DICCIONARIO MÉDICO
Quiasma óptico
El quiasma óptico es la estructura del sistema nervioso central donde se entrecruzan parcialmente las fibras de los nervios ópticos de ambos ojos, antes de continuar hacia el cerebro como cintillas ópticas. Se trata del punto de encuentro entre los dos nervios ópticos, situado en la base del cráneo, en el suelo del tercer ventrículo, justo por delante del tallo hipofisario y a corta distancia por encima de la hipófisis. Debe su nombre al mismo origen griego que el resto de quiasmas anatómicos: fue Rufo de Éfeso quien, en el siglo II d. C., empleó por primera vez la palabra para describir precisamente este cruce, mucho antes de que el término se extendiera a otros campos de la biología. No es un simple cruce. Las fibras procedentes de la mitad nasal de cada retina, la más próxima a la nariz, cambian de lado y pasan a formar parte de la cintilla óptica opuesta. Las fibras de la mitad temporal, en cambio, no se cruzan y continúan su trayecto por el mismo lado. El resultado se conoce como hemidecusación: solo una parte de las fibras, la procedente del sector nasal, cambia de lado. Dentro del cruce, el orden tampoco es uniforme. Las fibras nasales inferiores, que corresponden al campo visual temporal superior, se decusan por la parte anterior e inferior del quiasma. Las nasales superiores lo hacen por la zona posterior y superior. Algunos autores han descrito, además, un pequeño bucle de fibras nasales inferiores que se adentra brevemente en el nervio óptico contralateral antes de cruzar del todo, la llamada rodilla de Wilbrand, nombrada en honor al oftalmólogo alemán que la describió en 1904. Su existencia, sin embargo, sigue discutida. Varios estudios realizados en primates a finales del siglo XX no encontraron rastro de ese bucle en ojos sanos, y sí lo hallaron, con el tiempo, en animales a los que se había extirpado un ojo. La lectura más extendida hoy es que se trata de un cambio adaptativo posterior a la pérdida visual de un lado, y no de un rasgo presente desde el nacimiento en el quiasma normal. El quiasma se aloja dentro de la cisterna quiasmática, un espacio subaracnoideo que lo separa de las estructuras óseas vecinas. Por debajo y por detrás se relaciona con el tallo hipofisario y la hipófisis. Por arriba, con el suelo del tercer ventrículo y el receso supraóptico. Por los lados, con el segmento comunicante de las arterias carótidas internas. Recibe irrigación de pequeñas ramas procedentes de las arterias cerebral anterior, comunicante anterior y comunicante posterior, un aporte modesto para el tamaño de la estructura que atiende. Galeno, en el siglo II, ya conocía el cruce de los nervios ópticos, aunque lo interpretó de forma equivocada: para él, ambos nervios se fundían por completo en un único tronco antes de volver a separarse. Leonardo da Vinci fue el primero en representar gráficamente un verdadero entrecruzamiento de fibras, hacia 1505, recogiendo observaciones que anatomistas árabes habían anticipado siglos antes. Andrea Vesalio dio marcha atrás medio siglo después: en su De Humani Corporis Fabrica (1543) dibujó el quiasma como una simple yuxtaposición de nervios, sin verdadero cruce de fibras. Hubo que esperar a los estudios de finales del siglo XIX y comienzos del XX para que la organización interna del quiasma quedara establecida con el detalle que se conoce hoy. Gracias a esta disposición, la información visual de todo el hemicampo derecho, procedente de ambos ojos, llega reunida al hemisferio cerebral izquierdo, y la del hemicampo izquierdo, al derecho. Es la misma lógica que rige buena parte de las vías sensoriales del sistema nervioso central, en las que cada hemisferio se ocupa preferentemente del lado opuesto del cuerpo. Sin esta reorganización de fibras, la información de ambos ojos llegaría por separado a cada hemisferio, y la integración binocular necesaria para calcular la profundidad resultaría mucho más costosa. Por fidelidad a la forma, no a la proporción. El término griego original describe una figura en equis, y esa figura se dibuja igualmente aunque solo una parte de las fibras complete el cruce. La otra parte, la de las fibras temporales, atraviesa la estructura sin cambiar de lado. Aproximadamente, sí, aunque su posición exacta sobre la silla turca varía de una persona a otra. El quiasma es el punto de cruce. El tracto óptico es la continuación posterior de ese cruce. En el nervio óptico, las fibras corresponden a un solo ojo; en el tracto óptico, cada uno transporta ya fibras de ambos ojos, reorganizadas según el hemicampo visual que representan. Depende de a quién se pregunte. Durante casi un siglo se enseñó como una estructura fija del quiasma humano. Los estudios realizados en primates a finales del siglo XX, sin embargo, no encontraron rastro de ella en ojos sanos, y sí apareció, con el tiempo, en animales a los que se había extirpado un ojo. La interpretación actual, todavía no unánime, es que se trata de un cambio adaptativo tras la pérdida visual de un lado, y no de un rasgo presente desde el nacimiento.Qué es el quiasma óptico
Organización interna de las fibras
Relaciones anatómicas y aporte vascular
Una estructura debatida durante veinte siglos
Por qué el cruce importa para la visión
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama quiasma si solo se cruza parte de las fibras?
¿Es una estructura simétrica?
¿Qué diferencia hay entre el quiasma y el tracto óptico?
¿La rodilla de Wilbrand existe de verdad?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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