DICCIONARIO MÉDICO
Cervicitis
La cervicitis es la inflamación del cérvix o cuello uterino. Su origen más frecuente es infeccioso, vinculado sobre todo a microorganismos de transmisión sexual, aunque existen formas no infecciosas provocadas por irritantes químicos o por el déficit estrogénico de la posmenopausia. Se estima que más de la mitad de las mujeres adultas presentan al menos un episodio a lo largo de su vida. La cervicitis designa el proceso inflamatorio que afecta a la mucosa del cuello uterino, tanto en su vertiente endocervical (revestida por epitelio cilíndrico secretor) como en la porción exocervical cubierta por epitelio escamoso estratificado. Cuando la inflamación se concentra en el endocérvix, el cuadro recibe a veces el nombre de endocervicitis; si afecta predominantemente al ectocérvix, algunos textos la denominan exocervicitis, aunque en la práctica clínica el término cervicitis engloba ambas localizaciones. El vocablo procede del latín cervīx, cervīcis, que originalmente significaba «cuello» en sentido amplio y que la medicina adoptó para referirse tanto al cuello anatómico del cuerpo como a la porción inferior del útero. El sufijo -itis, del griego -ῖτις (-îtis), denota inflamación. La combinación cervicitis aparece ya en la literatura médica francesa e inglesa de mediados del siglo XIX, cuando la exploración con espéculo comenzó a generalizarse en la práctica ginecológica tras los trabajos de Joseph-Claude-Anthelme Récamier en París hacia 1843. La causa identificada con más frecuencia es Chlamydia trachomatis, seguida de Neisseria gonorrhoeae. No obstante, ambos patógenos juntos explican menos de la mitad de los casos en las series publicadas, lo que deja un porcentaje considerable de cervicitis sin agente causal confirmado. Mycoplasma genitalium ha ganado reconocimiento en las últimas dos décadas como tercer agente relevante, con prevalencias que en algunas cohortes alcanzan el 15-20 % de las mujeres atendidas en consultas de infecciones de transmisión sexual. Otros microorganismos implicados son el virus del herpes simple (sobre todo el tipo 2), Trichomonas vaginalis y, con menor frecuencia, adenovirus. En la cervicitis no infecciosa, la agresión proviene de agentes químicos (espermicidas, duchas vaginales, desodorantes íntimos) o mecánicos (dispositivos intrauterinos, diafragmas, pesarios). Un tercer escenario, menos conocido, es la cervicitis atrófica de la posmenopausia: la caída de estrógenos adelgaza la mucosa cervical, altera el pH vaginal y facilita la erosión del epitelio, que se inflama sin necesidad de un agente infeccioso externo. En el plano histológico, la respuesta inflamatoria se traduce en infiltrado de polimorfonucleares en el estroma subepitelial, edema, congestión vascular y, cuando el cuadro se cronifica, aparición de folículos linfoides y metaplasia escamosa reactiva del epitelio cilíndrico endocervical. Ese reclutamiento celular explica el hallazgo microscópico que usan los clínicos para objetivar la cervicitis: más de 30 leucocitos polimorfonucleares por campo de gran aumento en la secreción endocervical. La cervicitis aguda se asocia habitualmente a una infección activa. La mucosa cervical aparece eritematosa, friable (sangra con facilidad al roce) y con secreción mucopurulenta visible en el orificio cervical externo. Este cuadro constituye, de hecho, uno de los criterios clínicos que las guías internacionales emplean para definir la entidad: la presencia de exudado mucopurulento cervical o la friabilidad endocervical inducida por el contacto con el hisopo. Conviene apuntar que la ausencia de secreción visible no descarta la infección. Muchas mujeres con infección cervical por C. trachomatis confirmada por técnicas moleculares no presentan signos clínicos de cervicitis, lo que complica la detección y prolonga el tiempo de exposición del aparato genital alto. La cervicitis crónica describe una inflamación persistente cuyo origen no siempre es infeccioso. Exposición reiterada a irritantes químicos, ectopia cervical extensa con metaplasia escamosa activa o déficit estrogénico mantenido pueden sostener un infiltrado inflamatorio de bajo grado durante meses o años. En la colposcopia, el cérvix crónico inflamado puede mostrar áreas de epitelio acetoblanco tenue, vasos irregulares y mosaico fino, hallazgos que obligan a descartar una displasia cervical mediante biopsia antes de atribuir la imagen a la inflamación sola. La cervicitis figura entre las afecciones ginecológicas más comunes. Las cifras publicadas indican que más del 50 % de las mujeres adultas la padecerán en algún momento de su vida, aunque las estimaciones varían mucho según la población estudiada y los criterios empleados para definir el caso. En poblaciones de bajo riesgo, la prevalencia de cervicitis mucopurulenta documentada oscila entre el 5 y el 10 %; en mujeres atendidas en centros de infecciones de transmisión sexual, puede superar el 30 %. Los factores que incrementan la probabilidad incluyen la edad joven (el ectropión fisiológico de la adolescencia expone el epitelio cilíndrico endocervical al medio vaginal), el número de parejas sexuales, la ausencia de método de barrera y los antecedentes de infecciones de transmisión sexual previas. El dato no es menor. La vaginitis afecta a la mucosa vaginal y no específicamente al cuello uterino, aunque ambas pueden coexistir, situación que recibe el nombre de vulvovaginitis cuando se extiende a la vulva. La vaginosis bacteriana representa un desequilibrio de la flora vaginal que, en ocasiones, se acompaña de inflamación cervical secundaria, pero su mecanismo es distinto: no hay invasión tisular por un patógeno, sino proliferación de bacterias anaerobias en detrimento de los lactobacilos protectores. Endometritis se refiere a la inflamación del endometrio, la capa mucosa que tapiza la cavidad uterina. Una cervicitis no resuelta puede facilitar el ascenso de microorganismos hacia el endometrio y, desde ahí, hacia las trompas, dando lugar a la enfermedad inflamatoria pélvica. Esa secuencia ascendente es, precisamente, la principal preocupación clínica que plantea la cervicitis sin resolver. Del latín cervīx, cervīcis («cuello»), y el sufijo griego -ῖτις (-îtis), que indica inflamación. Literalmente significa «inflamación del cuello», referido en este contexto al cuello del útero. El término se documenta en la literatura médica desde mediados del siglo XIX, cuando la exploración cervical con espéculo se incorporó a la práctica ginecológica habitual. No. La cervicitis afecta específicamente al cuello uterino, mientras que la vaginitis inflama la mucosa vaginal. Los microorganismos causantes pueden coincidir y ambos cuadros coexisten con frecuencia, pero su localización anatómica y sus implicaciones difieren. La cervicitis conlleva el riesgo de extensión ascendente hacia el endometrio y las trompas; la vaginitis, por lo general, se circunscribe a la vagina. Sí, y de hecho ocurre con frecuencia. Estudios de cribado en mujeres con infección confirmada por Chlamydia trachomatis muestran que solo entre el 10 y el 20 % de ellas presentan signos clínicos de cervicitis en la exploración. Esa elevada proporción de formas silenciosas es lo que hace relevante el cribado periódico en mujeres con factores de riesgo. Depende de la causa. Las cervicitis infecciosas suelen resolverse una vez identificado y eliminado el microorganismo responsable. Las formas no infecciosas, ligadas a irritación química repetida o a déficit hormonal, tienden a persistir mientras se mantenga el factor desencadenante. La cervicitis crónica no equivale necesariamente a mayor gravedad, pero sí requiere valoración colposcópica para descartar que la inflamación mantenida enmascare una displasia cervical subyacente. No directamente. La cervicitis por sí misma no es una lesión precancerosa. La relación indirecta existe cuando la cervicitis se debe a la infección por el virus del papiloma humano, principal agente causal de la displasia cervical y, a largo plazo, del carcinoma de cérvix. Una inflamación cervical persistente también puede dificultar la lectura de las citologías de cribado, lo que refuerza la conveniencia de resolverla antes de repetir los controles. Si desea profundizar en conceptos asociados a la cervicitis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la cervicitis
Etiología y mecanismo inflamatorio
Formas aguda y crónica
Epidemiología
Diferenciación con otras entidades
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cervicitis?
¿Es lo mismo cervicitis que vaginitis?
¿Puede una cervicitis no dar ninguna molestia?
¿La cervicitis puede cronificarse?
¿Tiene relación la cervicitis con el cáncer de cuello uterino?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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