DICCIONARIO MÉDICO
Mycoplasma
Mycoplasma es un género de bacterias que se distingue de casi todos los demás procariotas por carecer de pared celular. Por esa razón se cuentan entre los organismos más pequeños capaces de replicarse por sí mismos, no se tiñen con el método de Gram y no se ven afectados por los antibióticos que actúan sobre la pared. Las especies de interés humano son Mycoplasma pneumoniae, Mycoplasma genitalium y Mycoplasma hominis, a las que se suma el género emparentado Ureaplasma. Mycoplasma spp. Micoplasmas Tipo: bacteria Morfología: pleomórfica (formas cocoides, filamentosas o irregulares), sin pared celular; no se tiñe con el método de Gram Transmisión: respiratoria por gotas (M. pneumoniae); sexual (M. genitalium, M. hominis) Reservorio: humano (vías respiratorias y mucosa urogenital) Patogenicidad: primario (M. pneumoniae, M. genitalium) y oportunista (M. hominis) Enfermedades: neumonía por micoplasma, uretritis no gonocócica, cervicitis Mycoplasma designa un género de bacterias de la familia Mycoplasmataceae, dentro de la clase Mollicutes (del latín mollis, blando, y cutis, piel). El nombre une el griego μύκης (mýkēs), hongo, y πλάσμα (plásma), cosa formada o moldeada, y arrastra un equívoco de origen. Lo acuñó en alemán A. B. Frank en 1890, con un sentido que nada tiene que ver con el actual: designaba un supuesto organismo, a medio camino entre hongo y citoplasma vegetal, que nunca llegó a demostrarse. La nomenclatura bacteriana atribuye hoy el género a Nowak, en 1929, y desde mediados de los años cincuenta el término se generalizó con su sentido actual. Los micoplasmas no tienen, por tanto, ninguna relación con los hongos. Casi todo lo que define a estos microorganismos se deriva de la falta de pared. Sin el armazón de peptidoglicano, la célula se sostiene solo con su membrana, que incorpora colesterol tomado del huésped para mantener la estabilidad; de ahí su forma cambiante. Tampoco retiene el colorante de la tinción de Gram (no hay pared que lo fije), y los antibióticos betalactámicos, que bloquean la síntesis de esa pared, carecen de diana sobre la que actuar. El genoma, por lo general inferior a un millón de pares de bases, es de los más reducidos entre las bacterias: el de M. genitalium ronda las 580.000. Semejante economía las obliga a depender del huésped para obtener buena parte de sus nutrientes. El primer micoplasma cultivado fue el agente de la pleuroneumonía contagiosa bovina. En 1898, Edmond Nocard, de la Escuela Veterinaria de Alfort, y sus colaboradores del Instituto Pasteur, entre ellos Émile Roux, lograron hacerlo crecer dentro de pequeñas bolsas de colodión implantadas en el peritoneo de conejos: el colodión dejaba pasar los nutrientes del animal y protegía al microbio de sus defensas. Se lo tomó por un virus filtrable. Aquel organismo recibiría más tarde el nombre de Mycoplasma mycoides, y los que se le parecían se agruparon durante décadas bajo la etiqueta de organismos similares a la pleuroneumonía. Su naturaleza siguió en discusión mucho tiempo. En 1935 se advirtió que compartían filtrabilidad, forma y tipo de colonia con las formas L de otras bacterias, y durante unos treinta años se pensó que eran simples variantes de ese tipo. En el ser humano, el primer aislamiento llegó en 1937, con Mycoplasma hominis; la especie respiratoria, Mycoplasma pneumoniae, se conoció primero como agente de Eaton (1944) y no se reconoció como micoplasma hasta 1961-1962. Se han aislado más de una decena de especies en muestras humanas, casi todas comensales. Tres tienen un papel patógeno bien reconocido. M. pneumoniae infecta las vías respiratorias y causa la neumonía por micoplasma, una causa frecuente de neumonía adquirida en la comunidad. Mycoplasma genitalium, descrita en 1981, se transmite por vía sexual y produce uretritis no gonocócica y cervicitis. M. hominis, en cambio, vive en la mucosa genital de muchas personas sanas y solo se comporta como patógeno en determinadas circunstancias, igual que las especies de Ureaplasma. Un análisis filogenético basado en genomas completos, publicado por Gupta y colaboradores en 2018, concluyó que el género, tal como se entendía, reunía linajes muy alejados entre sí. Propuso repartirlo en varios géneros nuevos (Mycoplasmoides, Metamycoplasma, Mycoplasmopsis, Malacoplasma y Mesomycoplasma, entre otros). Las especies humanas quedaron separadas: M. pneumoniae y M. genitalium pasaron a Mycoplasmoides, y M. hominis a Metamycoplasma. Un grupo de especialistas solicitó en 2019 que se rechazaran los nuevos nombres, pero el comité internacional de nomenclatura denegó la petición. Las bases de datos taxonómicas recogen hoy la nueva clasificación; en la práctica clínica siguen usándose los nombres tradicionales. Las formas L son bacterias corrientes que han perdido la pared de manera transitoria y pueden recuperarla. En los micoplasmas la ausencia es permanente, porque carecen de la maquinaria genética para fabricar peptidoglicano. Con Ureaplasma comparten familia, hábitat genital y falta de pared; lo que separa a ambos géneros es una enzima, la ureasa, que permite a Ureaplasma descomponer la urea y de la que Mycoplasma carece. Mycobacterium, por último, solo coincide en el prefijo: sus colonias recordaban el micelio de un hongo, y es una bacteria con una de las paredes más complejas que se conocen, el extremo opuesto. Del griego mýkēs, hongo, y plásma, cosa moldeada. Frank la acuñó en alemán en 1890 para un organismo que resultó no existir, de modo que su etimología ya no describe a estas bacterias. Una bacteria. La confusión viene de lejos: el primer micoplasma cultivado, en 1898, se tomó por un virus filtrable porque atravesaba los filtros que retenían a las demás bacterias, y lo mismo ocurrió con el agente de Eaton en los años cuarenta. Se multiplica por sí mismo, sin necesidad de entrar en una célula, algo que ningún virus puede hacer. Porque la penicilina y el resto de betalactámicos bloquean la síntesis de peptidoglicano, el material de la pared bacteriana. Sin pared no hay diana. Son los géneros propuestos en 2018 para varias especies que antes se incluían en Mycoplasma, entre ellas las tres de interés médico. Designan a los mismos microorganismos con otro nombre; la terminología clínica sigue, por ahora, fiel a la clásica.Qué es Mycoplasma
De la pleuroneumonía bovina al agente de Eaton
Especies de interés en el ser humano
La reclasificación de 2018
Diferenciación con otros microorganismos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra Mycoplasma?
¿Es Mycoplasma una bacteria o un virus?
¿Por qué la penicilina no actúa sobre Mycoplasma?
¿Por qué algunas fuentes hablan de Mycoplasmoides o de Metamycoplasma?
Referencias
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