DICCIONARIO MÉDICO
Neumonía por micoplasma
La neumonía por micoplasma es una infección del parénquima pulmonar causada por la bacteria Mycoplasma pneumoniae. Se la considera la forma más frecuente de neumonía atípica adquirida en la comunidad y es responsable de entre el 15 y el 20 % de todos los casos de neumonía extrahospitalaria. Afecta de forma predominante a niños en edad escolar y a adultos jóvenes, y suele cursar con un cuadro más leve que el de la neumonía neumocócica clásica. La neumonía por micoplasma —también llamada neumonía ambulante o walking pneumonia en la literatura anglosajona— es una infección de las vías respiratorias inferiores producida por Mycoplasma pneumoniae, una bacteria singular que carece de pared celular y pertenece a la clase Mollicutes. El adjetivo "ambulante" alude a que muchos pacientes mantienen una actividad cotidiana relativamente normal durante la enfermedad, a diferencia de lo que ocurre en las neumonías "típicas", donde la postración suele ser más evidente. El término "neumonía atípica" se acuñó en las décadas de 1930 y 1940, cuando los clínicos estadounidenses observaron cuadros neumónicos que no respondían a las sulfonamidas ni se comportaban como las neumonías bacterianas conocidas hasta entonces. Monroe Eaton aisló el agente causal en 1944 a partir del esputo de pacientes con neumonía atípica primaria, pero durante veinte años se lo consideró un virus —el llamado "agente de Eaton"— porque atravesaba los filtros bacteriológicos y no crecía en los medios de cultivo convencionales. Solo en la década de 1960 se demostró su naturaleza bacteriana, y el organismo pasó a denominarse Mycoplasma pneumoniae. M. pneumoniae es un patógeno extracelular que no invade el tejido pulmonar profundo como hace Streptococcus pneumoniae en la neumonía lobar. En lugar de eso, se adhiere al epitelio ciliado de las vías respiratorias a través de una estructura polar especializada cuya pieza clave es la adhesina P1, una proteína de superficie de alto peso molecular que se ancla a receptores sialoconjugados de las células epiteliales. Una vez fijado, el organismo produce peróxido de hidrógeno y un superantígeno denominado CARDS (Community-Acquired Respiratory Distress Syndrome toxin) que dañan las células ciliadas, paralizan el aclaramiento mucociliar y desencadenan una respuesta inflamatoria local predominantemente linfocitaria. Esa forma de agresión —superficial, sin consolidación alveolar masiva— explica buena parte de las diferencias clínicas con la neumonía neumocócica. La tos tiende a ser seca y persistente, la fiebre moderada, el estado general menos afectado. En la radiografía de tórax no suele verse la condensación homogénea de un lóbulo completo, sino infiltrados intersticiales parcheados, a menudo bilaterales, que pueden pasar inadvertidos o confundirse con un cuadro vírico. La transmisión se produce por gotículas respiratorias y requiere un contacto relativamente estrecho y prolongado: convivientes, compañeros de aula, reclutas en un cuartel. El periodo de incubación es largo para una infección respiratoria, entre una y cuatro semanas, lo que dificulta la trazabilidad de los brotes y permite que personas asintomáticas o presintomáticas actúen como fuente de contagio durante días. M. pneumoniae no muestra una estacionalidad marcada, aunque en climas templados tiende a presentar picos en otoño y primavera. Lo más característico de su epidemiología son los ciclos de recurrencia cada tres a siete años, con temporadas de incidencia elevada separadas por periodos de relativa calma. El ciclo de 2023-24 fue especialmente intenso a escala global: durante la pandemia de COVID-19, las medidas de distanciamiento social suprimieron la circulación de M. pneumoniae de forma más prolongada que la de la mayoría de los patógenos respiratorios, y al levantarlas se acumuló una bolsa amplia de población susceptible. Países como Dinamarca, Francia, Alemania, Italia, China, Japón y Estados Unidos notificaron brotes simultáneos con incidencias que en algunos casos superaron las de cualquier temporada prepandémica registrada. Los tres términos se usan a menudo como si fueran intercambiables, pero no lo son del todo. Neumonía por micoplasma designa específicamente la infección pulmonar causada por M. pneumoniae. Es un diagnóstico etiológico: identifica al agente. Neumonía atípica es un concepto sindromático más amplio que engloba las neumonías producidas por patógenos "no clásicos": además de M. pneumoniae, incluye las causadas por Chlamydophila pneumoniae, Legionella pneumophila y algunos virus. M. pneumoniae es el agente más frecuente del grupo, pero no el único. La neumonía por Legionella, por ejemplo, también es "atípica" según la clasificación microbiológica y, sin embargo, puede cursar con un cuadro grave que nada tiene de "ambulante". Neumonía ambulante (walking pneumonia) es un término coloquial que hace referencia a la gravedad del cuadro, no al agente: describe una neumonía lo bastante leve como para que el paciente no necesite guardar cama. La mayoría de las neumonías ambulantes están causadas por M. pneumoniae, pero no todas las neumonías por micoplasma son ambulantes —en pacientes inmunodeprimidos o con patología pulmonar de base, el cuadro puede ser grave. El adjetivo se remonta a los años treinta y cuarenta del siglo XX, cuando los clínicos observaron cuadros neumónicos que no encajaban en el patrón de la neumonía neumocócica clásica: la fiebre era más moderada, la tos seca en lugar de productiva, y el cuadro no respondía a las sulfonamidas. Hoy se sabe que esas diferencias se deben a que M. pneumoniae no invade el parénquima alveolar como hace Streptococcus pneumoniae, sino que se adhiere al epitelio ciliar y lo daña desde la superficie. Sí. Se transmite por gotículas respiratorias, pero requiere un contacto más estrecho y sostenido que, por ejemplo, la gripe. Los brotes son típicos en entornos cerrados con convivencia prolongada: familias, aulas, residencias, cuarteles. El periodo de incubación largo —hasta cuatro semanas— hace que la fuente de contagio no siempre sea fácil de identificar. No exactamente. La neumonía por micoplasma es el tipo más frecuente de neumonía atípica, pero la categoría "atípica" incluye también las neumonías causadas por Chlamydophila, Legionella y ciertos virus. Es decir, toda neumonía por micoplasma es atípica, pero no toda neumonía atípica es por micoplasma. Porque M. pneumoniae carece de pared celular, y los antibióticos betalactámicos —penicilina, amoxicilina, cefalosporinas— actúan precisamente inhibiendo la síntesis de esa pared. Sin diana, no hay efecto. Las infecciones por micoplasma requieren antibióticos de familias que atacan otras estructuras bacterianas, como los macrólidos, que inhiben la síntesis de proteínas a nivel del ribosoma. Consulte también la información clínica completa sobre la neumonía Si busca información sobre síntomas, diagnóstico y tratamiento de la neumonía, puede consultar la ficha completa de la neumonía elaborada por el Departamento de Neumología de la Clínica Universidad de Navarra. Si desea profundizar en conceptos asociados a la neumonía por micoplasma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la neumonía por micoplasma
Mecanismo de adhesión y daño epitelial
Patrón epidemiológico y ciclos de recurrencia
Diferenciación entre neumonía por micoplasma, neumonía atípica y neumonía ambulante
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama "atípica" esta neumonía?
¿Es contagiosa la neumonía por micoplasma?
¿Es lo mismo neumonía por micoplasma que neumonía atípica?
¿Por qué los antibióticos habituales no sirven contra esta neumonía?
Referencias
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