DICCIONARIO MÉDICO
Termorregulación
La termorregulación es el proceso por el que un organismo mantiene su temperatura interna dentro de un margen estrecho, pese a los cambios del entorno o de su propia producción de calor. En el ser humano es un ejemplo concreto de homeostasis, y su ejecución depende del centro termorregulador situado en el hipotálamo. El nombre combina el griego θερμός (thermós, "caliente") con el latín regulare ("dirigir, gobernar"). Conviene distinguir tres palabras que se usan a menudo como si fueran intercambiables. La homeostasia es el concepto general: la capacidad de cualquier sistema vivo de mantener estable su medio interno, ya sea la glucemia, el pH o la temperatura. La termorregulación es la aplicación de ese principio a un único parámetro, la temperatura corporal. Y el centro termorregulador no es el proceso en sí, sino la estructura hipotalámica concreta que lo ejecuta, comparando la información que recibe con un valor de referencia y ordenando la respuesta oportuna. En la década de 1950, el fisiólogo alemán Jürgen Aschoff propuso pensar el cuerpo como si tuviera dos compartimentos térmicos distintos. El núcleo, formado por el cerebro y las vísceras del tórax y el abdomen, se mantiene en torno a los 37 grados con muy poca variación, porque cualquier desviación compromete el funcionamiento de esos órganos. La corteza, formada por la piel y las extremidades, tolera oscilaciones mucho mayores y actúa como una zona de amortiguación entre el núcleo y el ambiente exterior. Esa distinción explica, por ejemplo, por qué la temperatura de los dedos de las manos puede bajar varios grados en un ambiente frío sin que la temperatura central se vea afectada: la vasoconstricción cutánea sacrifica el confort de la periferia para proteger la estabilidad del núcleo. El valor de referencia que persigue la termorregulación no es una cifra fija durante todo el día. La temperatura central humana sigue un ritmo circadiano propio, con un mínimo hacia primera hora de la madrugada y un máximo a última hora de la tarde, con una diferencia de en torno a medio grado entre ambos extremos. Ese vaivén, gobernado por el reloj biológico interno, se superpone al resto de mecanismos termorreguladores y explica por qué la fiebre suele notarse más al anochecer. Las respuestas autónomas, como la sudoración, la vasoconstricción o el temblor, actúan sin intervención de la voluntad. Existe, sin embargo, una segunda vía: la termorregulación conductual, que incluye desde buscar sombra hasta ponerse una prenda de abrigo. En el ser humano tiene un peso mayor del que suele reconocérsele, precisamente porque la escasez de pelaje corporal deja poco margen a la respuesta puramente fisiológica frente al frío; vestirse, en ese sentido, cumple una función que en otros mamíferos desempeña el propio pelo. No. La homeostasia es el concepto general de estabilidad del medio interno; la termorregulación es su aplicación concreta al mantenimiento de la temperatura corporal. Porque el propio valor de referencia varía a lo largo del día siguiendo un ritmo circadiano, con un mínimo de madrugada y un máximo por la tarde. Una forma de entender el cuerpo como dos compartimentos térmicos: uno interno, muy protegido, y otro periférico, mucho más variable, que Jürgen Aschoff describió en la década de 1950. Sí, en su vertiente conductual. Cualquier acción deliberada para modificar el intercambio de calor con el entorno, incluida la elección de ropa, se considera termorregulación conductual.Qué es la termorregulación
El modelo de núcleo y corteza
Variación circadiana de la temperatura corporal
Termorregulación conductual y autónoma
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo termorregulación que homeostasia?
¿Por qué la temperatura corporal no es idéntica a todas horas?
¿Qué es el modelo de núcleo y corteza?
¿Vestirse forma parte de la termorregulación?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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