DICCIONARIO MÉDICO
Hongo
Un hongo es un ser vivo del reino Fungi, un grupo propio dentro de los organismos con células con núcleo, distinto tanto de los animales como de las plantas. Bajo este nombre caben desde las levaduras microscópicas y los mohos hasta las setas del bosque. Todos comparten una pared celular de quitina y una manera peculiar de alimentarse: absorben del entorno la materia que antes han descompuesto. De los cientos de miles de especies conocidas, solo una minoría causa enfermedad en las personas, pero ese pequeño grupo tiene gran interés en medicina. Los hongos forman uno de los grandes reinos en que la biología ordena la vida, el reino Fungi, del latín fungus, hongo. Son organismos eucariotas, es decir, con células que guardan su material genético dentro de un núcleo, igual que los animales y las plantas; las bacterias, en cambio, carecen de él. Durante mucho tiempo se los clasificó junto a los vegetales, hasta que en el siglo XX se les reconoció un reino aparte. Dos rasgos los definen frente a los demás seres vivos. El primero es su pared celular, hecha de quitina, el mismo material que endurece el caparazón de los insectos, en lugar de la celulosa de las plantas. El segundo es su nutrición: al carecer de clorofila, no fabrican su alimento mediante la fotosíntesis como hacen los vegetales. Son heterótrofos y se alimentan por absorción, soltando enzimas sobre la materia orgánica que los rodea y reabsorbiéndola una vez digerida fuera de su cuerpo. Su membrana, además, contiene ergosterol en lugar del colesterol de las células animales, un detalle que la medicina aprovecha para atacarlos de forma selectiva. El reino reúne formas muy distintas. Las levaduras son hongos de una sola célula, redondeada, que se multiplican por gemación, con una yema que brota y se separa. Los mohos y las setas son pluricelulares y crecen formando filamentos microscópicos llamados hifas; el conjunto entretejido de hifas constituye el micelio, la verdadera masa del hongo, que a menudo permanece oculta en el suelo o en la madera. Lo que llamamos seta es solo su parte reproductora, la que asoma al exterior. Para reproducirse, casi todos recurren a las esporas, células diminutas capaces de resistir condiciones adversas y de germinar cuando el ambiente acompaña. Un mismo hongo puede producirlas por vía sexual o asexual; en este último caso se llaman conidios. Esa lluvia de esporas es también una de las vías por las que algunos hongos llegan a nuestro organismo. Los hongos están casi en todas partes: en el suelo, en el aire, en el agua, sobre las plantas y sobre nuestra propia piel. Muchos son saprófitos y viven de la materia muerta; en ese papel resultan indispensables para reciclar los restos de plantas y animales. Otros establecen alianzas: se asocian a las raíces de las plantas, en las micorrizas, o a un alga, en los líquenes. Y unos cuantos son parásitos, que obtienen su alimento de un ser vivo al que perjudican. Solo una fracción de todas las especies puede afectar al ser humano, y algunas conviven con nosotros sin causar daño, como comensales de la piel o de las mucosas. Cuando un hongo coloniza los tejidos y produce enfermedad, se habla de micosis. Buena parte de estas infecciones son oportunistas: el hongo aprovecha una barrera rota o unas defensas debilitadas para prosperar, algo que de otro modo no lograría. Por eso las micosis tienen especial relevancia en personas con el sistema inmunitario comprometido. Los hongos de interés médico se agrupan según su forma. Entre las levaduras destaca el género Candida, causa de la candidiasis. Entre los mohos, el género Aspergillus, responsable de la aspergilosis. Un grupo aparte son los dermatofitos, hongos que se alimentan de la queratina de la piel, el pelo y las uñas y producen las tiñas y afecciones tan comunes como el pie de atleta. Existen además hongos capaces de cambiar de forma según la temperatura, los hongos dimórficos, agentes de micosis que alcanzan órganos profundos. Conviene no confundir a los hongos con otros microbios. La bacteria es un organismo mucho más simple, sin núcleo verdadero, mientras que el hongo, como célula eucariota, se parece más a las nuestras, lo que explica en parte por qué cuesta combatirlo sin dañar al paciente. El virus ni siquiera es una célula: necesita invadir una para multiplicarse. Frente a ellos, el hongo posee una arquitectura celular completa, con su pared de quitina y su membrana de ergosterol como señas propias. No. Aunque durante siglos se clasificaron junto a las plantas, hoy forman un reino propio, el reino Fungi. No tienen clorofila ni hacen la fotosíntesis, y su pared celular es de quitina, no de celulosa. Se han descrito más de cien mil, pero se calcula que existen alrededor de un millón y medio, de las que apenas se conoce una pequeña parte. De todas ellas, solo una minoría causa enfermedad en el ser humano. La levadura es un hongo unicelular, de una sola célula que se reproduce por gemación. El moho es pluricelular y crece formando hifas, filamentos que en conjunto constituyen el micelio. Algunos hongos pueden adoptar una u otra forma según las condiciones. Porque sus células, como las nuestras, tienen núcleo y una organización compleja: son eucariotas. Al parecerse tanto a las células humanas, resulta difícil atacar al hongo sin afectar también al organismo. Sus estructuras propias, como la pared de quitina o el ergosterol de la membrana, son las dianas que aprovechan los antifúngicos.Qué es un hongo
Levaduras, mohos y setas: la forma de los hongos
Dónde viven y cómo se relacionan
Los hongos y la salud
Diferencias con bacterias y virus
Preguntas frecuentes
¿Los hongos son plantas?
¿Cuántas especies de hongos hay?
¿Qué diferencia hay entre una levadura y un moho?
¿Por qué cuesta combatir a los hongos que enferman?
Referencias
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