DICCIONARIO MÉDICO
Cérvix
El cérvix, también llamado cuello uterino, es la porción inferior del útero. Tiene forma cilíndrica, mide entre 3 y 4 centímetros de longitud y comunica la cavidad uterina con la vagina. Su rasgo histológico más característico es la coexistencia de dos epitelios distintos (escamoso y cilíndrico) en una superficie reducida, particularidad que concentra buena parte de su relevancia clínica. El cérvix es un órgano fibromuscular que forma el tercio inferior del útero. En la mujer en edad fértil pesa alrededor de 8 a 10 gramos y tiene un diámetro de 2 a 3 centímetros, pero esas cifras cambian con la paridad y con la edad. El cuello uterino de una mujer que ha tenido hijos es perceptiblemente mayor que el de una nulípara; tras la menopausia, la caída de estrógenos reduce su volumen de forma progresiva. Procede directamente del latín cervīx, cervīcis, que significaba «cuello» sin especificar cuál. La denominación completa cervix uteri aparece ya en textos de anatomía romana para distinguir el cuello del útero del cuello del cuerpo. En español conviven tres formas: «cérvix» (la voz culta, frecuente en literatura médica), «cuello uterino» (la forma intermedia, habitual en consulta) y «cuello del útero» (la popular). Las tres son correctas y designan exactamente la misma estructura. Vista desde la vagina con espéculo, la superficie del cérvix aparece como un disco rosado con un orificio central. Lo que no se aprecia en esa imagen es que por dentro lo atraviesa un conducto completo, el canal cervical, y que la mitad superior queda oculta tras el fondo de saco vaginal. Los esquemas anatómicos de los manuales suelen representar el cérvix como un cilindro abierto, pero en la realidad sus paredes anterior y posterior están prácticamente en contacto, lo que le da un aspecto mucho más aplanado. El endocérvix es la porción interna, la que rodea el canal cervical. Está revestido por epitelio cilíndrico simple: una sola capa de células altas, con núcleos basales, productoras de moco cervical. Bajo ese epitelio, el tejido forma criptas y pliegues que multiplican la superficie secretora. El moco que producen esas células es una de las piezas centrales de la función reproductiva del cérvix, como se verá más adelante. Recubriendo la parte visible del cérvix, la que protruye en el fondo vaginal, el ectocérvix (sinónimo exacto de exocérvix) lleva un epitelio escamoso estratificado no queratinizado, similar al vaginal: varias capas de células planas, renovadas desde la capa basal, que confieren al ectocérvix un aspecto liso, rosado y resistente al medio vaginal ácido. Las capas intermedias contienen glucógeno, propiedad que explica su tinción intensa con la solución de Lugol durante la colposcopia. Entre ambas porciones discurre el canal cervical, un conducto fusiforme de 2 a 3 centímetros que conecta dos orificios. El orificio cervical interno se abre hacia la cavidad uterina y permanece cerrado fuera del parto. El orificio cervical externo se asoma a la vagina y es el primer punto que identifica el ginecólogo en la exploración; su forma varía con la paridad: circular y pequeño en nulíparas, transversal o en hendidura en multíparas, a veces irregular si hubo desgarros obstétricos. La porción del cérvix que sobresale en el fondo vaginal recibe el nombre anatómico de portio vaginalis. En la tradición médica española se la conoce también como hocico de tenca, una analogía visual con la boca redondeada de ese pez de agua dulce que los anatomistas peninsulares acuñaron y que sigue apareciendo en textos de obstetricia. Alrededor de la portio, la vagina forma un fondo de saco circular, el fórnix vaginal, dividido convencionalmente en anterior (en relación con la vejiga), posterior (con el recto) y dos laterales. Lo que convierte al cérvix en un órgano histológicamente singular es que reúne dos epitelios de naturaleza opuesta en una extensión muy pequeña. El epitelio escamoso del ectocérvix recuerda al de la vagina o al del esófago: varias capas de células que se aplanan a medida que ascienden hacia la superficie y se descaman al medio. El epitelio cilíndrico del endocérvix es muy distinto: una sola hilera de células altas que producen moco y que, al tener una sola capa, resultan frágiles y dejan traslucir los vasos subyacentes (de ahí su aspecto rojizo en la colposcopia). La línea donde ambos epitelios se encuentran se denomina unión escamocolumnar. No ocupa una posición fija. En la infancia está próxima al orificio externo; tras la pubertad, el estímulo estrogénico expande el epitelio cilíndrico hacia el ectocérvix (lo que clínicamente se conoce como ectopia cervical, un hallazgo fisiológico, no patológico). Con el tiempo y la exposición al medio vaginal ácido, parte de ese epitelio cilíndrico expuesto va siendo reemplazado por epitelio escamoso mediante un proceso fisiológico llamado metaplasia escamosa. La franja de cérvix donde ha ocurrido ese reemplazo recibe el nombre de zona de transformación. Es el territorio histológicamente más activo del órgano y también aquel donde se originan prácticamente todas las lesiones neoplásicas cervicales. El patólogo Hans Hinselmann, inventor de la colposcopia en 1925, fue uno de los primeros en señalar la relevancia de esta zona, aunque la comprensión completa de su biología celular llegaría décadas después. Como barrera de protección, el cérvix separa la cavidad uterina (estéril) de la vagina (colonizada por flora bacteriana). El moco cervical, reforzado por inmunoglobulinas secretoras (IgA) y enzimas como la lisozima, constituye el principal mecanismo de sellado. Cuando esa barrera es vulnerada por microorganismos, aparece la cervicitis. En la modulación del transporte espermático, el moco cambia su consistencia a lo largo del ciclo menstrual. Los días previos a la ovulación se vuelve fluido y filante bajo influencia estrogénica, lo que facilita el ascenso de los espermatozoides. Fuera de la ventana fértil, la progesterona lo espesa hasta hacerlo prácticamente impenetrable. Esa alternancia es la base biológica de varios métodos de planificación familiar. Actúa también como conducto de paso para el flujo menstrual (desde el útero hacia la vagina) y para los espermatozoides (en sentido contrario). Durante el embarazo asume una función adicional de esfínter biológico: permanece cerrado, firme y sellado por el tapón mucoso cervical, conteniendo el embarazo frente a la presión gravitatoria. La insuficiencia de esa función recibe el nombre de insuficiencia cervical, causa reconocida de aborto tardío y parto pretérmino. El adjetivo «eutrófico» aplicado al cérvix indica normalidad: cuello uterino de aspecto, tamaño y trofismo adecuados. Es el hallazgo esperable en una exploración rutinaria. «Cérvix cerrado» describe el estado habitual del orificio cervical fuera de la menstruación, la ovulación y el parto. La entrada de cuello del útero desarrolla los distintos estados (cerrado, abierto, corto, blando, dilatado) en lenguaje accesible para la paciente. La ectopia cervical (a veces referida como «ectropión» en los informes) es la eversión del epitelio cilíndrico hacia el ectocérvix. Se observa con frecuencia en mujeres jóvenes y durante el embarazo. No es una lesión. Del latín cervīx, cervīcis, que significaba «cuello» en sentido amplio. La denominación completa cervix uteri («cuello del útero») aparece ya en textos de anatomía clásica romana. El castellano heredó el término por vía culta: «cérvix» conserva la forma latina casi intacta. La raíz es la misma que comparte el adjetivo «cervical», aplicable tanto al cuello del cuerpo como al cuello del útero. Sí. Las tres formas designan la misma estructura anatómica. La diferencia es de registro lingüístico, no de contenido: «cérvix» aparece sobre todo en textos técnicos; «cuello uterino» en comunicación clínica habitual; «cuello del útero» en el lenguaje cotidiano de las pacientes. La diferencia es histológica. El endocérvix rodea el canal cervical y lleva una sola capa de células cilíndricas productoras de moco; el exocérvix (o ectocérvix) recubre la parte visible del cérvix y lleva varias capas de células escamosas resistentes. La frontera entre ambos se llama unión escamocolumnar. Donde el cilíndrico ha sido sustituido por escamoso a lo largo de la vida se forma la zona de transformación, que es el territorio de mayor actividad celular del cérvix. La analogía procede de la medicina española clásica. La portio vaginalis sobresale en el fondo vaginal con forma redondeada y un orificio central que recordaba a los anatomistas al hocico carnoso de la tenca, un pez de agua dulce común en los ríos de la península ibérica. El nombre pervive en textos de obstetricia tradicional. Considerablemente. Antes de la pubertad es pequeño, con la unión escamocolumnar próxima al orificio externo. Tras la pubertad crece bajo estímulo estrogénico y parte del epitelio cilíndrico se extiende hacia fuera. Durante el embarazo aumenta de volumen, se reblandece y adquiere el tono violáceo del signo de Chadwick por la intensa vascularización. Tras la menopausia, la mucosa se atrofia y la unión escamocolumnar se retrae hacia el interior del canal endocervical, lo que puede dificultar su visualización en la colposcopia. Si desea profundizar en conceptos asociados al cérvix, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el cérvix
Partes del cérvix
Histología: dos epitelios y una frontera móvil
Función del cérvix
Hallazgos frecuentes en informes ginecológicos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cérvix?
¿Es lo mismo cérvix, cuello uterino y cuello del útero?
¿Qué diferencia el endocérvix del exocérvix?
¿Por qué se llama «hocico de tenca» a la portio?
¿El cérvix cambia con la edad?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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