DICCIONARIO MÉDICO
Refracción ocular
La refracción ocular es el proceso óptico por el que la córnea y el cristalino desvían los rayos de luz que entran en el ojo hasta hacerlos converger en un punto de la retina, formando ahí una imagen nítida. De que ese enfoque caiga exactamente sobre la retina depende la visión clara. Cuando no ocurre así, el resultado son los defectos que se agrupan bajo el nombre de ametropía. El término procede del latín refractio, derivado de refringere (re-, "hacia atrás", y frangere, "romper"): la misma raíz que explica por qué un lápiz metido en un vaso de agua parece quebrado justo donde el líquido toca el aire. En el ojo ocurre algo parecido, aunque a una escala mucho más precisa y con una función muy concreta. Sin ese quiebre controlado de la trayectoria luminosa, los rayos que atraviesan la pupila llegarían dispersos a la retina y no habría imagen que interpretar. No todas las estructuras del ojo refractan con la misma intensidad. La córnea, con su curvatura fija y su superficie siempre en contacto con el aire, aporta la mayor parte de esa potencia de enfoque. El cristalino completa el ajuste fino, y lo hace de un modo que la córnea no puede: cambiando de forma según la distancia del objeto observado, un proceso conocido como acomodación. Un rayo que entra por la pupila atraviesa varios medios transparentes antes de llegar a la retina, cada uno con una capacidad distinta para frenar y desviar la luz. La córnea es la primera superficie que encuentra, y también donde se produce el cambio más brusco de densidad óptica: el salto de un medio muy poco denso, el aire, a un tejido considerablemente más denso. A partir de ahí, el rayo cruza el humor acuoso, atraviesa el cristalino y termina su recorrido en el humor vítreo, el gel transparente que rellena la cámara posterior del ojo. El cristalino es la única de estas estructuras capaz de modificar su propia curvatura en fracciones de segundo. Los músculos ciliares lo redondean para enfocar objetos cercanos y lo aplanan para los lejanos, una capacidad que disminuye con la edad a medida que el tejido pierde elasticidad. Ahí tiene su origen buena parte de la presbicia. El humor vítreo, en cambio, apenas participa en el enfoque. Su papel es transmitir la luz ya refractada sin introducir distorsiones adicionales, además de sostener la forma esférica del globo ocular. Cuánta luz se desvía en cada superficie depende del índice de refracción de cada medio, una magnitud física que no es exclusiva del ojo y que se aplica por igual a cualquier material transparente. Un ojo en el que la potencia combinada de la córnea y el cristalino coincide exactamente con su longitud interna se llama emétrope: la imagen se forma justo sobre la retina, sin ayuda externa. Cuando ese ajuste falla, ya sea porque el ojo es demasiado largo o corto, porque la córnea tiene una curvatura irregular o porque el cristalino pierde potencia, aparece lo que en conjunto se denomina ametropía, término bajo el que se agrupan la miopía, la hipermetropía y el astigmatismo. Conviene no confundir el proceso fisiológico con la prueba que lleva el mismo nombre en la consulta de oftalmología: esa prueba mide el resultado de la refracción ocular, no es la refracción en sí. Durante buena parte de la Antigüedad y la Edad Media se dio por hecho que la imagen visual se formaba en el cristalino, siguiendo el modelo heredado de Galeno. Kepler rompió con esa idea en 1604, en el tratado conocido como Ad Vitellionem Paralipomena, publicado dentro de su Astronomiae Pars Optica: fue el primero en proponer, con fundamento geométrico, que la imagen se proyecta invertida sobre la retina y no sobre el cristalino. Faltaba, eso sí, la ley exacta que rige ese cambio de dirección. Esa ley llegó pocos años después. El matemático neerlandés Willebrord Snell la formuló en 1621 a partir de mediciones sistemáticas de los ángulos de incidencia y de refracción. No llegó a publicarla en vida; su hallazgo circuló primero en manuscritos y fue popularizado más tarde, con una demostración distinta, por Descartes. Hoy se conoce indistintamente como ley de Snell o ley de Snell-Descartes. Del latín refringere, "romper hacia atrás". Los romanos usaban ese verbo para describir cualquier cambio brusco de dirección, y el término pasó después a la óptica para nombrar el que sufre la luz al cambiar de medio. No. El índice de refracción es una propiedad física de cada medio transparente por separado: la córnea tiene el suyo, el cristalino otro distinto. La refracción ocular es el resultado conjunto de todos esos medios trabajando en cadena para formar una imagen sobre la retina. La córnea, con diferencia. Al ser la primera superficie que atraviesa la luz procedente del aire, un medio mucho menos denso que el tejido corneal, ahí se concentra el cambio de dirección más pronunciado de todo el recorrido. Sobre todo por el cristalino. Su cápsula y su contenido se vuelven progresivamente más rígidos a partir de la cuarta década de vida, lo que limita la capacidad de acomodación para el enfoque cercano. No, y ahí está la diferencia clave con el cristalino. La curvatura corneal es prácticamente fija. Todo el ajuste dinámico del enfoque recae en el cristalino y en los músculos ciliares que lo rodean.Qué es la refracción ocular
El camino de la luz dentro del ojo
Cuando el enfoque no cae sobre la retina
Antecedentes históricos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra refracción?
¿Es lo mismo la refracción ocular que el índice de refracción?
¿Qué parte del ojo aporta más potencia de enfoque?
¿Por qué cambia la capacidad de enfoque con la edad?
¿Puede la córnea cambiar de forma para enfocar objetos a distinta distancia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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