DICCIONARIO MÉDICO
Flujo vaginal
El flujo vaginal es la secreción procedente del aparato genital femenino, compuesta por moco cervical, trasudado de la pared vaginal, células epiteliales descamadas y microbiota vaginal. Es un fenómeno fisiológico que cumple funciones de limpieza, lubricación y defensa, y cuyas características —cantidad, color, consistencia y olor— varían a lo largo del ciclo menstrual, durante el embarazo y con la edad. Su nombre médico culto es leucorrea. Con el nombre de flujo vaginal se designa la secreción que se origina en el tracto genital femenino y que se exterioriza a través de la vagina. No es un líquido único ni de origen único: se forma por la mezcla del moco cervical producido por las glándulas del cuello uterino, del trasudado seroso de la pared vaginal, de las células epiteliales que se descaman continuamente y de los microorganismos que conforman la microbiota vaginal —principalmente lactobacilos, responsables del pH ácido protector—. A esta mezcla se añaden, en cantidades pequeñas, secreciones de las glándulas de Bartolino y de Skene. El término médico culto para esta secreción es leucorrea, del griego λευκός (leukós), "blanco", y -ῥοια (-rrhoia), "flujo". El Diccionario de la lengua española recoge ambos términos como sinónimos: en su acepción médica, "flujo" remite explícitamente a "leucorrea", definida como "flujo blanquecino de las vías genitales femeninas". En la práctica, "leucorrea" predomina en los informes clínicos y en la literatura científica; "flujo vaginal" es la denominación de uso corriente en la consulta y en la conversación con la paciente. Su existencia es normal en cualquier mujer en edad fértil y forma parte del mecanismo natural de limpieza y defensa del aparato genital. Lo que orienta a un trastorno no es la presencia de flujo, sino el cambio respecto al patrón habitual de cada mujer: aumento brusco de cantidad, viraje de color, mal olor, alteración de consistencia o aparición de síntomas locales como picor, ardor o dolor. El flujo normal contiene moco cervical, células escamosas vaginales en un trasudado seroso, secreciones glandulares y lactobacilos en abundancia. Su pH habitual oscila entre 3,8 y 4,5 —francamente ácido—, una característica determinante: ese medio ácido inhibe el crecimiento de la mayoría de microorganismos patógenos y mantiene en equilibrio a la microbiota. Pueden encontrarse algunos leucocitos polimorfonucleares en escasa cantidad, casi siempre procedentes del cuello uterino, sin que ello indique infección. Las funciones del flujo son tres y se solapan. Mantiene húmedo y lubricado el epitelio vaginal, lo que protege la mucosa frente a la fricción y permite la actividad sexual. Arrastra hacia el exterior células descamadas, restos celulares y microorganismos potencialmente patógenos, igual que el moco respiratorio limpia la vía aérea. Y, sobre todo, sostiene un ecosistema microbiano dominado por lactobacilos cuyo metabolismo del glucógeno mantiene el pH bajo y dificulta la colonización por bacterias anaerobias o por levaduras. Cuando ese equilibrio se rompe —por antibióticos, duchas vaginales, cambios hormonales bruscos, contacto sexual sin protección—, el flujo cambia y aparecen las infecciones más frecuentes. El flujo vaginal de una mujer en edad fértil no es uniforme: cambia a lo largo del ciclo menstrual bajo el efecto de las hormonas. Tras la menstruación, durante la primera mitad del ciclo, los estrógenos se elevan progresivamente y el flujo aumenta, se vuelve más transparente, elástico y filante —recuerda a la clara de huevo cruda—. Es el moco cervical fértil, óptimo para el ascenso espermático, y suele alcanzar su máximo en torno a la ovulación. Tras la ovulación, la progesterona del cuerpo lúteo modifica el moco: se hace más escaso, más espeso y opaco, blanquecino. En los días previos a la menstruación puede aumentar de nuevo ligeramente, y en algunas mujeres adquirir un tono cremoso. La excitación sexual incrementa también de forma aguda la trasudación vaginal, igual que algunos anticonceptivos hormonales modifican el patrón habitual reduciéndolo o haciéndolo más uniforme a lo largo del ciclo. Estas oscilaciones son fisiológicas y no requieren consulta: lo relevante es conocer el patrón propio para reconocer cuándo cambia. La descripción del flujo es uno de los datos clínicos más útiles en ginecología, porque distintos patrones orientan a entidades distintas. El siguiente esquema recoge los tipos más característicos. Transparente o blanquecino, inodoro o de olor muy suave. Es el flujo fisiológico. Su cantidad y consistencia varían según la fase del ciclo, la edad, el embarazo o el uso de anticonceptivos hormonales. Blanco, espeso, grumoso, tipo requesón. Es el patrón típico de la candidiasis vulvovaginal, causada habitualmente por Candida albicans. Suele acompañarse de picor intenso, enrojecimiento de la vulva y, en ocasiones, escozor al orinar. El olor habitualmente es discreto o ausente. Grisáceo, fluido, con olor a pescado. Es el patrón clásico de la vaginosis bacteriana, una disbiosis en la que disminuyen los lactobacilos y proliferan anaerobios. El olor a pescado se intensifica tras las relaciones sexuales y al añadir hidróxido potásico a la muestra ("prueba del olor" o test de aminas), por la liberación de aminas volátiles. Amarillo o verdoso, espumoso, abundante. Orienta a tricomoniasis por Trichomonas vaginalis, un protozoo de transmisión sexual. Suele acompañarse de picor, ardor al orinar y, en ocasiones, sangrado vaginal postcoital. La afectación cervical puede dar la imagen clásica del "cuello en fresa" en la colposcopia. Amarillento o verdoso sin espuma, a veces purulento. Puede traducir una cervicitis por Chlamydia trachomatis o Neisseria gonorrhoeae, infecciones de transmisión sexual con frecuencia poco sintomáticas y que requieren diagnóstico microbiológico. Marrón o sanguinolento fuera de la menstruación. El manchado intermenstrual no es propiamente un flujo vaginal en sentido estricto, pero suele consultarse así. Puede deberse a causas banales (toma irregular de anticonceptivos, ovulación) o a causas que requieren estudio: pólipos cervicales o endometriales, lesiones del cuello uterino, problemas hormonales, embarazo incipiente o ectópico, neoplasias. Acuoso muy abundante, sensación de pérdida continua. En el embarazo a término puede traducir rotura prematura de membranas y requiere valoración obstétrica urgente. Fuera del embarazo, una hidrorrea persistente justifica estudio ginecológico. El desarrollo clínico completo —protocolo diagnóstico, criterios microbiológicos, tratamiento— de cada una de estas entidades corresponde a su entrada específica. El aumento del flujo es uno de los signos más precoces y constantes de la gestación. Aparece desde las primeras semanas y se mantiene durante todo el embarazo, intensificándose en el tercer trimestre. Es una leucorrea fisiológica, blanquecina o ligeramente amarillenta, inodora o de olor muy suave, sin picor ni ardor. El mecanismo combina dos factores: la elevación progresiva de estrógenos, que estimula las glándulas cervicales y la trasudación vaginal, y la mayor vascularización pélvica propia del embarazo. El cuello uterino desarrolla además un tapón mucoso rico en inmunoglobulinas que sella el orificio cervical durante toda la gestación y se desprende en proximidad al parto, lo que algunas embarazadas notan como una pérdida más densa y, a veces, ligeramente teñida de sangre. En la última semana, la pérdida del tapón mucoso es habitualmente un signo precursor del trabajo de parto. Lo que sí debe consultarse es el cambio en las características habituales: olor desagradable, color verdoso o grisáceo, picor intenso, sangrado fresco que no se justifica como menstruación, o sensación de pérdida acuosa continua —que en gestación a término puede indicar rotura prematura de membranas—. Las infecciones vaginales durante el embarazo, especialmente la vaginosis bacteriana, se han asociado en distintos estudios con un mayor riesgo de parto pretérmino, lo que justifica que el cribado y la valoración se realicen en consulta obstétrica. En la recién nacida, los estrógenos maternos transferidos por vía transplacentaria estimulan transitoriamente el epitelio genital y pueden producir, en los primeros días de vida, una leucorrea fisiológica blanquecina, e incluso un pequeño manchado hemático por deprivación hormonal al final de la primera semana. Son fenómenos benignos y autorresolutivos, sin significado patológico. Antes de la pubertad, el flujo vaginal es escaso por la baja producción estrogénica. Cuando aparece, especialmente si es maloliente o purulento, hay que descartar vulvovaginitis inespecífica —causa más frecuente en niñas, ligada a higiene perineal o a flora digestiva—, cuerpo extraño intravaginal o, con menor frecuencia, otras causas que requieren valoración pediátrica. En la premenopausia y la perimenopausia, las oscilaciones hormonales pueden producir patrones irregulares de flujo. Tras la menopausia, la caída sostenida de estrógenos adelgaza el epitelio vaginal, reduce la lubricación y altera el pH, lo que predispone a la atrofia vulvovaginal —hoy englobada, junto con los síntomas urinarios, en el llamado síndrome genitourinario de la menopausia—. En esta etapa, el flujo tiende a disminuir y la mujer suele referir sequedad. La aparición de un flujo nuevo en una mujer posmenopáusica, sobre todo si es persistente o se acompaña de manchado, conviene consultarse para descartar causas locales que requieren estudio específico. Conviene distinguir el flujo vaginal de otros conceptos próximos. La leucorrea es estrictamente sinónimo, su nombre médico culto; el desarrollo etimológico y lexicográfico se trata en la entrada específica de leucorrea. La vaginitis es la inflamación de la mucosa vaginal, infecciosa o no; produce flujo anormal, pero el término describe el estado inflamatorio, no la secreción en sí. La vaginosis, en cambio, es una disbiosis sin inflamación apreciable, en la que el flujo característico aparece sin signos inflamatorios marcados. La vulvovaginitis añade afectación de la vulva. Y el moco cervical, finalmente, es solo uno de los componentes del flujo: la secreción producida específicamente por las glándulas del cuello uterino, con cambios cíclicos muy marcados. Sí. Son sinónimos exactos. "Leucorrea" —del griego leukós, "blanco", y -rrhoia, "flujo"— es el término médico culto, predominante en informes clínicos y literatura científica. "Flujo vaginal" es la denominación corriente en la consulta. El Diccionario de la lengua española remite explícitamente "flujo" en su acepción médica a "leucorrea". No existe una cantidad concreta válida para todas las mujeres. La cantidad varía mucho entre personas y, en cada mujer, a lo largo del ciclo menstrual y en función de la edad, el embarazo o el uso de anticonceptivos. Lo relevante no es la cantidad absoluta, sino el cambio respecto al patrón habitual: un aumento brusco o una disminución llamativa pueden orientar a alguna alteración. El flujo puede tener un tono ligeramente amarillento sin que ello implique problema, sobre todo al secarse o tras exponerse al aire. Cuando el color amarillo es franco, abundante o se acompaña de mal olor, picor o ardor, suele orientar a infecciones como tricomoniasis, cervicitis por clamidia o gonococo, u otras causas que requieren valoración ginecológica y, casi siempre, estudio microbiológico. El olor a pescado, particularmente intenso tras las relaciones sexuales, es el rasgo más característico de la vaginosis bacteriana. Se debe a la liberación de aminas volátiles por las bacterias anaerobias que han proliferado al desplazar a los lactobacilos. Aunque la vaginosis no siempre tiene repercusión grave, debe valorarse en consulta porque puede facilitar otras infecciones y, en el embarazo, se ha relacionado con un mayor riesgo de parto pretérmino. Habitualmente sí. La caída de estrógenos adelgaza el epitelio vaginal, reduce la lubricación y altera el equilibrio de la flora. Muchas mujeres refieren sequedad vaginal en lugar del flujo previo. Si aparece un flujo nuevo después de la menopausia, sobre todo si es persistente, sanguinolento o maloliente, conviene consultar para descartar causas locales que requieren estudio. Si desea profundizar en conceptos asociados al flujo vaginal, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el flujo vaginal
Composición y función
Variaciones a lo largo del ciclo menstrual
Tipos de flujo vaginal por color, consistencia y olor
Flujo vaginal en el embarazo
Flujo vaginal en otras etapas de la vida
Diferenciación con entidades relacionadas
Preguntas frecuentes
¿Es lo mismo flujo vaginal que leucorrea?
¿Cuánto flujo es normal?
¿Qué significa un flujo amarillento?
¿Y un flujo con olor a pescado?
¿Disminuye el flujo en la menopausia?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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