DICCIONARIO MÉDICO
Neuroblastoma
El neuroblastoma es un tumor embrionario maligno que se origina en precursores del sistema nervioso simpático. Constituye el tumor sólido extracraneal más frecuente de la edad pediátrica, con una mediana de edad al momento del hallazgo cercana a los 18 meses y un 90 % de los casos detectados antes de los cinco años. El nombre combina tres raíces griegas: νεῦρον (neûron, «nervio»), βλαστός (blastós, «germen, célula inmadura») y -ωμα (-ōma, «tumor»). Literalmente, «tumor de células nerviosas inmaduras». Esa definición etimológica resume bien su naturaleza: la neoplasia surge de neuroblastos, células precursoras que durante el desarrollo fetal habrían dado lugar a neuronas y células cromafines del sistema simpático pero que, por motivos no del todo aclarados, permanecen en un estado inmaduro y proliferan sin control. El neuroblastoma no es una entidad única sino el extremo indiferenciado de un espectro. Cuando la población tumoral contiene una mezcla de neuroblastos y neuronas maduras, la lesión se clasifica como ganglioneuroblastoma, un tumor de comportamiento intermedio. Si la diferenciación es completa y el tejido está formado por neuronas ganglionares adultas, se habla de ganglioneuroma, que es benigno. Que los tres compartimentos histológicos puedan coexistir dentro de una misma masa refleja la biología peculiar de este cáncer. Para entender el neuroblastoma hay que retroceder a la quinta semana de gestación. En ese momento, un tejido embrionario transitorio llamado cresta neural genera células que migran a ambos lados de la aorta dorsal y forman las cadenas ganglionares simpáticas paravertebrales. Algunas de esas células continúan su camino hasta la corteza de la glándula suprarrenal, la atraviesan y se instalan en su interior, donde se diferencian en células cromafines productoras de catecolaminas (adrenalina, noradrenalina). Ese territorio acabará siendo la médula suprarrenal. Dado que los ganglios simpáticos se distribuyen desde la base del cráneo hasta el cóccix, el neuroblastoma puede aparecer en cualquier punto de ese eje. La localización abdominal es la más habitual (alrededor del 65 % de los casos, con más de la mitad asentados en la glándula suprarrenal), seguida del tórax, el cuello y la pelvis. Pocos tumores pediátricos muestran un abanico de comportamientos tan amplio. En un extremo, lactantes menores de 18 meses con tumores localizados o con un patrón de diseminación particular pueden experimentar una regresión espontánea del tumor sin necesidad de intervención, un fenómeno que durante décadas intrigó a los oncólogos y que hoy se interpreta como una maduración tardía de los neuroblastos hacia células ganglionares no proliferantes. En el otro extremo, tumores con metástasis óseas y medulares en niños mayores de 18 meses siguen un curso agresivo. Uno de los marcadores moleculares que mejor separa ambos escenarios es la amplificación del gen MYCN, situado en el cromosoma 2p24. Cuando las células tumorales contienen decenas o centenares de copias de este oncogén en lugar de las dos normales, la proliferación celular se acelera y la capacidad de diferenciación se pierde. La amplificación de MYCN se encuentra en torno al 20-25 % de los neuroblastomas y se asocia de forma consistente a un curso clínico desfavorable. Otros hallazgos genéticos relevantes incluyen las deleciones de los brazos cromosómicos 1p y 11q, así como mutaciones en el gen ALK, que codifica un receptor tirosina-cinasa y es el gen más frecuentemente alterado en los raros casos familiares de neuroblastoma. Se calcula una incidencia aproximada de 1 caso por cada 7 000-8 000 nacidos vivos. El neuroblastoma representa entre el 8 % y el 10 % de todos los cánceres infantiles, pero su contribución a la mortalidad es proporcionalmente mayor: en torno al 12-15 % de las muertes por cáncer en la edad pediátrica. Existe una ligera preponderancia en varones. La mitad de los tumores ya están presentes en el momento del nacimiento, aunque muchos no se detectan hasta que el crecimiento del tumor produce efectos visibles o palpables. De las raíces griegas neûron («nervio»), blastós («germen, célula inmadura») y el sufijo -oma («tumor»). El término identifica con precisión la célula de origen: un neuroblasto, es decir, una célula nerviosa que aún no ha completado su maduración. Casi. Más del 90 % de los casos se detectan antes de los cinco años y la mediana de edad ronda los 18 meses. Se han descrito casos aislados en adolescentes y adultos jóvenes, pero son muy infrecuentes y suelen tener un comportamiento biológico distinto al del tumor pediátrico clásico. Los tres pertenecen al mismo espectro de tumores neuroblásticos, diferenciados por el grado de maduración celular. El neuroblastoma es la forma indiferenciada y maligna; el ganglioneuroblastoma contiene una mezcla de células inmaduras y maduras; el ganglioneuroma está compuesto por neuronas ganglionares completamente diferenciadas y se comporta como un tumor benigno. Sí, en circunstancias concretas. Algunos neuroblastomas en lactantes menores de 18 meses experimentan una regresión espontánea, presumiblemente porque los neuroblastos completan tardíamente el proceso de diferenciación que debieron haber seguido durante el desarrollo fetal. No todos los neuroblastomas se comportan así, y la probabilidad depende de factores como la edad, la extensión del tumor y el perfil genético de las células tumorales. Si desea profundizar en conceptos asociados al neuroblastoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el neuroblastoma
De la cresta neural a la médula suprarrenal
El oncogén MYCN y la heterogeneidad biológica
Datos epidemiológicos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra neuroblastoma?
¿El neuroblastoma es exclusivo de la infancia?
¿Qué relación tiene con el ganglioneuroma y el ganglioneuroblastoma?
¿Puede un neuroblastoma desaparecer solo?
Referencias
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