DICCIONARIO MÉDICO

Prolactinoma

El prolactinoma es un adenoma benigno originado en las células lactotropas de la adenohipófisis, con capacidad autónoma de secretar prolactina. Representa entre el 30 % y el 40 % de todos los adenomas hipofisarios y es, con diferencia, el tumor hipofisario funcionante más frecuente. En Europa se ha estimado una prevalencia cercana a 1 de cada 2 000 habitantes, con predominio en mujeres premenopáusicas.

Qué es el prolactinoma

Un prolactinoma es una neoplasia benigna que se desarrolla a partir de los lactotrofos, las células de la adenohipófisis especializadas en la síntesis y liberación de prolactina. El tumor conserva la maquinaria secretora de la célula original y produce prolactina de forma autónoma, sin respetar los mecanismos de retroalimentación que regulan a las células sanas. La consecuencia directa es la hiperprolactinemia, un exceso mantenido de prolactina en sangre que altera el eje reproductor en ambos sexos.

El nombre se construye con dos componentes de tradición distinta. «Prolactina» fue el término acuñado en 1933 por Oscar Riddle, Robert W. Bates y Simon W. Dykshorn, investigadores del Carnegie Institution de Washington, cuando lograron aislar la hormona a partir de extractos de hipófisis anterior de bovino y demostrar su capacidad de estimular la secreción del buche en palomas. Eligieron el prefijo latino pro- («a favor de») unido a lac, lactis («leche»): la sustancia que favorece la leche. El sufijo -oma, del griego -ωμα, designa tumor o masa desde la tradición hipocrática y se añadió más tarde, cuando se identificaron adenomas hipofisarios cuya producción hormonal predominante era precisamente la prolactina.

Control dopaminérgico y origen del tumor

Para entender por qué aparece un prolactinoma conviene recordar un dato singular: la prolactina es la única hormona de la adenohipófisis cuya regulación primaria es inhibitoria. El hipotálamo libera dopamina de forma tónica a través del sistema portal hipofisario, y esta dopamina se une a los receptores D2 de los lactotrofos para frenar la síntesis y la secreción de prolactina. Cualquier interrupción de ese freno (compresión del tallo hipofisario, fármacos que bloqueen los receptores D2, lesiones hipotalámicas) eleva la prolactina en sangre.

En el prolactinoma, sin embargo, la hiperprolactinemia no se debe a una pérdida del freno externo sino a la proliferación clonal de un lactotrofo que ha adquirido autonomía secretora. La evidencia molecular apunta a un origen monoclonal: una sola célula acumula alteraciones en la regulación del ciclo celular y se expande hasta formar el tumor. En la gran mayoría de los casos no se identifica una mutación conductora concreta, lo que distingue al prolactinoma de otros adenomas hipofisarios donde sí se conocen mutaciones recurrentes (como la del gen GNAS en los somatotropinomas). Se sabe que mutaciones inactivadoras del gen AIP, localizado en el cromosoma 11q13.3, pueden originar prolactinomas esporádicos en pacientes jóvenes, casi siempre varones y con tumores de gran tamaño, pero se trata de casos poco frecuentes.

Clasificación por tamaño y comportamiento

El criterio de clasificación más utilizado es el diámetro mayor del tumor medido en resonancia magnética. Un microprolactinoma mide menos de 10 mm y permanece dentro de la silla turca; un macroprolactinoma iguala o supera los 10 mm y puede extenderse fuera de la fosa hipofisaria. Existe, además, un subgrupo infrecuente de tumores que superan los 40 mm, denominados prolactinomas gigantes, con niveles de prolactina a menudo superiores a 10 000 ng/mL.

Cerca del 90 % de los prolactinomas diagnosticados son microadenomas intraselares que no crecen durante el seguimiento. Solo alrededor del 5 % de los microprolactinomas progresan a macroadenomas, y hasta un 30 % de ellos dejan de secretar prolactina de forma espontánea con el paso de los años. Los macroprolactinomas, en cambio, tienen mayor tendencia a comprimir estructuras vecinas: el quiasma óptico por arriba, los senos cavernosos lateralmente y, en ocasiones, el propio tallo hipofisario. El grado de elevación de la prolactina guarda proporción con la masa tumoral, un dato que resulta útil para distinguir el prolactinoma verdadero de la hiperprolactinemia por efecto tallo.

Datos epidemiológicos y contexto hereditario

Los prolactinomas son más frecuentes en mujeres, con una incidencia estimada de unas 30 por cada 100 000 mujeres frente a 10 por cada 100 000 varones. Esta diferencia se atenúa después de la menopausia. La edad habitual de presentación se sitúa entre la segunda y la cuarta décadas de la vida, y en los varones el tumor suele detectarse más tarde, cuando ya ha alcanzado un tamaño considerable.

Casi todos son esporádicos. Un pequeño porcentaje aparece en el contexto de la neoplasia endocrina múltiple de tipo 1 (MEN1), un síndrome hereditario autosómico dominante causado por mutaciones del gen MEN1 y caracterizado por tumores en varias glándulas endocrinas. Con menor frecuencia se han descrito prolactinomas dentro del complejo de Carney (gen PRKAR1A) y en familias con adenomas hipofisarios aislados familiares vinculados a mutaciones del gen AIP.

Diferenciación con la hiperprolactinemia por efecto tallo

No toda hiperprolactinemia asociada a una masa selar indica un prolactinoma. Existe un fenómeno llamado «efecto tallo» o «hiperprolactinemia por desconexión» que conviene distinguir con claridad. Cuando un macroadenoma no funcionante (es decir, un adenoma que no secreta prolactina por sí mismo) crece lo suficiente para comprimir el tallo hipofisario, interrumpe el flujo de dopamina desde el hipotálamo y la prolactina se eleva. Pero en estos casos la elevación es moderada, habitualmente por debajo de 100 a 150 ng/mL, mientras que un macroprolactinoma verdadero produce cifras muy superiores, a menudo proporcionales al volumen tumoral.

Este matiz tiene consecuencias prácticas directas: confundir un adenoma no funcionante con efecto tallo con un macroprolactinoma verdadero puede llevar a decisiones terapéuticas erróneas. La correlación entre el tamaño de la lesión y la magnitud de la prolactina sérica es la herramienta conceptual más fiable para esta distinción.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra prolactinoma?

De la unión de «prolactina» y el sufijo griego -oma (tumor). Prolactina, a su vez, combina el prefijo latino pro- («a favor de») con lac, lactis («leche»). Fue Oscar Riddle quien acuñó el nombre en 1933, al aislar la hormona en el Carnegie Institution de Washington.

¿Es lo mismo un prolactinoma que un tumor hipofisario?

No. El prolactinoma es un tipo concreto de tumor hipofisario: el que deriva de los lactotrofos y secreta prolactina. Existen otros adenomas hipofisarios que producen hormona del crecimiento, ACTH, gonadotropinas o tirotropina, y también adenomas no funcionantes que no secretan ninguna hormona activa en cantidades relevantes. El prolactinoma es el más frecuente de todos ellos.

¿Todos los prolactinomas crecen con el tiempo?

No. La mayoría son microprolactinomas que permanecen estables durante años. Solo un 5 % aproximado de los microprolactinomas progresa a macroadenoma, y cerca de un tercio puede incluso dejar de producir prolactina de forma espontánea sin intervención alguna.

¿El prolactinoma puede ser hereditario?

En la gran mayoría de los casos, no. Los prolactinomas esporádicos, que son los más comunes, no se heredan. Existe, sin embargo, una fracción pequeña que aparece en el contexto de síndromes genéticos como la neoplasia endocrina múltiple de tipo 1 o en familias con mutaciones del gen AIP, donde la predisposición a desarrollar adenomas hipofisarios sí se transmite de forma autosómica dominante. Cuando un prolactinoma se diagnostica en un paciente joven, especialmente si es varón y el tumor es grande, conviene valorar la posibilidad de un componente hereditario.

¿Qué diferencia hay entre un microprolactinoma y un macroprolactinoma?

El criterio es el tamaño. Un microprolactinoma mide menos de 10 mm y suele quedar confinado dentro de la silla turca. Un macroprolactinoma iguala o supera los 10 mm y puede extenderse hacia estructuras vecinas como el quiasma óptico o los senos cavernosos.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Prolactinoma. MedlinePlus en español.
  2. Manual MSD, versión para profesionales. Prolactinoma.
  3. Mayo Clinic. Prolactinoma: síntomas y causas.
  4. Orphanet. Prolactinoma. Portal de enfermedades raras y medicamentos huérfanos.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al prolactinoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Prolactina: hormona polipeptídica de la adenohipófisis cuya función principal es estimular la producción de leche.
  • Hiperprolactinemia: elevación mantenida de los niveles de prolactina en sangre, con causas fisiológicas, farmacológicas y patológicas.
  • Microprolactinoma: prolactinoma de diámetro inferior a 10 mm, confinado a la silla turca.
  • Macroprolactinoma: prolactinoma de 10 mm o más, con posibilidad de extensión fuera de la fosa hipofisaria.
  • Tumor hipofisario: neoplasia originada en la glándula hipófisis, que incluye adenomas funcionantes y no funcionantes.
  • Adenoma: tumor benigno de origen glandular.
  • Hipófisis: glándula endocrina situada en la silla turca, reguladora de múltiples funciones hormonales.
  • Neoplasia endocrina múltiple: grupo de síndromes hereditarios con desarrollo de tumores en glándulas endocrinas.
  • Galactorrea: secreción de leche fuera del período de lactancia, signo frecuente de hiperprolactinemia.
  • Quiasma óptico: estructura donde se cruzan parcialmente las fibras de los nervios ópticos, situada por encima de la hipófisis.

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