DICCIONARIO MÉDICO
Microorganismo
Un microorganismo es un ser vivo de tamaño tan reducido que solo puede observarse con ayuda de un microscopio. Bajo esta definición se agrupan organismos tan distintos entre sí como bacterias, arqueas, hongos unicelulares y protozoos, además de los virus. La palabra combina el griego μικρός (mikrós), «pequeño», con «organismo», voz procedente a su vez del griego ὄργανον (órganon), «instrumento» o «herramienta», a través del latín tardío. Es, por tanto, una construcción distinta de «microbio», sinónimo habitual formado directamente de μικρός y βίος (bíos, «vida»), documentado en español desde 1884. La Real Academia Española recoge ambos términos como equivalentes, aunque en el uso cotidiano «microbio» resulta más coloquial y «microorganismo» se reserva al registro técnico. El criterio que define al grupo no es taxonómico, sino de tamaño y visibilidad: cualquier ser vivo invisible a simple vista, desde una bacteria de una micra hasta un protozoo de varias décimas de milímetro, entra en la categoría. No existe, en consecuencia, un ancestro común exclusivo de todos los microorganismos ni un lugar único que ocupen en el árbol de la vida. Antes de que existiera el microscopio, la posibilidad de una vida invisible ya se había planteado como hipótesis. El erudito romano Marco Terencio Varrón advirtió en el siglo I a. C. contra instalar granjas cerca de pantanos, donde según él se criaban «pequeñas criaturas» imperceptibles al ojo. La confirmación llegó siglo y medio después de la invención del microscopio compuesto. Robert Hooke ilustró en su obra Micrographia (1665) estructuras microscópicas, entre ellas mohos, y acuñó el término «célula». Quien observó y describió por primera vez organismos microscópicos vivos fue el comerciante holandés Antonie van Leeuwenhoek, que a partir de la década de 1670 pulió a mano lentes capaces de aumentar casi trescientos diámetros. Los llamó «animálculos» en las cartas que enviaba a la Royal Society de Londres; entre ellos describió protozoos y, en 1676, las primeras bacterias jamás observadas. Dos siglos después, Louis Pasteur y Robert Koch convirtieron la observación en ciencia causal: Pasteur desmontó la teoría de la generación espontánea, y Koch estableció los postulados que vinculan un microorganismo concreto con una enfermedad concreta. Durante buena parte del siglo XX, los seres vivos se repartieron en dos grandes grupos según tuvieran o no núcleo celular: procariotas y eucariotas. El microbiólogo Carl Woese revisó ese esquema en 1977 al comparar secuencias de ARN ribosómico, y en 1990 propuso formalmente el sistema de tres dominios que hoy se emplea como referencia: Bacteria, Archaea y Eukarya. Bacteria y Archaea agrupan exclusivamente organismos procariotas, unicelulares y sin núcleo diferenciado; a simple vista se parecen, pero sus membranas, su maquinaria genética y su bioquímica divergen lo suficiente como para justificar dominios separados. El dominio Eukarya, por su parte, no es enteramente microbiano: junto a protozoos, algas unicelulares y hongos, incluye también a las plantas y los animales, de modo que la frontera entre lo microscópico y lo macroscópico atraviesa este dominio por dentro. Los virus quedan fuera de los tres dominios. Carecen de metabolismo propio, no se dividen por sí mismos y necesitan una célula huésped para replicarse, lo que ha llevado a buena parte de la comunidad científica a excluirlos de la definición estricta de ser vivo. La microbiología, en la práctica, los estudia como microorganismos por convención operativa, aunque su naturaleza acelular los sitúe en un territorio biológico aparte. Los microorganismos colonizan prácticamente cualquier ambiente terrestre: suelo, agua dulce y salada, la atmósfera y también fuentes hidrotermales o suelos polares donde ninguna otra forma de vida sobrevive. El cuerpo humano no es una excepción; la piel, el tubo digestivo y las mucosas albergan comunidades estables que, en conjunto, se denominan microbiota. Solo una fracción minoritaria de las especies conocidas resulta perjudicial para el ser humano. La mayoría son inocuas y muchas desempeñan funciones necesarias: descomponen materia orgánica, participan en ciclos biogeoquímicos o colaboran con el organismo que habitan sin causarle daño. Cada una de estas relaciones (comensalismo, mutualismo, patogenicidad) tiene un desarrollo propio en este diccionario. Sí, la Real Academia Española los trata como sinónimos. La diferencia es de registro: «microbio» tiene un origen más antiguo y un uso más coloquial, mientras que «microorganismo» es la forma preferida en textos científicos y clínicos. Depende del criterio. No encajan en el sistema de tres dominios porque carecen de células y de metabolismo autónomo, así que muchos biólogos los excluyen de la definición estricta de organismo. La microbiología, sin embargo, los incluye en su campo de estudio por razones prácticas, junto a bacterias, hongos y protozoos. No. La inmensa mayoría no causa enfermedad. Muchos son beneficiosos o directamente necesarios para el funcionamiento de los ecosistemas y del propio organismo humano. Tres: Bacteria, Archaea y Eukarya. Los dos primeros son enteramente microbianos. El dominio Archaea, el más tardío en describirse, incluye especies extremófilas capaces de vivir en fuentes termales, salmueras o ambientes muy ácidos. Antonie van Leeuwenhoek, en 1676, mediante microscopios simples de fabricación propia. No llegó a saber que aquello que veía era la causa de enfermedades; esa conexión tardaría casi dos siglos más en establecerse.Qué es un microorganismo
Descubrimiento e historia
Clasificación
Presencia y relación con la salud humana
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo microorganismo que microbio?
¿Los virus son microorganismos?
¿Todos los microorganismos son perjudiciales?
¿Cuántos dominios biológicos existen y cuál agrupa más especies microbianas?
¿Quién descubrió las bacterias?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026