DICCIONARIO MÉDICO
Mucormicosis
La mucormicosis es una infección fúngica oportunista, causada por hongos filamentosos del orden Mucorales, que se caracteriza por su rápida invasión de los vasos sanguíneos. Afecta sobre todo a personas con diabetes descompensada, neoplasias hematológicas u otras formas de inmunodepresión, y ocupa el tercer lugar entre las infecciones fúngicas invasivas más frecuentes, tras la candidiasis y la aspergilosis. El nombre procede del género fúngico Mucor, cuyo primer representante descrito, Mucor mucedo, fue clasificado por Carl Linnaeus en 1753, y del sufijo griego -osis, "proceso" o "enfermedad". Durante décadas la infección se conoció como zigomicosis, un término más amplio que incluía también otros hongos hoy reclasificados fuera del grupo causante de esta enfermedad. Los hongos responsables son ubicuos: se encuentran en el suelo, en la materia orgánica en descomposición y, con frecuencia, en el pan enmohecido. La mayoría de las personas los inhala a diario sin consecuencias; el problema surge cuando las defensas del organismo no logran contener su crecimiento. Todos los agentes de la mucormicosis pertenecen al orden Mucorales, dentro de la división Mucoromycota. Se han descrito once géneros y alrededor de veintisiete especies capaces de infectar al ser humano. Rhizopus es, con diferencia, el género más frecuente, presente en cerca de la mitad de los casos, seguido de Mucor. Completan la lista géneros como Rhizomucor, Lichtheimia (antes conocido como Absidia), Cunninghamella, Apophysomyces y Saksenaea, cada uno con una distribución geográfica y una frecuencia relativa distintas. Las esporas llegan al organismo sobre todo por inhalación, aunque también pueden entrar por inoculación directa en una herida o, más raramente, por ingestión. Una vez germinan, las hifas del hongo muestran una marcada tendencia a invadir la pared de los vasos sanguíneos. Esa invasión vascular provoca trombosis e isquemia del tejido circundante, con áreas de necrosis que avanzan con rapidez. Es precisamente esta capacidad angioinvasiva, más pronunciada que en otras micosis, la que explica la gravedad y la velocidad de progresión características de la enfermedad. La forma clínica depende de la vía de entrada del hongo y del estado inmunitario de la persona afectada. Se distinguen habitualmente cinco presentaciones: la rino-órbito-cerebral, la más frecuente y ligada clásicamente a la cetoacidosis diabética; la pulmonar, propia de pacientes con neutropenia grave; la cutánea, asociada a menudo a heridas traumáticas o quemaduras; la gastrointestinal, infrecuente y de difícil diagnóstico; y la diseminada, que compromete varios órganos a la vez y aparece en los pacientes más gravemente inmunodeprimidos. A estas se añade un grupo misceláneo de localizaciones más raras, descritas de forma aislada en la bibliografía. La diabetes mellitus mal controlada, sobre todo cuando cursa con cetoacidosis, sigue siendo el factor de riesgo clásico de la forma rino-órbito-cerebral. En un estudio epidemiológico francés, los pacientes con enfermedades oncohematológicas representaron la mitad de los casos, seguidos de quienes padecían diabetes y de pacientes con antecedentes traumáticos. La neutropenia prolongada y la inmunosupresión farmacológica, el trasplante de órganos o de progenitores hematopoyéticos, la sobrecarga de hierro y el uso de determinados quelantes figuran también entre los factores conocidos. Alrededor de una quinta parte de los casos, sobre todo cutáneos, aparece en personas sin ningún factor de riesgo identificable, a menudo tras un traumatismo. Ambas son infecciones fúngicas invasivas propias del paciente inmunodeprimido y pueden compartir hallazgos radiológicos en fases iniciales, lo que dificulta distinguirlas solo por la imagen. La aspergilosis es, de hecho, la micosis invasiva más frecuente en este grupo de pacientes, por delante de la mucormicosis. La diferencia clínicamente más relevante es el grado de invasión vascular: la mucormicosis tiende a ocluir vasos de mayor calibre y a producir áreas extensas de necrosis, mientras que la afectación vascular en la aspergilosis suele ser algo menos destructiva. La identificación morfológica del hongo en la biopsia sigue siendo la vía para confirmar de qué infección se trata en cada caso. Del género fúngico Mucor, descrito ya por Linneo en el siglo XVIII, y del sufijo griego -osis, que indica proceso patológico. Antiguamente se llamaba zigomicosis, nombre que hoy se reserva para un grupo taxonómico más amplio. No. Las tres son infecciones fúngicas invasivas propias de pacientes inmunodeprimidos, pero cada una está causada por un grupo distinto de hongos y ocupa un puesto diferente en la frecuencia con la que se presentan: primero la candidiasis, después la aspergilosis y en tercer lugar la mucormicosis. La expresión hace referencia a las áreas de necrosis tisular oscura que puede producir la infección, aunque los especialistas la consideran una denominación imprecisa. Ganó difusión mediática durante los años de mayor incidencia de la COVID-19, coincidiendo con un aumento de casos asociados al uso de corticoides y al mal control glucémico en pacientes con esa infección viral. No necesariamente. La forma de presentación depende más de la vía de entrada del hongo y del tipo de inmunodepresión del paciente que del género concreto implicado, aunque algunos géneros se asocian con más frecuencia a determinadas localizaciones.Qué es la mucormicosis
Agentes causales y clasificación taxonómica
Mecanismo de la infección
Clasificación según la localización
Epidemiología y factores predisponentes
Diferenciación con la aspergilosis
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra mucormicosis?
¿Es lo mismo mucormicosis que candidiasis o aspergilosis?
¿Por qué se le llamó coloquialmente "hongo negro"?
¿Todos los géneros de Mucorales producen la misma forma clínica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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