DICCIONARIO MÉDICO

Tumor hipofisario

El tumor hipofisario es una neoplasia originada en la hipófisis, la glándula situada en la base del cráneo que coordina buena parte del sistema endocrino. En la inmensa mayoría de los casos se trata de adenomas benignos del lóbulo anterior, una entidad relativamente común que supone entre el 10 y el 15 % de todos los tumores intracraneales. La clasificación moderna distingue dos ejes principales: el tamaño de la lesión (microadenoma, macroadenoma, adenoma gigante) y la presencia o ausencia de producción hormonal activa (funcionante o no funcionante).

Qué es un tumor hipofisario

Desde el punto de vista anatomopatológico, la mayoría de los tumores hipofisarios son adenomas, es decir, neoplasias benignas del epitelio glandular. Se originan en la adenohipófisis, el lóbulo anterior de la glándula, a partir de una proliferación monoclonal de células diferenciadas que mantienen, en grado variable, la capacidad de sintetizar las hormonas propias de su linaje. La neurohipófisis, el lóbulo posterior de origen neural, prácticamente no produce neoplasias propias: lo que ocurre con ella es siempre por extensión o compresión desde la anterior.

La palabra «hipófisis» procede del griego ὑπό (hypó), «debajo», y φύσις (phýsis), «crecimiento» o «brote», literalmente «brote inferior», una imagen que Galeno usó en el siglo II para describir la pequeña glándula colgada bajo el encéfalo. El adjetivo «hipofisario» se forma sobre esa raíz y designa lo perteneciente a la glándula. La denominación «tumor hipofisario» convive en la literatura clínica con la más específica de «adenoma hipofisario»: son prácticamente sinónimos, ya que las formas no adenomatosas (carcinomas hipofisarios verdaderos, metástasis, craneofaringiomas, meningiomas selares) son raras o pertenecen a otras categorías nosológicas.

Su frecuencia es mayor de lo que el lector profano supone. Las series de necropsias detectan adenomas hipofisarios pequeños en hasta el 10-20 % de las personas mayores, la inmensa mayoría sin haber dado nunca manifestación clínica. La incidencia clínica anual oscila entre 1 y 8 casos por cada 100.000 habitantes, con un pico entre la tercera y la cuarta décadas. La distribución por sexos depende del subtipo: el prolactinoma es claramente más frecuente en mujeres jóvenes, mientras que los adenomas no funcionantes se reparten de manera más homogénea.

Clasificación por tamaño y por función

La división por tamaño es la más antigua y la que sigue utilizándose en la imagen radiológica. Un microadenoma mide menos de 10 mm y se aloja por completo dentro de la silla turca, la pequeña depresión ósea del esfenoides que aloja la glándula. Un macroadenoma supera los 10 mm y, con frecuencia, asoma fuera de la silla, lo que da pie a las manifestaciones por compresión de estructuras vecinas. Cuando la lesión supera los 4 cm se habla de adenoma gigante, una variante poco común que aparece sobre todo en adenomas no funcionantes de larga evolución.

El otro eje, el funcional, se basa en la capacidad del tumor de secretar hormonas activas. Un adenoma funcionante produce y libera al torrente sanguíneo una hormona que genera un síndrome clínico reconocible: prolactina (el prolactinoma, el subtipo más frecuente, en torno al 50 % de los adenomas), hormona de crecimiento (causante de acromegalia o gigantismo), corticotropina (síndrome de Cushing) y, con mucha menor frecuencia, tirotropina o gonadotropinas. Un adenoma no funcionante carece de actividad hormonal clínicamente relevante; supone entre el 25 y el 35 % de los casos y, en su inmensa mayoría, deriva del linaje gonadotropo silente.

En 2017, la cuarta edición de la clasificación de tumores endocrinos de la Organización Mundial de la Salud introdujo un cambio relevante: el principal criterio organizador ya no es la hormona detectada en sangre, sino el linaje celular adenohipofisario del que procede el tumor, identificable mediante factores de transcripción específicos en inmunohistoquímica. El nuevo esquema reconoce, entre otros, los linajes corticotropo (Tpit), somatotropo, lactotropo y tirotropo (Pit-1) y gonadotropo (SF1). Esta arquitectura molecular ha sustituido en buena medida a la clasificación funcional clásica, aunque ambas conviven en la práctica clínica.

Localización y relaciones anatómicas

La hipófisis se aloja en la silla turca del hueso esfenoides, en la base media del cráneo, justo por debajo del quiasma óptico y entre los dos senos cavernosos, por los que discurren la arteria carótida interna y varios pares craneales (III, IV, VI y las dos ramas superiores del V). Esa vecindad explica por qué un tumor de algunos milímetros, plenamente benigno, puede tener consecuencias clínicas considerables: cuando crece hacia arriba comprime el quiasma, hacia los lados invade el seno cavernoso, hacia abajo erosiona el suelo selar y hacia el tallo hipofisario interrumpe la conexión con el hipotálamo.

En el ámbito quirúrgico, los neurocirujanos utilizan dos clasificaciones radiológicas de uso extendido. La de Hardy, propuesta por el neurocirujano canadiense Jules Hardy en los años setenta, gradúa el tumor en cuatro estadios según su tamaño y su grado de invasión del suelo selar. La de Knosp, más reciente, evalúa específicamente la invasión del seno cavernoso a partir de los cortes coronales de resonancia magnética. Ambas se siguen utilizando para planificar el abordaje y predecir la posibilidad de resección completa.

Diferenciación con otras lesiones de la región selar

Craneofaringioma. Tumor benigno derivado de restos embrionarios de la bolsa de Rathke. Comparte la localización selar y supraselar, pero su origen, su histología y su comportamiento clínico son distintos. Es más frecuente en niños y adolescentes; los adenomas, en cambio, predominan en el adulto.

Meningioma del tubérculo selar o del diafragma selar. Tumor mesenquimal benigno originado en las meninges. Su densidad radiológica y su patrón de captación de contraste lo diferencian del adenoma, aunque la similitud topográfica puede llevar a confusión en estudios poco resolutivos.

Metástasis hipofisaria. Es infrecuente, pero la posibilidad existe en pacientes con cáncer conocido, sobre todo de mama o pulmón. Suele afectar a la neurohipófisis y manifestarse con diabetes insípida, un cuadro raro en los adenomas convencionales.

Quiste de la bolsa de Rathke. Lesión benigna no neoplásica, formada por un resto embrionario de la cavidad embrionaria entre la adenohipófisis y la neurohipófisis. Su aspecto en resonancia magnética puede simular un adenoma quístico.

Carcinoma hipofisario. Es la verdadera rareza. Para hablar de carcinoma hipofisario en sentido estricto se exige la demostración de metástasis a distancia o de diseminación craneoespinal, no solo un comportamiento localmente agresivo. Supone menos del 0,2 % de las neoplasias hipofisarias.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra «hipofisario»?

Del griego ὑπό (hypó), «debajo», y φύσις (phýsis), «crecimiento» o «brote»; literalmente, «brote inferior». La denominación procede de Galeno, en el siglo II, que describió la glándula como una pequeña extensión colgada bajo el encéfalo. El adjetivo se forma directamente sobre esa raíz para designar todo lo relacionado con la glándula.

¿Es lo mismo un adenoma hipofisario que un tumor hipofisario?

En la práctica clínica, sí. Más del 95 % de los tumores que crecen a partir de la propia glándula hipofisaria son adenomas, neoplasias benignas del epitelio adenohipofisario. Las formas no adenomatosas (carcinomas hipofisarios, metástasis hipofisarias) son rarísimas. Por eso ambos términos se usan como sinónimos en la mayoría de los contextos. La terminología moderna de la Organización Mundial de la Salud prefiere «tumor neuroendocrino hipofisario» para subrayar el origen celular.

¿Por qué un tumor benigno puede ser tan peligroso?

Por dos motivos. El primero es la localización: la silla turca está rodeada por estructuras críticas (quiasma óptico arriba, seno cavernoso a los lados, vasos del polígono de Willis cerca), y un tumor de pocos milímetros puede comprometer cualquiera de ellas. El segundo es la función endocrina: cuando el adenoma secreta hormonas en exceso o, por el contrario, destruye el tejido sano vecino e impide su producción, las consecuencias sistémicas pueden ser considerables aunque la masa siga siendo histológicamente benigna.

¿Cuál es el subtipo más frecuente?

El prolactinoma. Representa aproximadamente la mitad de todos los adenomas hipofisarios clínicamente diagnosticados, y es bastante más común en mujeres jóvenes. Le siguen, en orden de frecuencia, los adenomas no funcionantes (gonadotropos silentes en su mayoría) y los productores de hormona de crecimiento.

¿Tiene algún componente hereditario?

En la inmensa mayoría de los casos, no. Alrededor del 95 % de los adenomas hipofisarios son esporádicos. El 3-5 % restante se asocia a síndromes hereditarios bien definidos: la neoplasia endocrina múltiple tipo 1 (MEN-1), ligada a mutaciones del gen MEN1 en el cromosoma 11; el complejo de Carney; el síndrome McCune-Albright; y el llamado adenoma hipofisario familiar aislado, vinculado a mutaciones en el gen AIP. La sospecha de un cuadro hereditario crece cuando el adenoma aparece en pacientes jóvenes o en familias con varios casos.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Tumor hipofisario. MedlinePlus enciclopedia médica.
  2. Instituto Nacional del Cáncer (NCI). Tratamiento de los tumores de hipófisis (PDQ). Versión profesional.
  3. Manual MSD profesional. Tumores hipofisarios. Manual MSD, versión para profesionales.
  4. Cámara Gómez R, Pico Alfonso A, et al. Tumores hipofisarios no funcionantes: actualización. Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Consulte también la información clínica completa sobre el adenoma de hipófisis

Si busca información sobre síntomas, diagnóstico, tratamiento quirúrgico transesfenoidal y abordaje multidisciplinar del adenoma hipofisario, puede consultar la página clínica completa del adenoma de hipófisis elaborada por el Área de Tumores del Sistema Nervioso Central del Cancer Center de la Clínica Universidad de Navarra.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados al tumor hipofisario, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Hipófisis: glándula maestra del sistema endocrino, origen anatómico del tumor.
  • Tumor: masa de tejido producida por proliferación celular anómala.
  • Adenoma: neoplasia benigna de origen epitelial glandular, forma habitual del tumor hipofisario.
  • Neoplasia: crecimiento celular nuevo y autónomo.
  • Carcinoma: neoplasia maligna de origen epitelial.
  • Metástasis: diseminación tumoral a distancia.
  • Onco-: prefijo griego empleado para todo lo relativo a los tumores.

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