DICCIONARIO MÉDICO
Moho
El moho es la forma de crecimiento filamentosa de los hongos, la que se organiza en hifas y micelio en lugar de vivir como células sueltas. Coloniza materia orgánica en descomposición, se reproduce mediante esporas y agrupa a géneros tan distintos como Aspergillus o Penicillium, algunos capaces de producir enfermedad en el ser humano. Dentro del reino de los hongos existen tres formas básicas de crecimiento: la levadura, que vive como células sueltas; el moho, que crece formando filamentos; y el hongo dimórfico, capaz de adoptar una forma u otra según la temperatura. El moho está constituido por filamentos ramificados llamados hifas, que se alargan por su extremo y cuyo conjunto recibe el nombre de micelio. La Real Academia Española recoge su origen como voz expresiva, emparentada con el portugués «môfo», el italiano «muffa» y el alemán «Muff»: una de esas palabras que distintas lenguas europeas parecen haber acuñado por separado para nombrar lo mismo. La propia RAE define al moho, en su acepción biológica, como el conjunto de hongos diminutos que crecen sobre materia orgánica rica en nutrientes. Curiosamente, la misma palabra sirve también para nombrar la capa de óxido que cubre un metal, un uso completamente ajeno a la micología. Las hifas pueden ser tabicadas, divididas en compartimentos por tabiques internos llamados septos, o carecer de esos tabiques, en cuyo caso el citoplasma y los núcleos circulan libremente por todo el filamento. También varían en color: hialinas, casi transparentes, o dematiáceas, de tonos pardos u oliváceos oscuros. Esa variedad estructural es uno de los criterios que se usan para clasificar a los distintos géneros. El otro gran criterio es el tipo de espora. Las asexuales pueden ser libres, llamadas conidiosporas, o quedar encerradas en una estructura esférica, las esporangiosporas. Las sexuales reciben nombres distintos según el grupo: zigosporas, basidiosporas, ascosporas. Muchos mohos de interés médico, sin embargo, no muestran fase sexual conocida. A ese grupo, hoy considerado más una etiqueta práctica que una categoría taxonómica real, se le llamó durante décadas hongos imperfectos o deuteromicetos, y en él se incluyeron durante años géneros como Aspergillus antes de que el análisis molecular permitiera reclasificarlos. La mayoría de los mohos son saprofitos: obtienen sus nutrientes descomponiendo materia orgánica muerta, hojas, madera, restos de alimentos, y devuelven al medio los elementos que otros organismos podrán reutilizar. Un número menor vive como parásito, sobre o dentro de plantas, animales y personas, y en ese caso puede causar enfermedad. La pared celular de las hifas está reforzada con quitina, el mismo polisacárido que da rigidez al exoesqueleto de los insectos. Frente al moho está la levadura, que se reproduce por gemación como célula única, sin formar filamentos. Y a medio camino entre ambas formas se sitúa el hongo dimórfico, que crece como moho en el ambiente, a temperaturas más frías, y cambia a forma de levadura cuando invade un tejido humano a 37 grados. Las esporas del moho flotan en el aire con enorme facilidad, y eso las convierte en uno de los alérgenos ambientales más comunes. En personas con las vías respiratorias sensibilizadas pueden desencadenar una respuesta alérgica sin que exista infección alguna. Otros mohos, en cambio, sí son capaces de infectar directamente al organismo, sobre todo cuando las defensas están debilitadas: el género Aspergillus produce la aspergilosis, y varios mohos del orden Mucorales causan la mucormicosis. No todos los mohos son perjudiciales. En 1928, en el hospital St Mary's de Londres, Alexander Fleming encontró que un moho había contaminado uno de sus cultivos de estafilococos y que, allí donde crecía, las bacterias morían. Aquel moho fue identificado como Penicillium notatum, y de él se aisló la primera penicilina, el antibiótico que abriría la era moderna del tratamiento de las infecciones bacterianas. Es una voz expresiva, según la Real Academia Española, emparentada con el portugués «môfo», el italiano «muffa» y el alemán «Muff». No procede de una raíz latina única, sino que distintas lenguas europeas parecen haber creado un sonido parecido para nombrar el mismo fenómeno. No. Ambos son hongos, pero crecen de forma distinta. La levadura vive como células sueltas que se dividen por gemación; el moho forma filamentos ramificados, las hifas, cuyo conjunto constituye el micelio. Depende del género y de las circunstancias. La mayoría son saprofitos que descomponen materia orgánica sin relación alguna con la enfermedad humana. Unos pocos, como ciertas especies de Aspergillus o de los Mucorales, sí pueden causar infección, sobre todo en personas inmunodeprimidas, y otros son simplemente alérgenos frecuentes en el ambiente. En 1928, Alexander Fleming observó que un moho del género Penicillium había contaminado accidentalmente una placa con cultivo de Staphylococcus aureus en su laboratorio del hospital St Mary's, en Londres. Alrededor de aquella colonia fúngica, las bacterias no crecían. Fleming aisló la sustancia responsable y la llamó penicilina. El hallazgo tardó más de una década en convertirse en un fármaco utilizable a gran escala, pero marcó el inicio de la era de los antibióticos.Qué es el moho
Estructura y clasificación
Reproducción y modo de vida
El moho y la enfermedad
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra moho?
¿Es lo mismo un moho que una levadura?
¿Todos los mohos son perjudiciales para la salud?
¿Qué relación tiene el moho con el descubrimiento de la penicilina?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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