplen la misma función. Del prefijo latino pro- ("a favor de") y la raíz lac, lactis ("leche"): literalmente, "la que favorece la leche". El nombre lo acuñó Oscar Riddle en 1932, tras identificar en extractos de hipófisis una sustancia distinta de las demás hormonas hipofisarias conocidas hasta entonces. Porque, mientras que el resto de hormonas de la adenohipófisis necesitan una señal positiva del hipotálamo para liberarse, la prolactina está frenada de manera continua por un neurotransmisor inhibidor. Su secreción no depende, por tanto, de que aparezca un estímulo, sino de que ese freno se retire. Esto ocurre de forma natural durante la succión del pezón en la lactancia, y también, de forma indeseada, con ciertos fármacos que bloquean la dopamina. Es una lógica de regulación inversa a la de la mayoría de las hormonas hipofisarias, y explica buena parte de sus particularidades clínicas. Sí, y bastante. Se conocía en animales desde 1932, pero no se confirmó como hormona humana distinta de la del crecimiento hasta 1970, de la mano de Henry Friesen. No. Aunque esa es su función más conocida, se le han documentado más de 300 acciones biológicas distintas: interviene en la reproducción, el metabolismo, la respuesta inmunitaria y la conducta. Además, se produce no solo en la hipófisis, sino también en tejidos como el endometrio, la mama, la próstata, el cerebro y ciertas células inmunitarias. También, aunque en niveles basales más bajos que los que se alcanzan durante el embarazo y la lactancia en la mujer. En el varón interviene en la regulación de la función testicular y del sistema inmunitario. Si desea profundizar en conceptos asociados a la prolactina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la prolactina
Regulación de la secreción
Funciones más allá de la lactancia
Diferenciación con conceptos relacionados
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "prolactina"?
¿Por qué se dice que la prolactina funciona al revés que las demás hormonas de la hipófisis?
¿Costó identificar la prolactina en el ser humano?
¿La prolactina solo sirve para producir leche?
¿Los hombres también tienen prolactina?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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