DICCIONARIO MÉDICO
Cortisol
El cortisol es la principal hormona glucocorticoide del organismo humano. Lo produce la corteza de la glándula suprarrenal, concretamente su zona fasciculada, y su secreción sigue un ritmo circadiano marcado: alcanza valores máximos entre las 6 y las 9 de la mañana y desciende a su punto más bajo hacia la medianoche. Dentro de la familia de los glucocorticoides (hormonas esteroideas derivadas del colesterol), el cortisol ocupa un lugar central. Su nombre procede del latín cortex, corticis (corteza), porque se aisló por primera vez a partir de la corteza de las glándulas suprarrenales. El sufijo -ol, tomado de la nomenclatura química de los alcoholes, lo distingue de la cortisona, su forma oxidada e inactiva, de la que se diferencia por la presencia de un grupo hidroxilo en posición 11 del anillo esteroideo. Edward C. Kendall, bioquímico de la Clínica Mayo, aisló en la década de 1930 hasta seis compuestos de la corteza suprarrenal, a los que denominó de la A a la F. El compuesto F resultó ser lo que hoy conocemos como cortisol (hidrocortisona). El compuesto E era la cortisona. Kendall, junto con Philip S. Hench y el suizo Tadeus Reichstein, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1950 por sus trabajos sobre las hormonas corticosuprarrenales. La secreción de cortisol no es continua ni aleatoria. Obedece a un sistema de control en cascada que comienza en el hipotálamo, donde se libera la hormona liberadora de corticotropina (CRH). Esta, a su vez, estimula en la hipófisis anterior la producción de ACTH (hormona adrenocorticotropa), que viaja por el torrente sanguíneo hasta la zona fasciculada de la corteza suprarrenal y pone en marcha la esteroidogénesis del cortisol. Cuando la concentración de cortisol en sangre sube, el propio cortisol frena la liberación de CRH y de ACTH. Es un mecanismo de retroalimentación negativa que impide una producción excesiva. Si este circuito se desajusta (un tumor hipofisario que secreta ACTH de manera autónoma, por ejemplo), el resultado es un exceso mantenido de cortisol en el organismo. En un adulto sano con horario diurno, la secreción de cortisol comienza a aumentar hacia las 3 o 4 de la madrugada, alcanza su pico alrededor de las 8 de la mañana y después decrece de forma progresiva a lo largo del día. Sobre las 23 horas, la concentración en sangre llega a su nadir. Este patrón se invierte en personas con turno nocturno habitual. La variación circadiana tiene consecuencias prácticas directas sobre la cortisolemia: una extracción de sangre a las 8 de la mañana y otra a las 16 horas arrojan cifras muy distintas, y ambas pueden ser normales. Ignorar este detalle lleva a interpretaciones equivocadas. El cortisol interviene en el metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y los lípidos. En el hígado promueve la gluconeogénesis (formación de glucosa nueva a partir de aminoácidos y glicerol), mientras que en el tejido muscular y adiposo reduce la captación de glucosa. El resultado neto es un aumento de la glucemia, un recurso que el organismo necesita cuando debe movilizar energía con rapidez. Sobre el sistema inmunitario, el cortisol ejerce un efecto modulador que va más allá de la simple supresión. A concentraciones fisiológicas contribuye a contener la respuesta inflamatoria para que no cause daño tisular excesivo. A concentraciones elevadas y sostenidas, como las que se observan en el estrés crónico, la inmunosupresión se acentúa y aumenta la vulnerabilidad a infecciones. Participa también en el mantenimiento de la presión arterial, potenciando la acción de las catecolaminas (adrenalina, noradrenalina) sobre el tono vascular. Y en el hueso, un exceso prolongado acelera la resorción ósea, uno de los problemas del hipercortisolismo mantenido. Cerca del 90 % del cortisol circulante viaja unido a una proteína plasmática llamada transcortina o CBG (globulina fijadora de corticosteroides). Otro 5-7 % se une a la albúmina. Solo el 3-5 % restante circula en forma libre, y es esa fracción la que atraviesa las membranas celulares, se une a los receptores intracelulares de glucocorticoides y ejerce sus efectos biológicos. Esa distinción importa en la práctica clínica. Los análisis habituales de cortisolemia miden cortisol total (libre + unido). En situaciones que alteran la concentración de CBG (embarazo, uso de estrógenos orales, cirrosis hepática), el cortisol total varía sin que la fracción libre cambie. Por eso, la medición de cortisol libre en orina de 24 horas (cortisoluria) o en saliva puede ofrecer una imagen más fiel de la producción real. El cortisol y la cortisona no son moléculas independientes sino dos estados de un mismo eje metabólico. La enzima 11-beta-hidroxiesteroide deshidrogenasa tipo 2 (11β-HSD2) convierte el cortisol activo en cortisona inactiva, sobre todo en el riñón, donde protege al receptor de mineralocorticoides de una estimulación excesiva. La isoforma tipo 1 (11β-HSD1) hace lo contrario: regenera cortisol a partir de cortisona en tejidos como el hígado y el tejido adiposo. Esta lanzadera enzimática permite a cada tejido ajustar su propia exposición al glucocorticoide sin depender exclusivamente de la concentración plasmática. Es un nivel de regulación local que se ha explorado como diana terapéutica en la obesidad y la diabetes tipo 2. Del latín cortex, corticis (corteza), porque la hormona se aisló de la corteza suprarrenal, y del sufijo químico -ol, que indica un grupo hidroxilo en su estructura. El bioquímico Edward C. Kendall lo había denominado inicialmente compuesto F dentro de su serie de aislados suprarrenales en la Clínica Mayo. Sí. Hidrocortisona es el nombre farmacológico del cortisol cuando se emplea como fármaco. La molécula es idéntica; la diferencia es de contexto: se habla de cortisol en fisiología y de hidrocortisona en farmacología y terapéutica. Porque su secreción se dispara ante situaciones de estrés físico o psicológico: traumatismos, infecciones, hipoglucemia, ansiedad intensa. Esa respuesta es adaptativa y prepara al organismo para afrontar la amenaza. El problema surge cuando la activación es crónica, porque el cortisol elevado de forma sostenida altera el metabolismo, debilita la inmunidad y puede dañar áreas del cerebro como el hipocampo. No. Una cifra puntualmente elevada puede deberse al estrés del momento, a ejercicio intenso reciente o incluso a la hora de la extracción. Confirmar un hipercortisolismo requiere varias determinaciones en distintos momentos y, con frecuencia, pruebas funcionales que verifiquen que la producción está desregulada. Una sola analítica no basta. No. Son dos formas de la misma molécula base, pero con una diferencia en el carbono 11 que cambia por completo su actividad. El cortisol es biológicamente activo; la cortisona es inactiva y funciona como reservorio que ciertos tejidos pueden reconvertir en cortisol según sus necesidades. Si desea profundizar en conceptos asociados al cortisol, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el cortisol
Regulación por el eje hipotalámico-hipofisario-suprarrenal
El ritmo circadiano del cortisol
Funciones fisiológicas
Transporte en sangre y fracción libre
Cortisol y cortisona: la interconversión enzimática
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cortisol?
¿Es lo mismo cortisol que hidrocortisona?
¿Por qué se llama al cortisol "la hormona del estrés"?
¿El cortisol alto siempre indica enfermedad?
¿Cortisol y cortisona son lo mismo?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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