DICCIONARIO MÉDICO
Iris
El iris es la membrana coloreada y circular situada en la parte anterior del ojo, entre la córnea y el cristalino. En su centro se abre la pupila, cuyo diámetro regula gracias a dos músculos de acción opuesta. Actúa como un diafragma que ajusta la cantidad de luz que penetra hasta la retina y aporta al ojo su color característico. Situado en la parte más anterior de la úvea (la capa vascular y pigmentada del ojo), el iris tiene forma de disco perforado en su centro por la pupila, y se sitúa por detrás de la córnea y por delante del cristalino. Su base o raíz se inserta en el cuerpo ciliar, mientras que su borde interno queda libre y delimita el orificio pupilar. Separa así dos compartimentos llenos de humor acuoso: la cámara anterior, por delante, y la cámara posterior, por detrás. El nombre procede del griego ἶρις (îris), que significa arcoíris. En la mitología griega, Iris era la mensajera de los dioses, la doncella de raudos pies que unía el cielo con la tierra recorriendo el arco de colores. Los griegos aplicaron la palabra a cualquier círculo de tonos brillantes, incluido el que rodea la pupila. Con ese sentido anatómico, el término se documenta en los textos médicos a comienzos del siglo XV, precisamente por ser la parte que da color al ojo. Su grosor no llega a medio milímetro, pero en ese fino espesor se ordenan varias capas. La cara anterior, la que mira hacia la córnea, presenta una particularidad que no se repite en ningún otro punto del organismo: carece de revestimiento epitelial, de modo que el tejido conjuntivo del estroma queda en contacto directo con el humor acuoso. Sobre esa superficie se distinguen a simple vista el collarete (una cresta circular que separa la zona pupilar de la ciliar) y las criptas de Fuchs, pequeñas aberturas por las que el humor acuoso baña el interior de la trama. Por debajo se extiende el estroma, un tejido fibrovascular laxo que ocupa la mayor parte del grosor y alberga los vasos, los nervios y las células cargadas de pigmento. En su espesor discurre el músculo esfínter de la pupila, un fino anillo de fibras dispuestas alrededor del borde pupilar. La superficie posterior queda tapizada por un epitelio doble e intensamente pigmentado, que impide el paso de la luz por cualquier zona que no sea la pupila. Entre ese epitelio se aloja el músculo dilatador, cuyas fibras se disponen de forma radial, como los radios de una rueda. La función principal del iris es óptica: se comporta como el diafragma de una cámara fotográfica. Los dos músculos que contiene tienen acciones contrarias y mandos nerviosos distintos. El esfínter, gobernado por el sistema nervioso parasimpático, cierra la pupila y produce la miosis; el dilatador, bajo control simpático, la agranda y genera la midriasis. Con luz intensa la pupila se estrecha para proteger la retina; en penumbra se abre para captar cuanta luz sea posible. Esos dos músculos comparten un rasgo poco común. A diferencia de la práctica totalidad de la musculatura del cuerpo, no derivan del mesodermo, sino del mismo tejido nervioso que da origen a la retina. Son, en rigor, músculos de estirpe neuroectodérmica, una rareza que explica por qué el iris responde con tanta finura a los estímulos del sistema nervioso autónomo. El color que percibimos no depende de un pigmento azul, verde o gris, porque tales pigmentos no existen en el iris. Todo se reduce a la melanina y a cómo se dispersa la luz. Cuando el estroma acumula mucha melanina, absorbe la mayor parte de la luz y el ojo se ve castaño. Cuando hay poca, la luz se dispersa en las fibras del estroma y predominan los tonos azules o verdosos, por un fenómeno físico parecido al que tiñe el cielo. El color, por tanto, es un rasgo poligénico que combina la cantidad de pigmento del epitelio, la melanina del estroma y la densidad de sus células. De ahí que cada iris sea, en la práctica, único. Su relieve, sus criptas y sus surcos forman un patrón tan variable entre personas que se ha empleado como método de identificación biométrica. Cuando ambos ojos muestran colores distintos, o un mismo iris presenta dos tonos, se habla de heterocromía. Por el arcoíris. La griega Iris, mensajera de los dioses, personificaba ese arco de colores, y su nombre pasó a designar cualquier círculo brillante y matizado. El anillo coloreado que rodea la pupila encajaba en esa idea, y con ese nombre quedó en el vocabulario anatómico. No. El iris es la membrana coloreada; la pupila es el orificio que queda en su centro. La pupila no es una estructura con paredes propias, sino el hueco a través del cual entra la luz. El iris, al contraerse o dilatarse, es quien modifica su tamaño. De la melanina del estroma y de cómo se comporta la luz al atravesarlo, no de un pigmento de color. Más melanina da ojos oscuros; menos melanina deja ver tonos claros. Al intervenir varios genes, el resultado no sigue una herencia sencilla, y por eso unos padres de ojos claros pueden tener descendencia de ojos oscuros o al revés. En los primeros meses de vida sí, porque la melanina del estroma sigue depositándose y muchos bebés que nacen con ojos claros los oscurecen durante el primer año. En el adulto el color permanece estable. Un cambio de tonalidad aparecido de forma llamativa en la edad adulta merece valoración oftalmológica, ya que puede reflejar una alteración del propio iris.Qué es el iris
Estructura del iris
Cómo regula la entrada de luz
El color de los ojos
Preguntas frecuentes
¿Por qué el iris se llama así?
¿Es lo mismo el iris que la pupila?
¿De qué depende el color de los ojos?
¿Puede cambiar el color del iris con el tiempo?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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