DICCIONARIO MÉDICO
Tumor neuroendocrino de páncreas
El tumor neuroendocrino de páncreas (TNE-P) es una neoplasia originada en las células endocrinas de los islotes de Langerhans. Representa menos del 2 % de todos los tumores pancreáticos, pero su incidencia ha aumentado en las últimas décadas gracias a la mejora de las técnicas de imagen. Puede ser funcionante (productor de hormonas con efecto clínico) o no funcionante. Las células de los islotes pancreáticos comparten propiedades con las neuronas y con las células endocrinas clásicas: sintetizan, almacenan y secretan péptidos y aminas en respuesta a estímulos específicos. Cuando una de esas células prolifera de forma clonal y da lugar a una masa tumoral, el resultado es un tumor neuroendocrino. Si ese tumor asienta en el páncreas, se denomina tumor neuroendocrino pancreático o, con la abreviatura más extendida en la literatura, pNET (del inglés pancreatic neuroendocrine tumor). Tres capas etimológicas conviven en el nombre. Neuro procede del griego νεῦρον (neûron, «nervio»), porque estas células expresan marcadores neuronales como la sinaptofisina y la cromogranina A. Endocrino combina ἔνδον (éndon, «dentro») y κρίνω (krínō, «separar» o «secretar»), aludiendo a la secreción hormonal directa al torrente sanguíneo. Y páncreas proviene de πάγκρεας (pánkreas, «todo carne»), el nombre que Herófilo de Calcedonia le asignó a la glándula en el siglo III a. C. por su textura carnosa y uniforme. La primera gran división de los TNE-P atiende a su actividad hormonal. Un tumor funcionante produce cantidades relevantes de una hormona que genera efectos clínicos reconocibles: el insulinoma secreta insulina, el gastrinoma libera gastrina, el vipoma produce péptido intestinal vasoactivo y el glucagonoma genera glucagón. Existen también formas menos frecuentes, como el somatostatinoma, que secreta somatostatina en exceso. En las series quirúrgicas actuales, sin embargo, los tumores no funcionantes son los más numerosos y suponen entre el 60 % y el 90 % de los TNE-P según los criterios de inclusión. Producen péptidos (polipéptido pancreático, cromogranina) que no generan un síndrome hormonal claro. Su detección suele ser incidental o tardía, cuando el tamaño de la masa provoca molestias por compresión de estructuras vecinas. La clasificación de la Organización Mundial de la Salud (actualizada en 2019) distingue las neoplasias neuroendocrinas pancreáticas en dos grandes categorías: los tumores neuroendocrinos bien diferenciados y los carcinomas neuroendocrinos pobremente diferenciados. Las diferencias entre ambos van mucho más allá del grado: se comportan como enfermedades distintas desde el punto de vista biológico. Tumor neuroendocrino bien diferenciado, grado 1 (G1). Presenta un índice de proliferación Ki-67 inferior al 3 % y menos de 2 mitosis por campo de gran aumento. Son los de crecimiento más lento. Tumor neuroendocrino bien diferenciado, grado 2 (G2). El Ki-67 se sitúa entre el 3 % y el 20 %, con 2 a 20 mitosis. La arquitectura celular conserva el patrón organoide característico de las células endocrinas, pero la proliferación es mayor que en el G1. Existe un tercer escalón, el grado 3 (G3), que incluye tanto tumores bien diferenciados con alta proliferación (Ki-67 superior al 20 %) como carcinomas neuroendocrinos pobremente diferenciados. La distinción importa porque el pronóstico y la biología molecular de ambos subgrupos son muy diferentes, aunque compartan el umbral de Ki-67. El patólogo recurre a la morfología celular y a marcadores inmunohistoquímicos para separarlos. Durante las tres últimas décadas, la incidencia de los TNE-P se ha multiplicado en los registros poblacionales. Parte de ese aumento refleja una detección más temprana y frecuente gracias a la disponibilidad de la tomografía computarizada, la resonancia magnética y la ecoendoscopia. Afectan a ambos sexos y la mediana de edad ronda los 55 años, aunque pueden aparecer a cualquier edad. Casi todos son esporádicos. Un porcentaje menor aparece en el contexto de síndromes de predisposición genética, sobre todo la neoplasia endocrina múltiple tipo 1 (NEM-1), causada por mutaciones en el gen MEN1 del cromosoma 11q13. En la NEM-1, los TNE-P suelen ser múltiples y pueden coexistir con hiperparatiroidismo y adenomas hipofisarios (la tríada clásica descrita por Wermer en 1954). Otros síndromes asociados, con menor frecuencia, son la enfermedad de Von Hippel-Lindau, la esclerosis tuberosa y la neurofibromatosis tipo 1. El adenocarcinoma ductal representa más del 85 % de las neoplasias malignas del páncreas y es lo que habitualmente se entiende por «cáncer de páncreas» en el lenguaje coloquial. Los TNE-P son una entidad completamente distinta: se originan en las células endocrinas (no en el epitelio ductal), crecen con mayor lentitud, pueden secretar hormonas activas y, en términos generales, presentan mejor pronóstico que el adenocarcinoma. No es infrecuente que los pacientes confundan ambos diagnósticos al recibir la noticia de un tumor en el páncreas; la distinción histológica y molecular es clara. De la doble naturaleza de las células que lo originan: expresan marcadores propios de las neuronas (neuro-, del griego νεῦρον) y a la vez producen hormonas que vierten a la sangre (endocrino, de ἔνδον, «dentro», y κρίνω, «secretar»). El concepto de célula neuroendocrina fue sistematizado por el sistema APUD de Pearse en la década de 1960, aunque la terminología ha evolucionado desde entonces. No en el sentido habitual. Cuando se dice «cáncer de páncreas» sin más, se suele aludir al adenocarcinoma ductal, que tiene un origen celular, un comportamiento biológico y un pronóstico muy diferentes. El TNE-P es una neoplasia distinta, generalmente de crecimiento más lento y con opciones de control a largo plazo que no se dan en el adenocarcinoma ductal. Depende de la serie consultada. Las cifras más citadas sitúan los tumores no funcionantes entre el 60 % y el 90 % del total de TNE-P. Los funcionantes (insulinoma, gastrinoma, vipoma, glucagonoma, somatostatinoma y otros menos frecuentes) tienden a detectarse antes, precisamente porque la hormona que secretan produce efectos reconocibles que llevan al paciente a consultar. Sí. El más relevante es la neoplasia endocrina múltiple tipo 1 (NEM-1), un síndrome autosómico dominante por mutaciones del gen MEN1. En esos pacientes, los TNE-P suelen ser múltiples. La enfermedad de Von Hippel-Lindau, la esclerosis tuberosa y la neurofibromatosis tipo 1 también se asocian, aunque con menor frecuencia. Si desea ampliar información sobre tumores neuroendocrinos pancreáticos y conceptos asociados, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el tumor neuroendocrino de páncreas
Funcionantes y no funcionantes
Grados histológicos según la OMS
Epidemiología y asociación con síndromes hereditarios
Diferenciación con el adenocarcinoma ductal pancreático
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «tumor neuroendocrino»?
¿Es lo mismo que un cáncer de páncreas?
¿Qué proporción de los tumores neuroendocrinos del páncreas producen hormonas?
¿Existe relación con síndromes hereditarios?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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