DICCIONARIO MÉDICO
Patogenicidad
La patogenicidad es la capacidad de un agente, casi siempre un microorganismo, para producir enfermedad en un huésped. Es una cualidad binaria: un agente resulta patógeno o no lo es. El grado en que expresa esa cualidad corresponde a otro concepto, la virulencia. La Real Academia Española define la patogenicidad como la capacidad de un agente para producir enfermedades. Su formación morfológica es transparente: patogénico más el sufijo -idad, que convierte una cualidad en sustantivo abstracto. Patógeno, a su vez, procede del griego πάθος (pathos, "padecimiento") y γένος (genos, "origen, linaje"), con el sufijo agentivo -o: literalmente, "que produce el padecimiento". El agente patógeno no tiene por qué ser un microorganismo. La práctica clínica, sin embargo, reserva casi siempre el término para ese ámbito: bacterias, virus, hongos, parásitos y priones. Para que un microorganismo resulte patógeno debe superar varias barreras sucesivas. Ningún mecanismo basta por sí solo. Primero, adherirse a la superficie del huésped mediante estructuras específicas, las adhesinas. Después, franquear las defensas locales e invadir el tejido, con frecuencia gracias a enzimas que degradan la matriz extracelular. Muchos patógenos producen, además, toxinas (exotoxinas secretadas al medio, o endotoxinas liberadas al morir la célula bacteriana) capaces de dañar directamente al huésped. Un último mecanismo, no menos decisivo, consiste en evadir la respuesta inmunitaria, ya sea mediante cápsulas que dificultan la fagocitosis, mediante variación antigénica o sobreviviendo dentro de las propias células de defensa. No todos los microorganismos patógenos se comportan igual frente a un huésped sano. Los patógenos primarios, como Mycobacterium tuberculosis o Bordetella pertussis, son capaces de producir enfermedad en un individuo inmunocompetente; su patogenicidad no depende de que las defensas del huésped estén comprometidas. Los oportunistas rara vez causan enfermedad en circunstancias normales y solo se manifiestan cuando encuentran una puerta abierta: un sistema inmunitario debilitado, una barrera cutánea rota, un dispositivo médico invasivo. Pseudomonas aeruginosa es un ejemplo clásico. Entre la infección y la enfermedad media, además, un tercer estado, la colonización: la presencia mantenida de un microorganismo sin que llegue a producir daño ni síntomas. La patogenicidad y la virulencia se confunden con facilidad, pero responden a preguntas distintas. La primera es una cuestión de sí o no: ¿puede este agente causar enfermedad? La segunda es una cuestión de grado: ¿con qué intensidad la causa, en caso de hacerlo? Dos cepas de la misma especie patógena pueden diferir notablemente en virulencia sin dejar por ello de ser, ambas, patógenas. Establecer que un microorganismo concreto es responsable de una enfermedad concreta no siempre resultó sencillo. Robert Koch formuló en 1884, junto con Friedrich Loeffler, los cuatro criterios que durante más de un siglo sirvieron de referencia para demostrarlo. Aquel método, pensado para bacterias cultivables, resultó insuficiente en cuanto la microbiología incorporó virus y portadores asintomáticos, pero fijó la manera en que la medicina aprendió a atribuir una enfermedad a su agente. No siempre. Genes de virulencia agrupados en islas de patogenicidad pueden transferirse de una bacteria a otra mediante mecanismos de transferencia horizontal, como la conjugación o la transducción por bacteriófagos, y convertir una cepa hasta entonces inofensiva en una cepa patógena. La patogenicidad, en ese sentido, se comporta como un rasgo que se adquiere, no solo como una propiedad heredada. Depende también de la dosis. El número mínimo de microorganismos capaz de desencadenar la infección varía enormemente de una especie a otra: menos de cien bacterias de Shigella bastan para enfermar, mientras que Salmonella suele requerir del orden de cien mil. El estado de las defensas del huésped completa la ecuación. Lo son. Carecen de ácido nucleico y consisten en una proteína mal plegada capaz de inducir el mismo plegamiento anómalo en las proteínas sanas, causando enfermedades neurodegenerativas graves como la de Creutzfeldt-Jakob. Sí, mediante técnicas de atenuación. Los pases sucesivos en condiciones adversas o la eliminación selectiva de genes de virulencia pueden despojar a un patógeno de su capacidad de producir enfermedad sin destruir por completo su capacidad de multiplicarse. Es el principio detrás de las vacunas atenuadas.Qué es la patogenicidad
Mecanismos de la patogenicidad
Patógenos primarios y oportunistas
Patogenicidad y virulencia
Preguntas frecuentes
¿Es la patogenicidad una propiedad fija de cada especie microbiana?
¿Basta con la presencia de un patógeno para que aparezca la enfermedad?
¿Son patógenos los priones?
¿Se puede reducir artificialmente la patogenicidad de un microorganismo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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