DICCIONARIO MÉDICO
Cristalino
El cristalino es una lente biconvexa, transparente y avascular situada en el interior del ojo, entre el iris y el humor vítreo. Su función principal es enfocar los rayos de luz sobre la retina a distintas distancias, un proceso que se denomina acomodación. Aporta aproximadamente 15 a 20 dioptrías al sistema óptico del ojo. El nombre procede del latín crystallinus, tomado a su vez del griego κρυστάλλινος (krystállinos), que significaba "de cristal" o "de hielo". La raíz última es κρύσταλλος (krýstallos, "hielo"), porque los antiguos griegos consideraban el cristal de roca una forma de hielo permanentemente solidificado. Galeno empleó ya la expresión κρυσταλλοειδὲς ὑγρόν (humedad cristalina) para referirse a esta estructura, que durante siglos se creyó el componente central de la visión. No fue hasta el siglo XVII cuando Félix Platter y, después, Christoph Scheiner demostraron que la retina, no el cristalino, era el verdadero tejido receptor de la imagen. Se trata de una estructura lenticular, biconvexa (con la cara posterior más curvada que la anterior), transparente, incolora y carente tanto de vasos sanguíneos como de nervios. Recibe sus nutrientes por difusión desde el humor acuoso y el vítreo. Pesa unos 220 miligramos en el adulto y mide aproximadamente 9 mm de diámetro ecuatorial por 4 mm de espesor anteroposterior, aunque estas cifras varían con la edad y el estado de acomodación. El cristalino está envuelto por una cápsula elástica, transparente y acelular que la literatura anatómica clásica denomina cristaloide. Bajo esa cápsula, la superficie anterior alberga un epitelio monoestratificado, el único tejido del cristalino con capacidad de regeneración. Las células epiteliales ecuatoriales proliferan a lo largo de toda la vida y se diferencian en fibras del cristalino, que se van superponiendo como las capas de una cebolla. Internamente se distinguen dos regiones. La corteza, blanda y periférica, formada por las fibras más jóvenes. Y el núcleo, central y progresivamente más denso, constituido por fibras antiguas que han perdido sus orgánulos. Con el envejecimiento, el núcleo se compacta y endurece, lo que repercute directamente en la capacidad acomodativa. La suspensión del cristalino dentro del ojo corre a cargo de la zónula de Zinn, un conjunto de fibras de naturaleza elástica que lo conectan con el cuerpo ciliar. Esas fibras transmiten la tracción o la relajación del músculo ciliar al cristalino, y de esa interacción depende todo el mecanismo de enfoque. Cuando el ojo mira un objeto lejano, el músculo ciliar está relajado y las fibras zonulares mantienen al cristalino estirado, aplanado, con baja potencia refractiva. Al fijar la mirada en un objeto cercano, el músculo ciliar se contrae, lo que distiende las fibras zonulares y permite que el cristalino, por su propia elasticidad, se abombe: aumenta su curvatura y con ella su poder dióptrico. Así pasa de unas 15 dioptrías en reposo a cerca de 30 en la acomodación máxima de un ojo joven. Esta descripción corresponde a la teoría de Helmholtz, formulada en 1855 y vigente todavía como modelo principal. Existen propuestas alternativas (como la de Schachar, que atribuye un papel activo a las fibras zonulares ecuatoriales), pero ninguna ha desplazado al esquema helmholtziano en la práctica clínica. A medida que se acumulan nuevas fibras sin que las antiguas se eliminen, el cristalino crece durante toda la vida. El núcleo se endurece. La elasticidad disminuye. Hacia los 45 años, la pérdida de flexibilidad reduce la amplitud de acomodación hasta un punto en que enfocar objetos cercanos se vuelve difícil: es la presbicia. Si las proteínas del cristalino se desnaturalizan o agregan, la lente pierde transparencia. Eso es una catarata. La causa más frecuente es el envejecimiento, pero las cataratas también pueden originarse por traumatismos, fármacos (corticoides prolongados), enfermedades sistémicas o factores genéticos. La opacidad puede afectar al núcleo (catarata nuclear), a la corteza (catarata cortical) o a la cápsula posterior (catarata subcapsular posterior), y cada localización tiene un perfil clínico algo distinto. Del griego κρύσταλλος (krýstallos, "hielo"), a través del latín crystallinus. Los antiguos griegos pensaban que el cristal de roca era hielo que se había solidificado para siempre. El cristalino del ojo recibió ese nombre por su transparencia, que recordaba a la de una gema. En anatomía ocular, sí. La nomenclatura anglosajona emplea lens para referirse al cristalino del ojo. En español, la lente como término genérico designa cualquier elemento óptico que desvía la luz; el cristalino es la lente biológica del ojo. Conviene no confundirlo con la lente intraocular, que es un implante artificial que sustituye al cristalino tras una cirugía de cataratas. No. Es una estructura avascular. Recibe oxígeno y nutrientes por difusión desde el humor acuoso que lo baña por delante y el humor vítreo que lo contacta por detrás. Esta ausencia de vasos es precisamente lo que permite su transparencia. Se forma una catarata. La visión se vuelve progresivamente borrosa y puede llegar a comprometerse de forma severa si no se interviene. La cirugía de facoemulsificación permite retirar el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular artificial. Si desea profundizar en conceptos asociados al cristalino, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el cristalino
Anatomía: cápsula, corteza, núcleo y zónula
El mecanismo de acomodación
Envejecimiento del cristalino
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra cristalino?
¿Es lo mismo cristalino que lente?
¿El cristalino tiene vasos sanguíneos?
¿Qué pasa cuando el cristalino se opacifica?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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