DICCIONARIO MÉDICO
Acomodación
La acomodación es la capacidad del ojo para modificar la potencia óptica del cristalino y enfocar con nitidez objetos situados a diferentes distancias. Se consigue por la contracción del músculo ciliar, que relaja las fibras de la zónula de Zinn y permite que el cristalino adopte una forma más convexa. La pérdida progresiva de esta capacidad con la edad recibe el nombre de presbicia. En oftalmología, la acomodación designa el mecanismo por el cual el ojo humano ajusta su poder de refracción para mantener una imagen nítida sobre la retina, con independencia de la distancia a la que se encuentre el objeto observado. La Real Academia Española la define, en su acepción biológica, como la «acción y efecto de acomodarse el ojo para que la visión no se perturbe cuando varía la distancia o la luz del objeto que se mira». El término procede del latín accommodatio, -ōnis, derivado del verbo accommodāre («ajustar», «adaptar»), formado por el prefijo ad- («hacia») y commodus («adecuado», «proporcionado»). Literalmente, acomodar es hacer que algo se adapte a una situación. La palabra castellana aparece documentada desde el siglo XVII en textos teológicos y retóricos, pero su uso oftalmológico no se consolidó hasta mediados del siglo XIX, cuando los trabajos de Thomas Young, Franciscus Cornelis Donders y Hermann von Helmholtz establecieron las bases fisiológicas del enfoque ocular. En 1801, Young demostró que el cambio de enfoque del ojo no dependía de la córnea ni de la longitud axial del globo, sino exclusivamente de modificaciones en la forma del cristalino. Lo hizo, además, con una elegancia experimental notable: sumergió su propio ojo en agua para anular la refracción corneal y comprobó que la capacidad de enfoque se mantenía intacta. Medio siglo después, Helmholtz propuso en su Handbuch der physiologischen Optik (1855) el mecanismo que sigue vigente hoy, según el cual el cristalino no se contrae activamente, sino que se abomba al relajarse la tensión de las fibras zonulares cuando el músculo ciliar se contrae. El sistema responsable de la acomodación lo forman tres estructuras que funcionan de manera coordinada. El músculo ciliar, un anillo de fibras lisas situado dentro del cuerpo ciliar, es el motor del proceso. Cuando este músculo se contrae (por ejemplo, al fijar la mirada en un texto cercano), tira del cuerpo ciliar hacia delante y hacia el eje óptico. Ese desplazamiento afloja las fibras zonulares que sujetan el cristalino por su ecuador. Al reducirse la tensión de la zónula, el cristalino, que es elástico por naturaleza, tiende a recuperar su forma más esférica. Aumenta sobre todo la curvatura de su cara anterior, lo que incrementa su potencia dióptrica y permite enfocar objetos próximos. Cuando la mirada se dirige a un punto lejano, el músculo ciliar se relaja, las fibras zonulares se tensan de nuevo y aplanan el cristalino hasta una configuración más delgada, con menor poder convergente. Este vaivén entre contracción y relajación ocurre en fracciones de segundo. Se calcula que el cambio de enfoque de un punto lejano a uno situado a 30 centímetros tarda entre 300 y 600 milisegundos en completarse, un tiempo que el observador apenas percibe. La acomodación no actúa sola. Cada vez que el ojo enfoca un objeto cercano, se desencadenan de forma simultánea otros dos reflejos: la convergencia de ambos globos oculares (los ejes visuales giran hacia dentro para que la imagen caiga sobre la fóvea de cada ojo) y la miosis pupilar, que reduce el diámetro de la pupila para aumentar la profundidad de campo. La integración de estos tres componentes recibe el nombre de tríada acomodativa o sincinesia acomodación-convergencia-miosis. Desde el punto de vista neurológico, la vía parte de la corteza visual, desciende hasta el área pretectal y alcanza el núcleo de Edinger-Westphal, que contiene las neuronas parasimpáticas preganglionares. Sus axones viajan en el nervio oculomotor (III par craneal) hasta el ganglio ciliar y, desde allí, los nervios ciliares cortos inervan el músculo ciliar y el esfínter del iris. Es un circuito parasimpático. La amplitud de acomodación alcanza su valor máximo en la infancia (en torno a 14 dioptrías a los 10 años) y disminuye de forma continua a lo largo de la vida. Donders documentó esta caída en 1864, estableciendo una curva que, con ligeras variaciones, sigue utilizándose como referencia clínica. Hacia los 40 o 45 años la amplitud suele descender por debajo de las 4 dioptrías, un umbral a partir del cual la lectura a distancia normal empieza a resultar incómoda. Detrás de esa caída está la esclerosis progresiva del cristalino: con los años, las proteínas cristalinas de su interior se entrecruzan y endurecen, de modo que la lente pierde la elasticidad necesaria para abombarse. El músculo ciliar sigue contrayéndose, pero el cristalino ya no responde con la misma deformación. A esa pérdida funcional se la denomina presbicia. No tiene relación directa con la miopía ni con el astigmatismo, que son ametropías de naturaleza distinta. Conviene no confundir acomodación con refracción. La refracción ocular es la suma de las potencias fijas de la córnea (aproximadamente 43 dioptrías) y del cristalino en reposo (unas 17 dioptrías). Se trata de una propiedad estructural, determinada por la curvatura y el índice de refracción de esos medios. En un ojo emétrope esa suma basta para proyectar una imagen nítida de objetos lejanos sobre la retina. La acomodación, en cambio, es un mecanismo dinámico que se añade a la refracción estática cuando el objeto se acerca. Podría decirse que la refracción define el punto de partida óptico del ojo, mientras que la acomodación le permite moverse dentro de un rango de distancias. Sin acomodación, un ojo que vea perfectamente de lejos tendría la visión borrosa a 30 centímetros. Del latín accommodatio, derivado de accommodāre («ajustar», «adaptar»). En castellano se documenta desde el siglo XVII, pero su acepción óptica no se fijó hasta que Thomas Young, en 1801, demostró que el enfoque del ojo dependía de cambios en la forma del cristalino. Hermann von Helmholtz completó la explicación del mecanismo en 1855. Sí. El término acomodación visual se utiliza como sinónimo para especificar que se habla de la acomodación ocular y evitar la ambigüedad con otros usos de la palabra (jurídico, religioso, general). En la práctica clínica, ambas expresiones designan el mismo proceso: el ajuste del cristalino para enfocar a distintas distancias. No falla de repente. La amplitud de acomodación va descendiendo desde la infancia, pero las molestias solo se notan alrededor de los 40 o 45 años, cuando la capacidad cae por debajo de las 4 dioptrías y la lectura a una distancia cómoda se vuelve difícil. Eso es la presbicia. Ninguna directa. La miopía es un defecto refractivo estático (el ojo es demasiado largo o la córnea demasiado curva), mientras que la acomodación es un mecanismo dinámico de enfoque. Existe, eso sí, una entidad llamada espasmo de acomodación, en la que una contracción excesiva del músculo ciliar simula una miopía que en realidad no es estructural. Depende del problema. En casos de insuficiencia acomodativa o de astenopia acomodativa, la terapia visual con ejercicios de enfoque puede mejorar la flexibilidad y la resistencia del sistema acomodativo. La presbicia, en cambio, obedece a un endurecimiento del cristalino que no revierte con ejercicios. Si desea profundizar en conceptos asociados a la acomodación ocular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la acomodación
Músculo ciliar, cristalino y fibras zonulares
Sincinesia acomodativa
Evolución de la capacidad acomodativa con la edad
Diferenciación con la refracción ocular estática
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «acomodación» en el contexto oftalmológico?
¿Es lo mismo acomodación que acomodación visual?
¿A qué edad empieza a fallar la acomodación?
¿Qué relación tiene con la miopía?
¿Se puede entrenar la acomodación?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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