DICCIONARIO MÉDICO
Hipotálamo
El hipotálamo es una pequeña región del encéfalo situada en el diencéfalo, por debajo del tálamo, que forma el suelo y parte de las paredes del tercer ventrículo. Pese a su tamaño reducido, coordina funciones básicas para la supervivencia y sirve de enlace entre el sistema nervioso y el sistema endocrino a través de la hipófisis. El hipotálamo es un conjunto de núcleos de sustancia gris agrupados en la base del cerebro, dentro del diencéfalo. Su nombre describe su posición: procede del griego ὑπό (hypó, "debajo") y θάλαμος (thálamos, "cámara" o "aposento interior"), de modo que hipotálamo significa "debajo del tálamo", que es justo donde se encuentra. Ocupa muy poco espacio y pesa apenas unos gramos, pero su peso funcional en el equilibrio del organismo es desproporcionado para su volumen. Se sitúa en el centro del encéfalo, por debajo del tálamo y por encima de la hipófisis, con la que se comunica a través de un tallo, el infundíbulo. Al ocupar el suelo y las paredes laterales del tercer ventrículo queda en una posición estratégica: recibe señales de numerosas regiones cerebrales y, a la vez, muestrea la sangre que circula por su entorno. Aunque se describe como una sola estructura, el hipotálamo está compartimentado en numerosos núcleos, cada uno con cometidos distintos. Los anatomistas lo dividen de dos maneras complementarias. En sentido anteroposterior se reconocen tres regiones: la supraóptica (sobre el quiasma óptico), la tuberal o media (sobre el tuber cinereum) y la mamilar (sobre los cuerpos mamilares). En sentido lateral se distinguen tres zonas, la periventricular, la medial y la lateral, esta última ocupada sobre todo por fibras de paso. Entre los núcleos con nombre propio figuran el supraóptico y el paraventricular, el supraquiasmático, el arqueado o infundibular, el ventromedial, el dorsomedial y los mamilares. No conviene memorizarlos como una lista suelta. Lo relevante es que cada agrupación de neuronas atiende a una tarea concreta y que, en conjunto, integran información nerviosa y química para sostener constante el medio interno. El rasgo que aparta al hipotálamo de otras zonas cerebrales es su capacidad para hablar el idioma de las hormonas. Muchas de sus neuronas son neurosecretoras: en vez de limitarse a transmitir impulsos a otras neuronas, fabrican sustancias que vierten a la sangre. Se agrupan en dos tipos. Las magnocelulares, de gran tamaño, producen oxitocina y vasopresina y las conducen por sus axones hasta la neurohipófisis, desde donde pasan a la circulación. Las parvocelulares, más pequeñas, liberan factores que estimulan o frenan a la adenohipófisis y que llegan a ella por una red de vasos, el sistema porta hipofisario. De esta relación nacen los ejes hormonales, en los que el hipotálamo manda sobre la hipófisis y esta, a su vez, sobre glándulas como el tiroides, las suprarrenales o las gónadas. El detalle de ese circuito y su regulación se abordan en la entrada dedicada al eje hipotálamo-hipofisario. Aquí basta con retener una idea: el hipotálamo es el punto donde el cerebro y las glándulas dejan de funcionar por separado. La función que engloba a las demás es la homeostasis, el mantenimiento de un entorno interno estable frente a los cambios de fuera y de dentro. El hipotálamo se comporta como un termostato ampliado: compara la información que recibe con unos valores de referencia y, cuando detecta una desviación, pone en marcha respuestas nerviosas, hormonales y de conducta para corregirla. Bajo su control quedan la temperatura corporal, que se ajusta mediante mecanismos de pérdida y conservación de calor tratados en la entrada sobre termorregulación; el equilibrio del agua y la sensación de sed; el hambre y la saciedad; el ritmo de sueño y vigilia, marcado por el núcleo supraquiasmático a modo de reloj biológico; buena parte del sistema nervioso autónomo, y la vertiente corporal de emociones como el miedo o la ira. La lista es larga. El núcleo arqueado, por ejemplo, responde a la leptina que segrega el tejido graso, un vínculo que conecta el hipotálamo con la regulación del peso. La proximidad de los nombres invita a confundirlos, pero cumplen papeles diferentes. El tálamo, situado encima, es sobre todo una estación de relevo: filtra y reenvía a la corteza la información sensitiva y motora. El hipotálamo, debajo, no se ocupa de transmitir señales sensoriales, sino de gobernar el medio interno y el diálogo con las hormonas. Comparten vecindad y la raíz thálamos, poco más. Significa "debajo del tálamo". Une el griego ὑπό (hypó, "debajo") con θάλαμος (thálamos, "cámara" o "habitación interior") y describe su localización real dentro del diencéfalo. No en sentido estricto. Es tejido nervioso, parte del cerebro, si bien algunas de sus neuronas se comportan como células glandulares al fabricar hormonas. Por eso se le describe como una estructura neuroendocrina: mitad nervio, mitad glándula. Es su superior jerárquico. El hipotálamo controla la hipófisis por dos vías: envía hormonas a la parte posterior, la neurohipófisis, a través de los axones, y regula la parte anterior, la adenohipófisis, mediante factores que viajan por un sistema de vasos. La hipófisis, a su vez, dirige otras glándulas del cuerpo. Porque compara de forma continua el estado del organismo con unos valores de referencia (temperatura, agua, energía) y activa respuestas para devolverlo al equilibrio cuando se aleja de ellos. Si el cuerpo se calienta, favorece la pérdida de calor; ante el frío hace lo contrario y conserva la temperatura. Ese ajuste permanente es lo que se denomina homeostasis.Qué es el hipotálamo
Situación y organización interna
El puente entre el sistema nervioso y el hormonal
Funciones que coordina
Hipotálamo y tálamo: por qué no son lo mismo
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la palabra hipotálamo?
¿El hipotálamo es una glándula?
¿Qué relación tiene con la hipófisis?
¿Por qué se dice que mantiene la homeostasis?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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