DICCIONARIO MÉDICO
Prolactina
La prolactina (PRL) es una hormona proteica secretada principalmente por las células lactotropas de la adenohipófisis (lóbulo anterior de la hipófisis). Su función más conocida es estimular el desarrollo de la glándula mamaria durante el embarazo y la producción de leche tras el parto, pero se le han atribuido más de 300 funciones biológicas en distintos tejidos y órganos, lo que la convierte en una de las hormonas con el repertorio funcional más amplio del organismo. La prolactina es una hormona polipeptídica de 199 aminoácidos y aproximadamente 23 kilodaltons de peso molecular, sintetizada y almacenada en las células lactotropas, que constituyen entre el 20 % y el 50 % de las células de la adenohipófisis. Pertenece a una familia de hormonas que incluye la hormona del crecimiento (GH) y el lactógeno placentario, con las que comparte origen evolutivo, estructura tridimensional y cierta superposición de funciones. La etimología del nombre es directa y descriptiva. "Prolactina" se forma con el prefijo latino pro- ("a favor de") y la raíz latina lac, lactis ("leche"): literalmente, "la que favorece la leche". El término fue acuñado en la década de 1930, tras los experimentos del fisiólogo Oscar Riddle y sus colaboradores en el Carnegie Institution de Washington, quienes en 1933 aislaron de la hipófisis de bovino una sustancia capaz de estimular la producción de leche en conejas y la denominaron prolactin. Riddle demostró además que esta misma hormona era responsable de la secreción del "buche" en las palomas —una sustancia nutritiva con la que estas aves alimentan a sus crías—, lo que le valió el sobrenombre de "hormona del buche" antes de que se consolidara la denominación definitiva. Desde el punto de vista nosológico, la prolactina no es una enfermedad sino una molécula de señalización endocrina cuya medición en sangre tiene importancia clínica directa: la elevación de sus niveles (hiperprolactinemia) es uno de los trastornos endocrinos más frecuentes, y el tumor hipofisario que la produce en exceso (prolactinoma) es el adenoma hipofisario más común. La prolactina es la única hormona hipofisaria cuyo control primario es inhibitorio. Mientras que las demás hormonas de la adenohipófisis se liberan cuando el hipotálamo envía una señal estimuladora (una hormona liberadora), la prolactina se mantiene frenada de forma constante por la dopamina, un neurotransmisor que el hipotálamo vierte en el sistema portal hipofisario a través de las neuronas del eje hipotálamo-hipofisario. La dopamina se une a los receptores D2 de las células lactotropas y bloquea tanto la síntesis como la liberación de prolactina. Esto significa que, para que la prolactina se libere, lo que debe ocurrir no es un estímulo positivo sino una retirada del freno dopaminérgico. Durante la lactancia materna, la succión del pezón por el lactante envía impulsos nerviosos aferentes al hipotálamo que inhiben transitoriamente la liberación de dopamina, lo que permite un pico brusco de prolactina en sangre y, con él, la producción y eyección de leche. Cuando el lactante deja de succionar, la dopamina se restablece y la prolactina vuelve a descender. Esta paradoja regulatoria explica por qué tantos fármacos que bloquean la dopamina (antipsicóticos, metoclopramida, domperidona) producen como efecto secundario una elevación de la prolactina. Aunque la función lactogénica es la que da nombre a la hormona, la prolactina interviene en un repertorio funcional mucho más amplio. Se le han documentado más de 300 acciones biológicas, que pueden agruparse en cinco grandes áreas: reproducción (desarrollo de la glándula mamaria, mantenimiento del cuerpo lúteo, supresión de la ovulación durante la lactancia), metabolismo (regulación del metabolismo lipídico e hidrosalino, desarrollo pancreático), inmunidad (modulación de la actividad de linfocitos y macrófagos), conducta (inducción de comportamiento maternal en modelos animales, influencia sobre el estado de ánimo) y homeostasis general (regulación de la angiogénesis y del crecimiento celular). Además, la prolactina no se produce exclusivamente en la hipófisis: se sintetiza también en el endometrio, la decidua placentaria, las células del sistema inmunitario, el cerebro, la mama, la próstata y el tejido adiposo, donde actúa de forma paracrina y autocrina. Esta producción extrahipofisaria, descubierta en las últimas décadas, ha ampliado radicalmente la visión de la prolactina como una simple "hormona de la leche" y la ha reposicionado como una molécula de señalización ubicua con implicaciones en procesos tan diversos como la autoinmunidad (se han descrito niveles elevados de prolactina en el lupus eritematoso sistémico y en la artritis reumatoide) y la oncología (sus receptores se expresan en tejido mamario tumoral). La prolactina es la hormona; la hiperprolactinemia es la elevación de sus niveles en sangre por encima de lo normal (habitualmente por encima de 20-25 ng/ml en mujeres no embarazadas), una condición que puede deberse a causas fisiológicas (embarazo, lactancia, estrés, sueño), farmacológicas (antipsicóticos, antieméticos) o patológicas (prolactinoma, hipotiroidismo, insuficiencia renal). El prolactinoma es un adenoma benigno de las células lactotropas que produce prolactina en exceso; es el tumor hipofisario más frecuente. Y la galactorrea es la secreción de leche fuera del periodo de lactancia, uno de los signos clínicos de la hiperprolactinemia. Tampoco debe confundirse la prolactina con el lactógeno placentario, una hormona estructuralmente emparentada pero producida por la placenta durante el embarazo, ni con la lactación, que es el proceso fisiológico de producción de leche en el que la prolactina desempeña un papel central pero no exclusivo. Del prefijo latino pro- ("a favor de") y lac, lactis ("leche"): literalmente, "la que favorece la leche". El nombre fue acuñado en 1933 por el fisiólogo Oscar Riddle tras aislar la hormona de hipófisis de bovino y demostrar su capacidad de estimular la producción de leche en conejas. Sí. La prolactina es la única hormona hipofisaria cuyo control primario es inhibitorio. El hipotálamo libera dopamina de forma continua, y esa dopamina mantiene frenada la secreción de prolactina. Para que la prolactina se libere, lo que tiene que ocurrir es que la dopamina se retire (por ejemplo, por la succión del pezón durante la lactancia). Esto también explica por qué los fármacos que bloquean la dopamina pueden causar hiperprolactinemia como efecto secundario. No. Aunque la producción de leche es su función más conocida, se le han atribuido más de 300 funciones biológicas: interviene en la reproducción, el metabolismo, la inmunidad, la conducta y la homeostasis celular. Además, se produce no solo en la hipófisis sino también en tejidos como el endometrio, la mama, la próstata, el cerebro y las células inmunitarias. La elevación de la prolactina en sangre (hiperprolactinemia) puede tener causas fisiológicas (embarazo, lactancia, estrés), farmacológicas (antipsicóticos, antieméticos) o patológicas (prolactinoma, hipotiroidismo). En mujeres puede causar alteraciones menstruales, galactorrea e infertilidad; en hombres, disminución del deseo sexual, disfunción eréctil y, en ocasiones, ginecomastia. Sí. La prolactina está presente en ambos sexos, aunque en niveles basales más bajos que durante el embarazo y la lactancia. En el varón interviene en la regulación de la función testicular y del sistema inmunitario. Su elevación patológica puede causar problemas reproductivos y sexuales. Si desea profundizar en conceptos asociados a la prolactina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la prolactina
La paradoja regulatoria: una hormona frenada por defecto
Funciones más allá de la lactancia
Diferenciación con conceptos relacionados
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra "prolactina"?
¿Es cierto que la dopamina frena la prolactina?
¿La prolactina solo sirve para producir leche?
¿Qué significa tener la prolactina alta?
¿Los hombres también tienen prolactina?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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